THE NEW YORK TIMES | NUEVA YORK
¿Quién es Jorge Yarur Bascuñán y qué quiere con el soutien de Madonna? ¿Y con la pollerita corta para la danza de Margot Fonteyn?
¿Y con algunos de las más codiciados diseños de Paul Poiret -el modista de comienzos del siglo XX, quien es actualmente motivo de una exposición en el museo Metropolitan de Nueva York?
Algunas de esas curiosas preguntas se han hecho frecuentes y a veces convertido en frustrante muletilla entre los principales coleccionistas de elementos de la alta costura y del vestido histórico, a medida que han sido superados en las ofertas y en su estrategia o anulados por los profundos bolsillos de Jorge Yarur, de 46 años, descendiente de una rica familia, quien está construyendo, desde la nada, un museo de la moda de nivel mundial, en Santiago de Chile.
"Algunas de las piezas más glamorosas que han salido al mercado en tiempos recientes han sido llevadas por Jorge a niveles de precios que parecían exorbitantes", indicó Harold Koda, curador jefe del Instituto del Vestido, en el Metropolitan. Señaló que, en ocasiones, Yarur superó en la puja de ofertas los precios que el Metropolitan estaba dispuesto a pagar.
El Museo de la Moda, de Yarur, que está instalado en la mansión modernista de vidrio, de 1962, de su familia, y reacondicionada sin omitir detalle, se ha convertido en un protagonista inesperado de un ámbito creciente de museos internacionales que ahora invierten en colecciones de moda.
Durante la última década, el museo con financiación privada, que abrió al público el 29 de mayo, adquirió más de 8.000 prendas. Representan una variedad ecléctica, si no enciclopédica, de ejemplares que cubren desde lo exquisitamente extraño (prendas de Charles Frederick Worth, de la década de 1860 y Vionnet, de la década de 1930) hasta sensualmente extravagante. (El vestuario que diseñó Nolan Millar para la actriz Joan Collins, en la serie Dinastía). En el proceso de armado del museo, la exuberancia de Yarur muchas veces hizo escalar los precios de piezas poco comunes de costura del siglo XX hasta niveles en los que los compradores habituales no pueden competir.
IMPACTO. Pamela Parmal, curadora de moda del Museo de Artes de Boston ha notado el arribo de Yarur al ámbito de los curadores, con notoria envidia. "Ha tenido verdadero impacto en el mercado", señaló Parmal. "Tiene muy buen ojo y sólo busca lo mejor. Y, hace lo que tiene que hacer para comprarlo".
En un reportaje telefónico, Yarur dijo que no tuvo intención de provocar tanto revuelo y que algunas de sus adquisiciones iniciales pueden haber parecido exageradas, ya que reflejaron su falta de experiencia. Después del fallecimiento de sus padres, en la década de los `90 del siglo pasado, Yarur, quien es hijo único, se sintió inspirado para transformar la residencia familiar en un museo. Contrató a expertos para construir, en el subsuelo de la mansión, un lugar de almacenaje de última tecnología, y un centro de referencia que contiene 15.000 publicaciones sobre moda y bocetos. Una piscina techada fue transformada en un ámbito de dos plantas para exposiciones y el garaje se convirtió en cafetería.
Andrew Bolton, curador del Instituto del Vestido, del Metropolitan, recorrió el museo la semana pasada y lo describió como una experiencia poética. En ese sentido, mencionó la transformación del dormitorio del padre de Yarur, "que muestra un enorme traje de baile realizado por Galliano para la colección de alta costura de otoño-invierno 2002, de la casa Dior, que está desplegado sobre la cama como si fuera una persona de alta sociedad que está ebria. Bolton reconoció que se sintió codiciando muchas piezas, incluyendo un sublime traje de tafetán rosado, que diseñó Balenciaga a fines de la década de los `50 del siglo XX.
Bolton indicó que le conmovió la notoria devoción que sintió Yarur por su madre, Raquel Bascuñán Cugnoni, cuya imagen, con notable similitud física con la actriz Rita Hayworth, es mostrada en el museo, en las galerías y en videos. "La madre de Jorge fue el catalizador de su amor por la moda", indicó Bolton. "Ella es la musa del museo".
La popularidad de la moda como forma de narración histórica -y su imán para atraer a multitudes a los museos- la ha quitado de los últimos peldaños de la escala museística. La decisión del museo Metropolitan de desplegar creciente número de exposiciones sobre la moda fuera de los confines de su tradicional galería subterránea dedicada al vestido, confirma esta tendencia. También lo confirma su firmeza al realizar recientes adquisiciones.