MIGUEL BARDESIO / PABLO PERA PIROTTO
En el último año se multiplicaron las ocupaciones, impulsadas por motivos que difieren según el color político de quienes los definan. Mientras que el gobierno sostiene que desde marzo de 2005 hasta ahora hubo entre 33 y 35 ocupaciones porque aumentó exponencialmente el número de sindicatos (unos 400 más), la oposición dice que el disparador de tal actividad sindical fue la derogación de un decreto aprobado en 1966, que permitía a la policía desalojar a los ocupantes en caso de que así lo solicitara el propietario.
Los números no políticos confirman que entre marzo y diciembre del año pasado (según datos del Programa de Modernización de las Relaciones Laborales de la Universidad Católica) hubo 26 ocupaciones y que 23 de ellas se produjeron luego del 2 de mayo, fecha en que se derogó el decreto.
El fenómeno hizo eclosión violenta hace dos semanas, cuando el sindicato de una curtiembre se terminó enfrentado a palazos con el dueño y un grupo de trabajadores que no estaban de acuerdo con la ocupación. Y así comenzaron las discusiones políticas para llegar a una reglamentación de las ocupaciones, que ahora define el ministro de Trabajo como proyecto de ley y que, de antemano, no conforma ni a sindicalistas ni a empresarios (ver recuadro).
Mientras, tres ocupaciones se mantienen en tres ramas muy diferentes: una curtiembre, Naussa, una metalúrgica, Becam y una oficina del Codicen, la Gerencia de Proyectos Especiales. Las tres tienen un elemento en común; además del enfrentamiento entre gremialistas y propietarios, hay otro tal vez más caliente entre trabajadores y trabajadores. Y así surgen los contragremios, que luchan por su reconocimiento oficial. (En el caso del Codicen, el gremio se mostró en desacuerdo con la medida tomada por unos 40 funcionarios que reclaman la renovación de los contratos de 150 empleados, que vencen el 28 de este mes y que el organismo decidió no continuar).
Luego de un día en la ocupada Becam y la reocupada Naussa (los ocupantes del Codicen no permitieron al DS ingresar al local), quedan las postales del conflicto —ollas comunes, rutina, vigilancia, crítica y limpieza— pero sobre todo, el enfrentamiento entre sindicatos.
COCO A PALOS. "Coco" es el perro de la treintena de ocupantes de la curtiembre Naussa, en Las Piedras. Mezcla con ovejero, el animal también salió de la fábrica cuando el martes 14 el dueño de la empresa entró a la fuerza junto a otros funcionarios y desocupó el establecimiento. Fue testigo además, de una violenta escena que incluyó pedradas y palazos, la misma que el presidente Tabaré Vázquez confundió con una "película del far west" mientras la miraba en la tele. Al otro día, con 300 curtidores de todo el país en la puerta de la fábrica, la empresa fue reocupada y "Coco" volvió.
Hay otro mascota en la curtiembre, una perra, pero no tiene nombre. También hay otro sindicato en Naussa, compuesto por unos 45 funcionarios opuestos a la ocupación decidida el lunes 13 por empleados y ex empleados afiliados a la Unión de Obreros Curtidores (UOC). Algunos de sus integrantes protagonizaron, enfrentados al "otro" gremio, la trifulca transmitida por televisión y que terminó con cuatro en el hospital.
¿Cómo será el regreso, una vez que la empresa vuelva a funcionar?, es la gran pregunta. ¿Cómo volverán a convivir personas que hasta hace poco eran compañeras de trabajo y de repente se transformaron en adversarios?
"Mientras que recupere la fuente de trabajo, lo demás no importa; esas cosas se pueden hablar después", opinó Raúl Machado, uno de los ocupantes, mientras mostraba una raspadura en la rodilla derecha consecuencia de la batalla campal del martes 14.
"Sí, ellos dieron, pero nosotros también", acotó Matías, de unos 20 años, bajo de estatura y con la dentadura deteriorada, funcionario despedido e integrante de la directiva del comité de base que adhiere a la UOC.
Eran las cuatro de la tarde del lunes —hora del almuerzo— y los dos perros se echaron a la sombra debajo de la mesa que los ocupantes improvisaron con chapas y un armazón de hierro. En la ocupación de Naussa el "comedor" está a la intemperie, cubierto con una lona negra, pues todos los galpones de la fábrica fueron cerrados y lacrados por el dueño, Constantino Troupkos, cuando retomó la curtiembre.
Ese día el menú consistió en un guiso más bien aguachento que se cocinó en el tanque tiznado de un lavarropas de vaivén, arriba de una parrilla, a llama de leña. En materia de comida el sindicato tiene sus reglas: se come por turnos. Un grupo de diez almuerza y los otros 20 se reparten en la manzana y pico que ocupa la fábrica para vigilar. Tampoco alcanzarían los platos y cubiertos para todos los comensales y de hecho algunos comen en botellas de plástico cortadas.
"Somos optimistas", dice Machado, describiendo el espíritu positivo que prevalece en la ocupación. Otro gremialista agrega que hasta ahora nadie se ha desanimado y que no van a jugar "el juego de Constantino" —así, a secas, llaman al dueño—, que según ellos está buscando el cansancio de los ocupantes.
"Esta es una fábrica del interior, en una zona pobre, que fue creciendo, pero a la vez le faltan muchas cosas: no tiene un gerente de recursos humanos, por ejemplo. Constantino no toma como normal una huelga, que haya un sindicato, quiere tener el control sobre cada uno de los integrantes de la planta", agregó el dirigente.
"Pero es trabajador", intervino "El Conejo", que en verdad se llama Nelson Fernández, y cuyo despido desencadenó la ocupación. "Él recorre la planta y si encuentra algo que no funciona, se remanga y lo arregla".
Por lo pronto, las negociaciones están cortadas y ahora se abriría una puerta en el Parlamento. En los muros de la curtiembre, las pintadas sirven de termómetro de lo caliente del conflicto: "Constantino hambreador, golpeador y fascista", es una de ellas, y otras mencionan con nombre y apellido a los "carneros" que entraron en la pelea.
Como la mayoría de las instalaciones de la planta están cerradas, los ocupantes sólo tienen acceso al comedor —de cinco por tres metros— los baños —dos—, el vestuario —con cuatro ducheros, dos que funcionan— y un galpón de chapa que ellos techaron. Duermen por turnos, juegan a veces al truco y otras al fútbol.
La ocupación se mantiene gracias a lo que donan otros sindicatos —en el comedor hay unos 20 kilos de fideos, arroz, yerba, pulpa de tomates y jugos en polvo— y lo que ellos mismos recaudan en ferias de Las Piedras. Con ese dinero pagan la luz y el agua de sus casas.
DONACIONES GREMIALES. A pesar de ser uno de los días más calurosos de febrero, en una olla hierve un guiso bien cargado, que por si fuera poco incluye cuatro ajíes catalanes picados. Si bien el menú no varía demasiado, los más de 30 ocupantes de la empresa Becam dicen estar conformes con su comida, que siempre es elaborada por los mismos cuatro vocacionales chefs. "El asado lo vamos a comer cuando termine la ocupación y ganemos el conflicto", dice uno de ellos, mitad en broma y mitad en serio.
Luego de dos semanas de ocupación todos coinciden en que el ánimo está alto. Ayuda a mantener el buen humor el hecho de que se turnan en las salidas al exterior para buscar fondos o realizar movilizaciones, así como alguna noche en la que toca dormir con la familia.
Las largas horas sin actividad se combaten con mate en exceso y truco, además de algunas tareas que ya se convierten en rutina, entre ellas la limpieza y la recorrida nocturna para vigilar la planta. La lectura es otro de los pasatiempos y los libros que pasan de mano en mano son muy variados: desde la vida del Ché Guevara hasta Canto General de Pablo Neruda, pasando por uno dedicado a la última copa América ganada por los celestes en el cada vez más lejano 1995, escrito por "el Pichón" Núñez.
Los trabajadores que ocupan la fábrica dicen que las únicas discusiones que se han dado desde el 8 de febrero ocurren a la hora de escuchar la radio. Allí surgen los gustos de cada uno, que se reparten entre el tango, el folklore e incluso el rock nacional de La Trampa. Al parecer, entre ellos el género tropical es francamente minoritario. Cuando de fútbol se trata, más allá de camisetas, aparecen también las preferencias de relato radial. Al final, ese tipo de diferencias siempre termina en acuerdo.
Buena parte de estos ocupantes son gremialistas recién bautizados; el sindicato de esta fábrica que produce garrafas, chapas y componentes para maquinaria agrícola, ubicada en una gran superficie en el barrio Peñarol, se formó en octubre del año pasado. La diferencia con los dueños se produjo cuando se pidió la incorporación a la plantilla de la empresa de 19 trabajadores subcontratados, que provienen de empresas suministradoras de mano de obra temporal.
La vida en la fábrica ocupada además de tediosa también es incómoda. Desde el primer día no hay luz, aunque los trabajadores se las ingenian con algunas baterías, un par de linternas y varios fogones. Tampoco tienen agua, lo que complica más las cosas, ya que su única fuente es la de un caño que originalmente alimentaba un bebedero. De allí sacan lo imprescindible para lavar o bañarse.
Entre tantos hombres, la única mascota es una gallina que fue entregada como donación para la olla popular. Al parecer por mayoría se decidió no sacrificarla y, a pesar de que a duras penas logra poner un huevo cada día, nunca le falta agua ni algo para picotear.
Y las donaciones siguen llegando; después del levantamiento de la ocupación de Fanacif (también metalúrgica), el 18 de febrero, integrantes del sindicato metalúrgico les llevaron gran cantidad de alimentos que tenían almacenados los funcionarios de la fábrica de cintas de freno.
Los nuevosgremios y sus (contra) argumentos
La semana pasada, 42 funcionarios de la curtiembre Naussa presentaron a la Justicia un recurso de amparo, ante lo que consideran la "manifiesta ilegalidad" de la ocupación que llevan adelante unos 30 sindicalistas de la Unión de Obreros Curtidores (OUC), no todos funcionarios de Naussa.
Un juzgado de Las Piedras rechazó en primera instancia el recurso de amparo y ahora está en trámite en el Tribunal de Apelaciones, que debe resolver en las próximas 72 horas. "El recurso de amparo se activa ante la violación de un derecho fundamental, en este caso al trabajo", explicó el abogado de los 42 trabajadores, Jorge Arias.
Además, los no ocupantes atribuyen una intencionalidad de apropiarse de la fábrica, como ocurrió con la curtiembre Midober’s, que fue ocupada hace 10 años y ahora es controlada por la UOC. Sin embargo, en ese caso, el dueño no habría manifestado interés en seguir con el negocio.
La mayoría de los trabajadores que presentó el recurso de amparo pertenece al sindicato, pero al de Naussa exclusivamente.
El martes 14 de febrero se formó otro sindicato, conformado por 60 trabajadores de la empresa Becam, al que bautizaron Unión de Trabajadores Becam (UTB). Desde entonces, este grupo ha mantenido conversaciones con la Unión Nacional de Trabajadores Metalúrgicos y Ramas Afines (UNTMRA), integrante del PIT-CNT, y con el Ministerio de Trabajo. Julio Díaz, representante del nuevo gremio, dijo que a pesar de sus esfuerzos, no han sido reconocidos ni tomados en cuenta en las negociaciones.
La decisión de formar un nuevo gremio se basa en que consideran que los empleados que ocupan la fábrica no representan a la mayoría de los trabajadores. Es más, agregó Díaz, en su opinión violan el convenio salarial, ya que no agotaron todas las instancias de negociación que prevén los estatutos del UMTRA antes de llegar a la medida de ocupación.
Ante el enfrentamiento y a pesar de que no han sido reconocidos, la UTB quiere formar un sindicato único, elegir nuevos miembros para integrar el comité de base, reestablecer el diálogo con la empresa y luego convocar a una Asamblea General para definir los pasos a seguir.
"No estamos en contra de los 19 empleados eventuales ni de solicitar posibles mejoras en las condiciones laborales, pero dentro de un marco de diálogo con los propietarios", explicó el trabajador, quien agregó que dentro de la UTB hay varios empleados que tienen 20 y hasta 30 años de trabajo en la empresa metalúrgica.
Actualmente el negocio más importante de Becam es la exportación de un gran número de garrafas a Trinidad y Tobago, de las que restan por entregar 120.000. Este contrato se extiende hasta julio del 2007, por lo que los empleados del nuevo sindicato temen que de prolongarse el conflicto se termine perdiendo el negocio. Consultados por el DS, los propietarios de la empresa prefirieron no hacer declaraciones.
NAUSSA
Fecha de ocupación: 13 de febrero.
¿Qué pide el sindicato?: Reintegro de unos 30 funcionarios que fueron despedidos desde la formación del sindicato que adhiere a Unión de Obreros Curtidores, en abril de 2005. Reclaman por falta de elementos de protección y condiciones adecuadas de trabajo.
¿Qué argumenta el contrasindicato?: Cuestionan la representatividad de los ocupantes, que son menos que los trabajadores que se oponen a la medida. Creen que el gremio ocupante quiere "quedarse" con la fábrica. Presentaron un recurso de amparo que está pendiente de resolución judicial.
BECAM
Fecha de ocupación: 8 de febrero
¿Qué pide el sindicato?: La incorporación a la plantilla de la empresa de 19 trabajadores subcontratados, que provienen de empresas suministradoras de mano de obra temporal. Se alega que según el convenio firmado por la empresa deben incorporarse después de cumplidas las 500 horas de trabajo.
¿Qué argumenta el contrasindicato?: Consideran que los empleados ocupantes no representan a todos los trabajadores. Creen que violan el convenio salarial, ya que no agotaron todas las instancias de negociación que prevén los estatutos del UMTRA, antes de llegar a la ocupación.
A REGULAR
y El gobierno se apresta a enviar un proyecto de ley que regule las ocupaciones. El texto prevé tres pasos previos antes de que un sindicato inicie una medida de ocupación y fija condiciones para las mismas.
y Ante un conflicto determinado, el proyecto establece una negociación de al menos cinco días entre la empresa y el sindicato. Si el diálogo no prospera, la negociación se traslada a la Dirección Nacional de Trabajo y luego, en caso de permanecer el diferendo, se discutirá en el Consejo de Salarios.
y La cuarta opción que un gremio puede tener es la ocupación, que sólo podrá ser resuelta por un sindicato y que requiere ciertos pasos: labrar un acta con los bienes de la empresa, cuidar de las instalaciones y asegurar el servicio esencial.
y En caso de incumplimiento de estas disposiciones, los empresarios pueden presentar un recurso de amparo para levantar la ocupación.
y Además, el texto podría incluir una cláusula que autorice a la Policía a intervenir en caso de que la ocupación se tome en forma violenta.
y Dirigentes del Pit-Cnt rechazaron el proyecto porque, consideran, "reglamenta las ocupaciones", un brazo del derecho de huelga, según la central gremial, por lo que debería librarse su aplicación a los sindicatos. Cámaras empresariales también rechazaron la idea; dijeron que no fueron consultadas y que "el gobierno quiere mantener la herramienta de la ocupación", según José Luis Puig, de la Cámara de Comercio.