Presos de una mente delictiva

| Decenas de patologías predisponen para el delito y la madre de todas es la antisocial: no quieren ni experimentan culpa, no hay tratamiento y nadie sabe qué hacer con ellos. ¿La cárcel o el hospital?

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MIGUEL BARDESIO

Quería buenas fotos como fondo de pantalla en su computadora y así, el joven de 20 años, inició este verano cuatro grandes incendios forestales en los balnearios de Canelones. Un abusador sexual confesó al psicólogo y policía Robert Parrado: "yo violo para estar en la cárcel y así, no violar". Otras respuestas de interrogatorios a delincuentes son: "lo hice porque estoy jugado" o "no lo puedo controlar".

La patología mental está en la base de muchos delitos. Piromanía o cleptomanía (compulsión a iniciar incendios y a robar, respectivamente) son los casos más directos, pero hay decenas de trastornos que predisponen a una persona al crimen.

El joven incendiario está ahora en la cárcel de Canelones donde tiene una excelente conducta y antes, en su casa del balneario La Floresta, su comportamiento era "normal, un chico sociable, sin problemas", contaron allegados. El violador "adicto" inició un programa de rehabilitación en Renacer (que trabaja con abusadores sexuales) y ha logrado no reincidir y hasta tiene una pareja estable, según contó Parrado.

La rapiña (robo con violencia) fue el único delito que creció de 2005 a 2006: mientras el año pasado se registraron 6.764 casos, en el anterior fueron 6.359, un crecimiento de 6,4%. El responsable tiene nombre compuesto: pasta base, la droga superadictiva de estos tiempos. Pero aún así, ninguna sustancia transforma a alguien en criminal, "debe haber de fondo alguna patología", dijo el psiquiatra Pablo Fielitz.

Y en estos casos, rascando, lo que aparece generalmente es el trastorno antisocial de personalidad, una enfermedad de los afectos. Así como existen desórdenes en el riñón, por ejemplo, estas personas tienen defectuosa la capacidad de querer, "no aman, no sienten angustia, ni culpa, ni autocrítica, no les importa nada", resumió el perito psiquiatra Roberto Mosera.

Según estudios internacionales, entre el 3 y el 5% de los hombres padecen este trastorno, igual que el 1% de las mujeres. Acotado a las cárceles, el porcentaje puede llegar a superar el 60%, como lo comprobó una investigación de 2004 en Colombia.

EL ROBO. En 2006, se cometieron 100.466 delitos (sobre todo hurtos), 275 por día, 11 por hora, uno cada diez minutos, según los datos del Observatorio Nacional de Violencia y Criminalidad.

Pero hay otro tanto que no se cuenta porque no llega a la denuncia. Por ejemplo, se calcula que a los supermercados les roban el 1% de lo que facturan.

Parte de eso, aunque en margen menor, se debe a los cleptómanos: "personas que tienen un problema con el control de los impulsos y se sienten tentados, en general, a llevarse cosas de poco valor", definió el psicólogo Richard Prieto.

Waldemar Guerra, gerente de la empresa Euroamerican, los conoce bien, pues ofrece la seguridad de las cadenas de supermercados Disco y Devoto. Todos los días hay algún caso de robo y los ladrones están clasificados según tres categorías: "profesionales, descuidistas y clientes".

Los últimos dos tienen las características del cleptómano, roban pequeños productos, a menudo cosas que ni van a utilizar, sólo porque sienten placer de hacerlo. Es "descuidista" porque aprovecha el "descuido" de la seguridad o "cliente" porque realiza grandes compras con frecuencia en el local, pero se lleva un jugo o un chocolate escondido en el bolsillo. "En estos casos, a veces los gerentes nos dicen que los dejemos: si realizan compras grandes, `¿qué nos hace que se lleven un jugo?`", contó Guerra. La vigilancia de los supermercados tiene un manual para combatir el robo (ver nota aparte).

Para los "profesionales", en cambio, el robo es un trabajo. Entre los vigilantes se las conoce como "mecheras", porque son en general mujeres. "Vienen con polleras grandes, camperas con muchos bolsillos. Hemos sorprendido a algunas hasta con un pollo metido en la bombacha", explicó Guerra y agregó que estas personas que roban tienen a la vez un puesto en la feria o un pequeño almacén. Ahí radica la principal diferencia entre el ladrón y el cleptómano. El primero roba para obtener un beneficio y el otro, se hace de productos por el sentido del riesgo o por un deseo de "apropiación afectiva", dijo el psicólogo Richard Prieto, quien ha trabajado con pacientes que presentan esta patología.

"El niño cleptómano, por ejemplo, va a la casa de un tío o de un amigo y roba un objeto, pero no lo hace porque lo quiera materialmente, sino porque es un símbolo de una falta afectiva. Por lo general, se llevan cosas de casas donde la pasaron bien, fueron queridos y ellos representan en ese objeto robado su deseo de sentirse como en ese lugar", agregó.

EL FUEGO. El pirómano es alguien con dificultades en el control de sus impulsos que anhela un protagonismo social a través de su "gran obra": el fuego. "Se siente inexistente y quiere existir mediante su obra, que causa perturbación en todo el mundo", dijo Prieto.

Otras veces, según consideró Robert Parrado, actúan por venganza. En los años `80, hubo en Uruguay un esquivo pirómano que incendiaba autos en la jurisdicción de la Seccional novena. Años atrás, había estado detenido allí: una mala experiencia que no podía saldar emocionalmente.

Carlos Nicola, de la Dirección Nacional de Bomberos, explicó que los casos de pirómanos son excepcionales en el país. "El 95% de los incendios se debe a la negligencia".

En 2002, el incendio de un tren en Corea del Sur mató a 134 personas. El autor, de 56 años, dijo que había actuado por venganza por la parálisis que sufría y de la que responsabilizó a una clínica cercana a la estación donde comenzó el siniestro.

ANTISOCIAL. Es relativamente común que luego de desvalijar una casa, los ladrones defequen en ella. Robert Parrado explicó que hay dos posibilidades para tal comportamiento: "el ladrón piensa: te robo y además, te cago, o en verdad tiene alguna reserva de valores, se siente en riesgo y le viene la necesidad orgánica de defecar. En este segundo caso, hay más posibilidades de trabajar en la recuperación".

El primero es claramente una persona con un trastorno antisocial de la personalidad, responsable a menudo de los delitos más violentos porque en general son muy impulsivos, tienen poco control de sí mismos.

Sin embargo, no todos los antisociales son delincuentes ni viceversa, aunque el vínculo es estrecho.

Los trastornos de personalidad son muchos. El narcisista (que se cree centro del mundo) y el histriónico (que exacerba condiciones de su cuerpo o discurso para sobresalir) son dos primos del antisocial y es posible que en muchos de estos cuadros se desarrolle la piromanía, la cleptomanía o la mitomanía (compulsión a la mentira) como síntomas del trastorno.

"Para los antisociales, la culpa de todo es siempre de los demás", dijo el perito psiquiatra Roberto Mosera.

Contra esta patología, poco puede hacerse. No hay tratamiento eficaz en ninguna parte del mundo. "Lo único que existe es una medicación contra la impulsividad, siempre que el paciente acepte tomarla", dijo el psiquiatra Fielitz. Es raro que ello ocurra porque los trastornos de personalidad están tan arraigados al sujeto que no tienen conciencia de enfermedad.

La gente pide ayuda al psicólogo o psiquiatra cuando experimenta una angustia con lo que le sucede. Esto pasa pocas veces en los antisociales, narcisistas o histriónicos.

EL SEXO. El exhibicionista o el violador tiene, en la inmensa mayoría de los casos, un antecedente de abuso sexual en su contra.

En general, violan a personas que tienen la misma edad que ellos tenían cuando fueron abusados y decodifican mal los mensajes de la víctima. "Por ejemplo, si una niña de nueve años se abre de piernas porque no tiene incorporado el pudor, el violador interpreta eso como un juego de seducción y actúa. De hecho, muchas veces dicen que la persona abusada era su novia, no como defensa, sino porque lo creen realmente", dijo Robert Parrado.

El exhibicionista es aquel que se muestra desnudo en público. No son peligrosos, salvo en los casos que muestran el pene erecto. Son personas tímidas, con frustraciones sexuales.

Richard Prieto aseguró que se trata de una patología más común de lo que se cree. Y pone un ejemplo: "cuántas veces en una reunión de amigos alguien propone en broma sacarse la ropa y varios se apuntan", dijo.

CASTIGO. ¿Es recuperable el criminal predispuesto por la patología? ¿Se merece el mismo castigo de cárcel que un delincuente "sano"?

El Código Penal exonera de castigo a la persona que "por enfermedad física o psíquica o por intoxicación... no fuere capaz, o lo fuere parcialmente, de apreciar el carácter ilícito" del delito que cometió. Es decir, se exculpa a la persona que no pueda comprender que lo que hizo está contra la ley.

Quienes evalúan tal condición son los peritos psiquiátricos. Roberto Mosera, uno de ellos, explicó que en los casos de trastorno de personalidad, cleptómanos o pirómanos y también en los adictos, la conciencia de delito está presente, y en consecuencia, son penados. "Los trastornos pueden ser atenuantes, pero no se declara la inimputabilidad", explicó.

Mosera aseguró que los peritos psiquiátricos (24 en total) realizan 2.500 pericias anuales, cifra que ha crecido en los últimos años.

Los inimputables son los que tienen una "enfermedad mental mayor". En general, psicóticos, personas que perdieron el contacto con la realidad y no son violentos, salvo cuando han abandonado el tratamiento.

Con todo, el perito concedió que puede haber "muchos grises, donde no es fácil determinar la imputabilidad de un delincuente; los adictos por ejemplo".

Ronald Herbert es el director de la Defensoría de Oficio Criminal, donde recae la defensa de la enorme mayoría de los delincuentes. "Con mucha frecuencia, los peritos informan que el acusado tiene un nivel intelectual marginal, que es adicto, de repente tiene apenas 18 años, pero sabe que lo que hizo es un delito. Entonces yo argumento: paren un poco, se puede considerar que mentalmente no llegó a la mayoría de edad, vamos a dejarlo. Pero el fiscal dice que `es un adicto, que vive del robo y capaz que lastima a alguien, yo defiendo a la sociedad`. Esa es la pelea diaria, a veces gano y otras pierdo", dijo el abogado.

Encima, la cárcel es hoy un castigo durísimo, "mucho más que la pérdida de libertad. Si ponemos a un chico de 18 años en la cárcel, hoy, lo perdemos, no se recupera más", dijo Herbert.

Mosera agregó que en un plano "ideal" lo mejor sería que hubiera menos establecimientos de reclusión y más hospitales. "Es una utopía, pero algunas cosas se pueden hacer. Otras no. Al antisocial, por ejemplo, no le interesa recuperarse porque no se ve mal".

Prieto aseguró que la enorme mayoría de las patologías que conducen al delito tienen origen en carencias afectivas de los primeros años de vida. "Yo nunca vi a un mimoso en la cárcel. El mito de que el exceso de cariño corrompe a las personas es absolutamente falso. Lo que corrompe es el abandono, el maltrato, el abuso".

Marcas que quedan en el sujeto y que lo llevan a la repetición o a vacíos que llenan con adicción o conductas antisociales. "Esto no sólo es un problema de seguridad o de salud, es de toda la sociedad que excluye o acepta algunas adicciones y condena otras. Es caldo de cultivo a decenas de patologías", aseguró Prieto.

Mentir sin sentido, una defensa patológica

Las dos de la madrugada. El comisario Óscar Varela estaba de guardia cuando un hombre muy agitado llegó al puesto policial de El Tropezón, en Salto. Y dijo en inglés que le habían robado 10.000 euros y 8.000 pesos, que era escocés y estaba en un viaje de investigación arqueológica.

Varela, que entiende el inglés, le creyó. "Era muy convincente", relató. La presunta "víctima" fue derivada al hospital y Varela pasó el resto de la noche y del día patrullando la zona en busca de los ladrones. Al tercer día, saltó la verdad: el escocés era un salteño, paciente psiquiátrico.

La mentira es una de las herramientas más comunes a nivel social, las hay piadosas, con intención de beneficio y patológicas. Según un estudio realizado en México, los hombres dicen cuatro mentiras por día y las mujeres, 2,5.

Gabriela conoció a un chico en una discoteca, bailaron y él le dijo que vivía solo, que tocaba la trompeta y que había viajado por varios países, todo falso, según pudo comprobar ella con el tiempo.

El psicólogo Richard Prieto aseguró que la mitomanía implica la necesidad de "inventar un personaje porque la persona se siente disminuida, poca cosa, según su percepción".

El psiquiatra y psicólogo, Lizardo Valdéz, director del Hospital Vilardebó, explicó que en la infancia la fabulación es una "estructura de pensamiento que ayuda a los niños a entender el mundo, pero que al crecer, la abandona por estructuras más racionales. Ahora, en algunos, eso no pasa", dijo.

La mentira se transforma en un mecanismo "defensivo" frente al vacío que ellos sienten en determinadas situaciones. En hombres y circunstancias de seducción, es lo más común.

Guía contra cleptómanos

MANUAL. La empresa Euroamerican cuenta con una guía de procedimientos. El vigilante debe tener presente que es preferible ante dudas, permitir retirarse al cliente que pedir disculpas luego.

ROBO. Cuando el vigilante observe que una persona guarda mercadería, deberá seguirlo a corta distancia, observándolo en forma manifiesta para inducirlo a que desista. Antes que la persona se dirija a la caja, el vigilante deberá ubicarse sobre la "boca" de salida para ver si esa actitud finalmente convence al mismo de desistir del intento de sustracción. Si no sucede, esperará a que llegue hasta el pasillo de salida, y antes de que abandone el local, lo interceptará, correcto y amable, indicándole que lo llaman de gerencia. Acompañará a la persona caminando detrás de él. Se le indicará que seguramente por distracción omitió el pago del artículo. Si lo admite, le solicitará el dinero. Si no, le pedirá que deposite la mercadería en algún mostrador. No cometerá el error de tocar al cliente o revisar su cartera, pero puede pedirle que saque lo que tenga en la misma.

CONTROL. Éstas son sólo algunas de las indicaciones, entre ellas el control del cambio de etiquetas, o esas personas que consumen: entregarle envase desechado, diciéndole que debe pasarlo por caja.

"Hacer caída" o fingir la locura

El diagnóstico psiquiátrico es el más difícil dentro de las ramas de la medicina. Es posible que una persona presente muchos trastornos a la vez, lo que se conoce en la jerga como la "comorbilidad", "la regla más que la excepción", dijo el psiquiatra Pablo Fielitz, que trabajó varios años en la sala de seguridad del Hospital Vilardebó.

Así, es posible que una persona con trastorno bipolar (depresión y manía) sea adicto y tenga de base un trastorno de personalidad, lo que transforma a cada persona en un mundo.

Muchas veces, en cambio, los presos fingen una enfermedad mental para salir de las condiciones de reclusión de las cárceles y ser derivados al Vilardebó, contó Fielitz. En la jerga carcelaria se conoce a esta práctica como "hacer caída". Sobre todo, fingen intentos de suicidio o comienzan a delirar.

"Quieren ir al hospital porque las condiciones de reclusión son más flexibles y, eventualmente, tienen mejores chances de escaparse", dijo el psiquiatra.

Durante el proceso, contó el director de la Defensoría de Oficio Criminal, Ronald Herbert, que algunos abogados tienen por estrategia buscar que los acusados sean declarados inimputables, sobre todo cuando las pruebas son contundentes en su contra. "Conocí casos, de acusados de mucho dinero, por ejemplo, que la defensa hacía todo lo posible para que los declaren inimputables", dijo el abogado.

Roberto Mosera, perito psiquiátrico, reconoció que algunos buscan fingir, pero "no es fácil". "Nosotros estamos entrenados contra eso y capaz que alguno logra engañarnos, pero no es fácil, no es fácil simular locura", dijo el especialista.

Los inimputables por enfermedad mental son en general derivados a la Sala 11 del Hospital Vilardebó, donde están los pacientes peligrosos. Allí deben hacer un tratamiento y su alta depende del juez, no de los médicos.

Fielitz estudió todos los homicidas que estuvieron desde 1994 a 2002 en el Vilardebó, tanto imputables como inimputables.

De los últimos, el 65% eran psicóticos mientras que de los primeros, la enorme mayoría tenía una adicción a drogas combinado con trastorno de personalidad.

Las cifras

100.466 Cantidad de delitos cometidos en 2006. La mayoría fueron hurtos (77.170), las rapiñas fueron 6.764 y los homicidios, 144.

2.500 Pericias psiquiátricas se realizan al año en el Instituto Técnico Forense, la enorme mayoría responde al área penal.

4% De la población tendría un trastorno antisocial de la personalidad, una patología que hace que las personas se muestren violentas y no tengan culpa.

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