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Rosario Peyrou
QUIENES LO CONOCEN saben de su enorme capacidad de trabajo y su ya larga trayectoria como investigador de la literatura y la cultura uruguayas. En 1999 Pablo Rocca, profesor titular de Literatura Uruguaya, fundó la Sección de Archivo y documentación del Instituto de Letras (Sadil) de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. El archivo, creado para custodiar manuscritos, cartas, fotografías, primeras ediciones, colecciones de revistas y servir de insumo para la investigación, festeja este año, en pleno crecimiento, su primera década de vida.
DEFENDER EL PATRIMONIO CULTURAL.
-¿Cómo nació la idea?
-Se me ocurrió la creación del archivo no bien ingresé a la Facultad como profesor grado 4 de Literatura Uruguaya y Latinoamericana. Si bien en el país existían otros acervos públicos como el archivo literario del Departamento de Investigaciones de la Biblioteca Nacional creado por Roberto Ibáñez, me parecía razonable tenerlo en el espacio donde se forman investigadores. Yo sabía de la existencia de importantes acervos que estaban en manos de particulares, y que se corrían riesgos muy severos de que se perdieran o fugaran del país. Me acordaba del caso del archivo de Juvenal Ortiz Saralegui, -que es una maravilla-, cuya hija Silvia Ortiz, excelente persona pero desalentada por la escasa repercusión de la obra de su padre en el medio uruguayo, había pensado mandarlo a España. Yo conseguí persuadirla de que no lo hiciera y que lo entregara a la Biblioteca Nacional y así se salvó.
Convencido de esa necesidad, presenté el proyecto a quien era la Directora del Departamento, la Prof. Sylvia Lago, ella lo apoyó y empezamos a trabajar con gravísimas dificultades de presupuesto, sin personal administrativo ni docente asignado, haciendo todo en forma honoraria. Yo me presenté a proyectos de financiación interna de la Universidad y con eso fuimos nutriendo y tecnificando la Sección. Conseguimos un local y empezamos a poner el archivo en condiciones de cumplir con las tres funciones universitarias: la investigación, la docencia y la extensión.
-¿Quién puede utilizar el archivo? ¿Es abierto?
-Una de las primeras cosas que hice fue elaborar un reglamento que lo define como un archivo público, por lo tanto abierto, aunque hay que preservar las garantías de profesionalidad de quien trabaja. Tenemos documentación de autores que están en dominio público, hay mucha correspondencia y materiales que son de carácter personal y por lo tanto difíciles de manejar. Los habilitados para trabajar aquí son los docentes universitarios, tanto del país como del exterior, los estudiantes, los egresados y luego investigadores independientes que simplemente acrediten su competencia. Pero esa apertura se manifiesta también en que no solo hemos hecho exposiciones documentales propias (sobre Borges o Rodó, una en Melo sobre José Monegal, Serafín García y Victor Dotti y haremos otra en San José en los próximos días titulada "Antes y después de Onetti"), sino que hemos contribuido con exposiciones que han hecho otros, como por ejemplo el Centro Cultural de España, a propósito de Morosoli, Rafael Alberti, Onetti.
La otra pata de nuestro proyecto es la investigación. Hicimos un libro sobre Borges y Uruguay, ahora sale otro dedicado a Alfredo Mario Ferreiro, una investigación sobre la vanguardia brasileña y uruguaya, y hemos preparado y anotado documentación para distintos congresos como las Jornadas sobre narrativa rural en la región. En su momento armamos una colección con la revista Posdata que se llamaba Archivos de Literatura Uruguaya. Además en este momento tenemos más de 150 investigadores registrados que han hecho uso de la documentación. Sin contar los que consultan la bibliografía. De modo que aquí se conjugan el material bien ubicado e informatizado con el asesoramiento técnico
-Además poseen una biblioteca.
-Bueno, la parte bibliográfica se remite exclusivamente a fuentes documentales y bibliografías, porque uno de los servicios que hacemos es la orientación bibliográfica a investigadores. Pero en su momento recibimos el archivo particular de Luce Fabbri. Ella estaba entusiasmada con el proyecto y nos legó además su biblioteca para que estuviera depositada físicamente aquí. Es una biblioteca muy importante, italiana, medieval que incluye una zona de temas políticos, y eso nos permitió reformular el proyecto: sacarlo de la órbita del departamento de Literatura Uruguaya y Latinoamericana y transformarlo en una Sección del Instituto de Letras. Pero fuera de esa excepción, desgraciadamente por falta de infraestructura no podemos alojar bibliotecas u objetos. En Minas Gerais, en Belo Horizonte, existe algo que se llama Acervo de Escritores Mineiros que es una maravilla en cuanto a la disponibilidad presupuestal que tienen, y es como un museo donde se guardan objetos y hasta muebles.
Autores e instituciones.
-Por lo que veo han conseguido archivos de una importante cantidad de escritores.
-Y no solo de escritores, porque como se sabe, la noción de literatura en este momento es una noción muy laxa, y si por ejemplo -como ha ocurrido- alguien nos ofrece la papelería del Gral. Máximo Santos, su correspondencia con los jefes políticos del departamento de Lavalleja, no le vamos a decir que no. Tenemos además una novedad de trabajo: el ordenamiento de los archivos no es solo por autor, que fue el criterio empleado por Ibáñez en el INIAL, sino que hemos tratado de tener archivos institucionales. Por ejemplo el de Arte y Cultura Popular o el de la editorial Arca, que nos entregó Alberto Oreggioni en su momento. Eso permite ver un aspecto más global del fenómeno de la escritura, e incluso algo que está muy descuidado que es el de la economía de la cultura. Fijate lo que pasó con el archivo de Orsini Bertani en la Biblioteca Nacional. Fue entregado a Ibáñez por la viuda, y él lo que hizo fue tomar lo que se refería a cada escritor y redistribuirlo en las colecciones autorales. Era un criterio, pero destruyó la posibilidad de que alguien trabajara sobre la editorial de Orsini Bertani. La idea de una empresa cultural no importaba en aquel momento.
-En la lista de autores que han donado documentación veo que hay algunos actuales, como Tomás de Mattos o Henry Trujillo.
-A veces en forma personal, otras por contactos con responsables de editoriales, sabemos que alguien se va a desprender de originales. Están aquí la primera versión de ¡Bernabé, Bernabé! y la de La persecución. Eso es justamente porque no tenemos una concepción museística, solo remitida al pasado, sino que tratamos de acercarnos a lo que está ocurriendo. Por ejemplo, tenemos una colección de revistas actuales. Estamos armando una base de datos sobre invitaciones culturales, presentaciones de libros, etc. que es información que se perdería y que es importante cuando se quiere estudiar un determinado momento. Hemos hecho acuerdos con distintas instituciones tratando de radicar aquí proyectos, sobre todo con gente más joven. Cuando Banda Oriental publicó las Obras Completas de Morosoli, conseguimos el financiamiento de la Intendencia de Lavalleja para pagarle a dos investigadores, que accedieron por concurso, para que hicieran el relevamiento de los inéditos de Morosoli. Y ahí se rescataron por ejemplo dos de las tres obras de teatro que se habían perdido.
-¿Qué planes tienen entre manos?
-Continuar con la página web que ya tenemos (www.sadil.fhuce.edu.uy) para democratizar al máximo la información. Como la documentación tiene que ser consultada en este local, es necesario hacer circular la información públicamente y el que tiene interés viene a trabajar aquí. Eso es necesario como una forma de preservación de la memoria; tenemos una responsabilidad legal con la gente que ha tenido la gentileza de darnos esos materiales. Luego vamos a tratar de expandirnos para crear una estructura más sólida, a fin de poder multiplicar las tareas que hacemos: más exposiciones tanto en Montevideo como en el Interior. Uno de nuestros proyectos es la realización a fin de año de un seminario internacional sobre las vanguardias en América Latina, en ocasión del cincuentenario de la muerte de Alfredo Mario Ferreira y de Juvenal Ortiz Saralegui.
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