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Chin, chin y pim, pam, pum
En las fiestas también se multiplican los conflictos familiares: ¿dónde cenamos?, ¿cómo repartimos los niños? La "obligación" de pasar bien genera frustraciones.

MIGUEL BARDESIO

Riiiinnggg. La tía ansiosa toca a la puerta a las 4 de la tarde del 24; llega después el cuñado de los chistes verdes, la nuera tímida, una abuela que se pasa diciendo a los niños "¡ay, qué grandes que están!", y ellos que juegan y esperan los regalos de Papá Noel, un primo que viene todos los años con novia nueva, los tíos se pelean por el rol de asador y las madres por lavar los platos al final de la velada. La familia se reúne en la Nochebuena, una de las pocas ocasiones de encuentro que va quedando de la tradición. Todo muy lindo hasta que, tarde o temprano, o muchas veces, aparecen los conflictos.

El conato suele empezar en la previa: ¿Dónde pasamos? La pregunta dispara historias del pasado porque tiran las familias de origen, los padres de uno y de otro miembro de la pareja. Por suerte las fiestas son dos y se puede negociar. Esa es, para la psicóloga de familia Alicia Costanzio, la clave para salvar la mayoría de los problemas de la vida en comunidad, así que a seguir por ese camino: "Negociar bien, sin saboteos, sin pasar facturas, tomando en consideración los deseos propios y los del otro", aconseja Costanzio. Si no resulta el reparto de fiestas, hay más estrategias para problemas complejos o parejas porfiadas (ver nota aparte).

El fondo de la cuestión radica en que madurar es independizarse de los padres y armar una familia nueva. Por estas fechas, sin embargo, la tele se encarga de mostrarnos enormes brindis familiares donde en todas las generaciones manda la fraternidad y por contraste aparece la culpa o la desesperación de estar en todos lados. Es normal, pero no real: la familia unida y feliz está en crisis.

El psicólogo Álvaro Alcuri recibe por estos días decenas de llamados de pacientes por conflictos familiares, problemas que se mantenían ocultos pero revientan por ese compromiso de familia feliz. "Nos imaginamos que vamos a pasar mejor, pensamos que vamos a recibir más afecto del que en realidad recibimos, entonces esa distancia entre fantasía y realidad genera una frustración", dice Alcuri.

¿De quién es la culpa? Según el experto, no debe achacarse a un solo fenómeno el tema de que los últimos días de diciembre transformen a la familia en campo minado. En principio, él tiene su tesis: "idealizamos demasiado estas épocas. Tenemos a las fiestas como en un altar, mito moderno en el que la familia se junta y mágicamente pasa bien cuando en realidad sus miembros quizás no se vean nunca, hay conflictos tapados, parientes que no se relacionan bien. Después esperamos que mágicamente, por obra y gracia de Papá Noel o las frases navideñas que ponen en los avisos para justificar la venta de toda clase de porquerías, por obra y gracia de esa manija deberíamos pasarla bien, y si las relaciones entre parientes no son lo suficientemente buenas durante todo el año, es una ingenuidad creer que nos vamos a llevar bien por el espíritu navideño".

Una escena repetida en la cena de Nochebuena: se encuentran dos parientes en situación de conversar pero no pueden llevar la charla más allá de la estatura de los niños, lo frío y ventoso de este diciembre y ojalá que mejore para enero. Los silencios son profundos y ninguno sabe cómo levantarse para ir al baño, la cocina o adónde sea. La receta de Alcuri es: "si de verdad valoramos la unión familiar, pues cultivémosla a lo largo de todo el año".

Que no haya tema de diálogo, es lo mínimo. El año pasado, las noches del 24 y 31 terminaron con 136 detenidos por riñas entre familiares o vecinos y la Nochebuena se cobró 8 vidas: la mitad por accidentes de tránsito y los otros cuatro fueron asesinados. Uno de ellos fue el anfitrión de una fiesta familiar: llegó un vecino para increparle por el volumen de la música y la discusión se saldó a cuchillo. El alcohol, como siempre, eleva la temperatura de la noche.

NIÑOS. Otro principio de lucha previo a las fiestas compete a los padres separados: ¿con quién pasarán los niños? Ambos querrán tenerlos en Navidad para mirar en primera fila la apertura de los regalos de Papá Noel. Y en teoría, los chicos desearán estar con padre y madre a la vez y se pondrán nostalgiosos de los tiempos en que el matrimonio estaba unido. Eso, sumado a los imágenes ultrafelices que pululan por todos lados, podrá recordar a los divorciados lo malo que ha sido separarse.

Pero a no desesperar. Según Alicia Costanzio, los niños son absolutamente capaces de comprender la situación y aceptarán el resultado de una negociación si se les explica con claridad.

"Para muchos niños estas fiestas tienen una cuota de tristeza ligada al hecho de reconfirmar la separación de sus padres. Pero si los arreglos son hechos en un clima cordial donde lo único que importa es el derecho de los niños de pasar con ambas familias, la situación puede ser muy tolerable. El problema surge cuando los padres mantienen la reyerta y toman a los niños como "botín de guerra", opina la psiquiatra infantil Natalia Trenchi.

Los conflictos familiares son también una puerta de entrada a uno de los cuadros más comunes del fin de año: la depresión.

Otro ingreso se da por la falta de logros; en época de balance anual, cada uno mide sus actos de acuerdo a si consiguió o no las metas trazadas. También suelen removerse heridas, como la muerte o la partida al exterior del algún familiar querido. El número de suicidios crece así como las consultas psiquiátricas.

Lo fundamental es no sentir la obligación de estar feliz, según coinciden los expertos. Lo dice Trenchi: "Sería muy importante que más allá del tamaño y de la estructura de la familia se aprovechara esta oportunidad para celebrar lo que se tiene y descubrir que la felicidad no está en las posesiones materiales sino en ser capaces de disfrutar lo que tenemos".

Creencia en Papá Noel

"A veces me maravillo de ver cómo los niños siguen creyendo en Papá Noel, más allá de toda la `propaganda en contra` que reciben en la tele, los shoppings y la vida misma". Así opina la psiquiatra Natalia Trenchi sobre el clásico personaje navideño. ¿Cómo opera en los niños? ¿Por qué se mantiene?

"Mantener la leyenda de que alguien se acuerda de nosotros y nos regala algo que queríamos es una forma de cultivar la esperanza. Además, sostener la tradición ayuda a construir nuestra identidad y darle continuidad a la historia familiar".

Consejos para evitar las peleas

¿Dónde pasamos?. La discusión navideña que encabeza el top ten es el desacuerdo familiar sobre adónde ir en Nochebuena y fin de año. Conciliar las posiciones puede ser muy difícil si estamos ante una pareja de porfiados, pero aún así, las fiestas son dos por lo que el problema se arregla repartiéndolas. Si no es suficiente, las jornadas del 25 y 1º de enero pueden usarse como comodín para complacer las pretensiones del que salió más rencoroso de la negociación. Si aún así se mantienen los problemas, se debe proponer una tercera vía: ni una familia ni la otra, nos vamos de viaje y pasamos ambas fiestas en el exterior. Los dos quedarán contentos y pasarán unas noches de maravilla. A rascar los bolsillos a ver si alcanza para el pasaje.

¿Quién se queda con el enano?. Lo común en padres separados es que se turnen una fiesta para cada uno con los hijos. Es importante no tomar a los críos como "botín de guerra", aconseja la psiquiatra infantil Natalia Trenchi. Y la psicóloga Alicia Costanzio agrega que si se explica bien a los chicos y ellos toman esa "división" como normal, no hay problema.

¿Y a éste quién lo invitó?. En plena cena de Nochebuena, puede llegar algún pariente indeseable, el que hace los chistes verdes, se pasa de la bebida o se pone violento. Calma para sobrellevar la situación y procurar que en siguientes festejos el susodicho (o uno mismo) no esté. La familia unida es lo ideal, pero cuando no se puede, no se puede. A no sentir culpa.

¿Un puzzle?. Papá Noel es generoso, pero a veces le piden una moto, una computadora o el Play Station 3 y no le alcanza la cuenta bancaria. Para esos casos, no desilusionar a los niños, anticiparse y decirle, por ejemplo, que Papá Noel mandó decir que estaba muy difícil el pedido, aconseja Trenchi. Antes, estaría bien que los hijos no hipervaloren lo material.



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