Narrar la soledad

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Jorge Gutiérrez

UNO DE LOS GRANDES narradores italianos del siglo XX, Giorgio Bassani, construyó en el transcurso de su vida una obra sincera, personal e independiente de cualquier tendencia de moda. Se desarrolla casi enteramente en Ferrara, la ciudad del norte de Italia donde vivió hasta los 27 años. Aunque sus relatos tienen una calidad pareja, los premios cinematográficos hicieron sobresalir la novela El jardín de los Finzi-Contini, cuya adaptación, dirigida por Vittorio de Sica, obtuvo en 1971 el Oscar a mejor película en lengua extranjera y el Oso de Oro del Festival de Berlín.

La obra narrativa de Bassani fue definitivamente reunida por él mismo en 1980 en un volumen titulado La novela de Ferrara. El término "novela" aplicado a una colección de quince textos de diferente género y desigual extensión no es inapropiado si se considera que, aparte del realismo, el tono evocador y el estilo trabajado, reflexivo y ligeramente anticuado común a todos, están ambientados con pocas excepciones en la misma ciudad, en el período que se extiende aproximadamente de 1915 a 1950. Son protagonizados además por individuos que se sienten desplazados, exiliados en medio de la sociedad en que viven, y que aparecen en diferentes relatos, a veces ocupando el primer plano y otras como parte del fondo. Por otro lado, Bassani estuvo inmerso en esta obra durante 30 años, corrigiéndola y agrupándola con diferentes títulos hasta la versión definitiva y completa de 1980.

La novela de Ferrara está dividida en seis Libros. El Primero, Intramuros, consta de cinco cuentos largos ("Lida Mantovani", "El paseo antes de la cena", "Una lápida en Via Mazzini", "Los últimos años de Clelia Trotti" y "Una noche de 1943") que originalmente fueron publicados en revistas. Los cuatro libros siguientes corresponden a novelas cortas (Los lentes de oro, 1958; Detrás de la puerta, 1964; y La Garza, 1968), excepto el Tercero, que corresponde a la única novela larga de Bassani (El jardín de los Finzi-Contini, 1962). El Libro Sexto, por último, es una colección heterogénea de textos relativamente breves agrupados bajo el nombre de El olor del heno (1972).

UN PASADO CADA VEZ MÁS LEJANO. Aunque Bassani nació en Bolonia en 1916, pasó la infancia y la adolescencia en Ferrara, una ciudad próspera y provinciana que era un bastión del fascismo. Fue un período fundamental de la vida del escritor. En "Una noche de 1943", que también fue llevado al cine (La larga noche del 43, 1960, dir. Florestano Vancini), Bassani es terminante: "ninguna otra ciudad de la Italia septentrional había dado como Ferrara tan numerosos partidarios de la República de Saló, ninguna burguesía había estado tan dispuesta a inclinarse ante los tétricos estandartes de sus diversas milicias".

Los padres de Giorgio eran burgueses acomodados, miembros de la "buena sociedad ferraresa". Eran, también, judíos. De los aproximadamente 50 mil judíos que había en Italia entre las dos Guerras Mundiales, unos cientos vivían en Ferrara. Se trataba de una comunidad bien integrada, formada por familias encabezadas por empresarios y profesionales universitarios (el padre de Bassani era médico, aunque vivía de rentas), entre cuyos miembros había numerosos fascistas o simples admiradores de Mussolini (hasta en eso había una "casi total asimilación al ambiente circundante").

Bassani pudo tener una vida tranquila como la de sus padres y abuelos, pero en 1938, cuando tenía 22 años, el régimen de Mussolini (definitivamente aliado a la todavía fuerte y próspera Alemania nazi) promulgó los decretos conocidos con el nombre de "leyes raciales", que segregaban a los judíos del cuerpo social italiano. A diferencia de muchos, a Bassani esto no lo tomó de sorpresa. Antes de que se promulgaran las leyes raciales, mientras cursaba Letras en la Universidad de Bolonia y daba sus primeros pasos como escritor, había empezado a participar en reuniones antifascistas. Sin embargo, sea porque pasó desapercibido o se lo consideró poco peligroso, no fue detenido hasta mayo de 1943.

Pero tuvo suerte: menos de tres meses después, Mussolini fue destituido de su cargo de primer ministro por el rey Víctor Manuel III, quien designó en su lugar al mariscal Badoglio, partidario de iniciar negociaciones de paz con los Aliados, que habían desembarcado en Sicilia. Bassani fue liberado y de inmediato se casó con Valeria Sinigallia, con quien se había ennoviado tres años antes. Habiendo decidido que volver a Ferrara, donde todos se conocían, sería demasiado peligroso, escapó con nombre falso a Florencia y luego a Roma, donde llegó a fines de 1943. Entre la liberación de Bassani y su llegada a Roma, Italia se rindió a los Aliados y fue rápidamente ocupada, excepto en el sur, por tropas alemanas que en seguida comenzaron a detener y deportar judíos a los campos de exterminio. De los aproximadamente siete mil judíos italianos que murieron en los campos, cerca de doscientos eran de Ferrara.

Cuando la guerra terminó, Bassani se quedó en Roma. En los siguientes 56 años tuvo un hijo y una hija, siguió escribiendo poesía y desarrolló diversos trabajos intelectuales: guionista cinematográfico, ensayista, periodista, docente, consultor de editoriales, presidente de una asociación para la defensa del patrimonio natural y cultural de su país e, incluso, por poco tiempo, vicepresidente de la RAI.

No se interesó seriamente por la narrativa hasta fines de la década del 40 cuando, para complacer a una amiga que necesitaba material para la revista literaria que había fundado, publicó un relato que venía reescribiendo desde 1937, el primero de los que con el tiempo conformarían La novela de Ferrara. En otras palabras, salvo este relato ("Lida Mantovani"), las historias sobre Ferrara fueron escritas cuando Bassani ya no vivía allí y, como invariablemente se desarrollan antes de 1950, se refieren a un pasado cada vez más lejano a medida que el escritor pasaba de la treintena a la cincuentena.

UNA ÍNTIMA MARGINALIDAD. Un escritor que vuelve una y otra vez a un determinado período de su vida lo hace porque siente que en él hay algo inexplicable que sigue afectándolo. En el caso de Bassani, un hombre cortés e introvertido, lo inexplicable fue un constante sentimiento de marginalidad que no concordaba con su vida pública de pequeñoburgués activo, comprometido con diversas causas y bastante exitoso. Como no tenía una mente analítica ni con tendencia a la abstracción, La novela de Ferrara no pretende ofrecer una explicación completa y sin contradicciones. Es posible, incluso, que Bassani no creyera en este tipo de explicación (a su personalidad se le pueden aplicar las palabras con que un personaje de Los lentes de oro define a los italianos: "somos demasiado viejos, demasiado escépticos y estamos demasiado desencantados").

La novela de Ferrara es, más bien, un canto que, aunque está bañado por un constante sentimiento evocador que esfuma los contornos, nunca deja de ser vívido, concreto y detallado, al punto que es imposible discernir, por más atención que se ponga, qué es imaginación y qué recuerdo. De hecho, Bassani es de los pocos escritores que le han agregado realidad inmaterial al espacio geográfico donde se desarrolla su obra. Para sus lectores, aún sabiendo que es invención, Ferrara tiene un parque (actualmente irreconocible) al fondo del Corso Ercole I d`Este que perteneció a los Finzi-Contini, una rica familia judía cuyos integrantes murieron en los campos de exterminio.

Una de las expresiones del sentimiento de marginalidad de Bassani es la abundancia de personajes de La novela de Ferrara que observan el mundo desde escondites. Este puede ser una casa de altos (en "El paseo antes de la cena" Ausilia espía a su hermana y a Elia Corcos desde su "ventana-observatorio" del piso alto, y desde un primer piso Pino Barilari presencia, en "Una noche de 1943", a una descontrolada banda de fascistas fusilar a once personas contra un muro); un apartamento como el de Clelia Trotti, la vieja militante socialista que el gobierno fascista mantiene en régimen de libertad vigilada; un apostadero de caza de aves, como el que ocupa Limentani en la escena central de La Garza; o un parque rodeado de muros como el de los Finzi-Contini.

En cualquier caso, ocultarse no es una astuta maniobra para sobrevivir en una sociedad hostil; es un castigo. Presentarle cara al mundo es peligroso pero mantenerse al margen de la vida es convertirse en un prisionero, en un muerto, como Pino Barilari en su "cuartito-prisión" o "cuartito-tumba". Más aún: puede significar una parálisis moral que contribuya al avance del Mal. Pino Barilari es la única persona en Ferrara que ve los fusilamientos de la noche del 15 de noviembre de 1943. El problema es que, esa misma noche y desde la misma ventana del primer piso de su casa, comprueba que su amada mujer lo está engañando con otro. Su reacción es meterse en la cama antes de que ella suba y fingirse dormido. Cuando tres años después los culpables de la matanza son llevados a juicio, Barilari, que no puede declarar que presenció el crimen sin confesar al mismo tiempo que sabe que su mujer lo engañaba, se limita a responder a los jueces que "dormía". Los asesinos son liberados.

Pero salir de la prisión-escondite, exponerse, puede acarrear un terrible castigo. El doctor Fadigati, protagonista de Los lentes de oro, otro relato de Bassani llevado al cine (El hombre de los anteojos de oro, 1987, dir. Giulano Montaldo), es un otorrinolaringólogo de mediana edad, exitoso, culto y apreciado por la burguesía ferraresa. También es homosexual, pero nadie lo rechaza porque "el erotismo de Fadigati daba garantías de que siempre se mantendría dentro de los límites de la decencia". Sin embargo, el doctor se enamora de un joven vividor y hace pública su homosexualidad mostrándose con él en los balnearios de la costa adriática a los que concurren los ferrareses de vacaciones. Golpeado y robado por su amante y abandonado por su selecta clientela, desciende a la categoría de paria, y se suicida.

La insuperable contradicción entre marginalidad e integración es llevada al extremo en "Una lápida en Via Mazzini", en el que se relata la inesperada reaparición de Geo Josz en la Ferrara de la inmediata posguerra, "el único superviviente de los ciento ochenta y tres miembros de la Comunidad israelita que los alemanes habían deportado a Alemania en el otoño de 1943 y a quienes la mayoría consideraba muertos todos desde hacía mucho tiempo en las cámaras de gas".

Mientras los ferrareses intentan reconstruir sus vidas, Geo se pasea por la ciudad al principio con actitud de "desprecio irónico" y sin mostrar agradecimiento por las numerosas muestras de afecto que se le ofrecen, y más tarde cada vez más andrajoso y con una "sombra de afligido estupor en la mirada". La presencia de ese muerto que regresa entre los vivos (Josz es descrito como "pálido e hinchado", "algo así como un ahogado") se convierte en un molesto recordatorio para todos aquellos que contribuyeron a crear las condiciones para la deportación de los judíos o se aprovecharon de ella.

Lo cierto es que Josz se vuelve molesto para todos, incluidos algunos miembros de la comunidad judía, debido a que encarna un pasado que la ciudad está tratando de dejar atrás. De hecho, el único acto violento de Josz son las dos bofetadas que le propina al viejo conde Scocca, un fascista de importancia secundaria, mientras éste mira a un grupo de chicas en bicicleta, símbolo de la vida que continúa. Al final, Josz, que poco a poco ha comenzado a ser tratado como un "apestado", desaparece sin dejar rastro para alivio de todos.

Lo más terrible de "Una lápida en Via Mazzini" es que Bassani presenta a Geo Josz como alguien que difícilmente pueda generar empatía. Josz está más allá de las emociones habituales y del sentido común. Es tan incomprensible para los ferrareses (y para el lector) como los ferrareses son incomprensibles para él. Su terrible experiencia en los campos de exterminio lo ha separado del resto de la humanidad. De su espantosa soledad todos son responsables, incluso él mismo, inocentemente. La Ferrara que recorre Geo Josz con mirada de estupor ha decidido que, para empezar de nuevo, lo mejor es olvidar. Simplemente no se puede juzgar a todos. Por eso las bofetadas que Geo le propina al conde Scocca provocan una ola de indignación. Con ese acto, Geo renuncia definitivamente a incorporarse, rechaza la vida, que no conoce de reparaciones, que es cruel ("la vida volvía a empezar, gracias a dios, y cuando vuelve a empezar, ya se sabe, no hace caso a nadie").

DETRÁS DE LA PUERTA. La novela corta Detrás de la puerta está basada en los recuerdos del escritor de su período en el liceo Ariosto y tiene como protagonista a un adolescente judío de familia acomodada que se siente "desplazado, profundamente incómodo", y desea desesperadamente la amistad de Carlo Cattolica, el más importante de la clase (que lo trata desde una posición de superioridad), mientras siente verdadera repulsión por Luciano Pulga, un "nuevo" que intenta amigarse con él mediante alcahueterías pero que en el fondo lo odia. Detrás de la puerta desarrolla el humillante drama interior de alguien con tanta necesidad de integración y cariño que incluso las busca en personas que lo desprecian y que desprecia.

El hecho de ser judío resulta sólo un factor entre los muchos que determinan el sentimiento de exclusión y soledad del protagonista. Este es desdeñado por Cattolica, que es goi, pero a su vez desprecia a Pulga, que también es goi. En realidad, Cattolica, que es alto, buen mozo, de familia rica, excelente estudiante y con novia, se siente superior a todos, mientras Pulga, que es traicionero, feo, sudoroso, con puntos negros en la cara e hijo de un médico pobre y mala persona, muestra ante cualquiera una actitud de "total sumisión de inferior y protegido".

En el prólogo de La novela de Ferrara, Pier Paolo Pasolini, con bastante malicia considerando que eran amigos, observa que en el realismo de Bassani "lo que predomina en el fondo es el pesar del pequeñoburgués judío por no ser un pequeñoburgués cualquiera". Esta observación es acertada y reduccionista. En realidad, Bassani escribió sobre el conflicto consciente de todo aquel que se encuentra tironeado por los impulsos contradictorios de negar su condición racial, social o sexual (o, simplemente, su modo de ser) para integrarse plenamente a la sociedad en que vive, o negar la sociedad en que vive para encerrarse en un micromundo segregado.

De hecho, la tensión que anima las historias de Ferrara surge de esos dos impulsos y del hecho, más fundamental, de que Bassani quiso vivirlos con la mayor lucidez posible. Lo que "predomina en el fondo" del realismo de Bassani no es el pesar del que quiere ser otro y no puede, sino el drama del que no quiere optar porque si lo hace se traiciona a sí mismo. Esto supone, necesariamente, rechazar las tentaciones y optar por la dignidad, aunque ésta esté acompañada por una soledad incurable. Cerca del final de Detrás de la puerta, el protagonista (que en el liceo se sienta en el mismo banco que el espléndido Cattolica) le exige al profesor que lo mande solo a la última fila y que al traicionero Pulga, que está sentado en esa fila, lo mande adelante junto a Cattolica. "Una vez más", reflexiona más adelante, "era inútil pensar en abrir de par en par la puerta detrás de la cual me escondía. No lo conseguiría, no había nada que hacer". Tampoco lo consigue el protagonista de El jardín de los Finzi-Contini, perdidamente enamorado de Micòl. Ésta es hermosa, cultivada, deportiva, la más joven de los Finzi-Contini, una familia de la alta burguesía que, a pesar de ser judía, se mantiene apartada de la comunidad israelita, formada mayoritariamente por pequeñoburgueses. Manipulado y rechazado por ella, el inexperiente protagonista asume con decisión y dolor el contundente consejo de su padre: "no vuelvas más a su casa (…) Entre otras cosas, es más de hombre".

El jardín de los Finzi-Contini es el relato más engañoso de La novela de Ferrara. Su tono elegíaco, la luminosidad de muchas de sus escenas y las resonancias bíblicas del jardín crean la sensación de que el objetivo principal del narrador es recobrar un paraíso perdido, más precisamente la época en que se enamoró, por primera vez, de una mujer. En el fondo, sin embargo, la novela trata sobre la necesidad de integrarse sin perder la dignidad, y de la imposibilidad de lograrlo. Los Finzi-Contini viven en un exilio dorado, semiaislados en una mansión circundada por un parque que incluye una cancha de tenis y dedicados a "futilidades aristocráticas" sin conflictos ni preocupaciones de ninguna clase. Son algo así como un modelo exitoso de marginalidad.

Están tan "por encima", que el padre del protagonista cree que en el fondo son antisemitas. Pero la entrada en vigor de las leyes raciales provoca que de pronto inviten a su cancha de tenis a algunos jóvenes judíos, entre ellos al protagonista, con los que hasta ese entonces habían tenido pocos contactos. "Ahora estamos todos en la misma barca (…) habría sido bastante ridículo seguir haciendo tantas distinciones". Las leyes raciales han marginado a todos los judíos y, en apariencia, los han hermanado. El protagonista ha "ascendido" hacia los Finzi-Contini y éstos han "descendido" hacia la comunidad israelita. El punto de encuentro es el jardín, una pequeña comunidad de jóvenes, aislada. Para el protagonista la tentación es irresistible: de pronto se le ofrece la posibilidades de formar parte de un grupo y de ser querido por una chica hermosa que además pertenece a una clase social superior. Pero Micòl sólo ha jugado con él y le ha ocultado cosas fundamentales. El jardín es una ilusión, un paraíso falso. De hecho, para los Finzi-Contini también es una estación de tránsito hacia Alemania, adonde serán deportados pocos años después.

Las personas íntimamente marginales como Bassani quizá sólo pueden aspirar a hacerse un nicho, un jardín de los Finzi-Contini propio. En 1941, Bassani conoció a Valeria, su futura esposa, en la cancha de tenis privada de unos familiares de ella. Se separaron casi 25 años después y Bassani cayó en una profunda depresión. En ese estado escribió La garza, un relato angustioso y diferente a todos los anteriores que describe los últimos días de un ex terrateniente que descubre que ya no tiene motivos para seguir viviendo. No obstante, Bassani se rehizo y formó una nueva y duradera pareja. Continuó escribiendo poesía y ensayos, pero su necesidad de narrar había desaparecido. Salvo por los textos de El olor del heno, que son fragmentos residuales, en los años siguientes su actividad narrativa se limitó a pulir lo que ya había hecho. Murió 20 años después de cerrar La novela de Ferrara y fue enterrado en el cementerio judío de esa ciudad.

LA NOVELA DE FERRARA, de Giorgio Bassani. Debolsillo, 2009. Buenos Aires, 976 págs. Distribuye Random House Mondadori.

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