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Crónica histórica de Arturo Pérez-Reverte
El 2 de mayo de 1808

Jorge Gutiérrez

CON EL PRETEXTO de invadir Portugal, en 1807 tropas francesas penetraron en la península ibérica, y en marzo de 1808 ocuparon Madrid. Decidido a convertir a España en un estado satélite del imperio, Napoleón había ordenado la invasión y reunido en Bayona a la familia real española, que cooperó con él hasta la indignidad. Para muchos españoles educados (los "afrancesados") el régimen napoleónico contenía ideas e instituciones ilustradas y la invasión representaba una oportunidad histórica para sacar a España del secular atraso en que se encontraba. Pero el resentimiento generado en el pueblo por el traslado de la familia real y los abusos de los ocupantes determinó que el 2 de mayo de 1808 los habitantes de los barrios bajos de Madrid se sublevaran.

Se trató de un fenómeno espontáneo, más temible para las clases acomodadas y los sectores progresistas de la sociedad española (que se mantuvieron al margen) que para el ejército de ocupación, el mejor del mundo. El levantamiento comenzó de mañana, duró (incluidas las represalias francesas) hasta el alba del día siguiente y acabó con cientos de muertos por ambas partes. Fue la mecha que encendió una guerra particularmente atroz que duraría 6 años y tendría vastas consecuencias, entre ellas la independencia de las colonias españolas de América.

Un día de cólera es la crónica de esa jornada. Arturo Pérez-Reverte (España, 1951) tiene buenos antecedentes para abordar el tema. Conoce la guerra (entre 1973 y 1994 cubrió como reportero de prensa y televisión conflictos armados en todo el mundo) y en su obra de ficción (que incluye Las aventuras del capitán Alatriste, serie de novelas ambientadas en la crisis del imperio español del siglo XVII) ha combinado la investigación concienzuda con la buena prosa y los formatos del folletín y la novela popular. Es un best seller de calidad, con rasgos que lo emparentan al Umberto Eco de El nombre de la rosa o El péndulo de Foucault.

Pero Un día de cólera está más próximo al reportaje que a la novela. Se trata de un relato objetivo, fáctico y distanciado, en el que la imaginación sólo rellena los huecos dejados por la abundante documentación existente. Se desarrolla cronológicamente desde la mañana del 2 de mayo hasta las cinco y cuatro minutos del día siguiente, poco después de los fusilamientos nocturnos en la montaña del Príncipe Pío (que inspiraron a Goya el cuadro Los fusilamientos del 3 de mayo). Aparte de ciertas figuras relevantes que ofician de hilos conductores, hay cientos de personajes secundarios, todos auténticos, que se destacan por un momento de la masa y vuelven a hundirse en ella.

Pese a la mezcla de barbarie y heroísmo de lo ocurrido, el punto de vista distanciado y el estilo informativo del libro excluyen el horror y atenúan la admiración. Pérez-Reverte desea que el lector contemple los sucesos sin apasionamiento y no se ciegue ante lo que él (que admira a los héroes lúcidos y no reconocidos por los poderosos, como Alatriste) considera lo verdaderamente terrible de ese día: "que los héroes son unos bárbaros ignorantes que luchan por una visión reaccionaria del mundo". No es casual que los combatientes franceses, a diferencia de los españoles (y al igual que los integrantes del pelotón de fusilamiento de la pintura de Goya), sean mantenidos en el anonimato. Para Pérez-Reverte sólo fueron el disparador del amargo dilema ético que los sublevados instalaron en los españoles con discernimiento de la época: "unirse a los enemigos del papa, de la Inquisición y de la familia real más vil y despreciable de Europa, o seguir la simple y recta línea de conducta que (…) permite a un hombre honrado elegir entre un ejército extranjero y sus compatriotas naturales". Quizá lo mejor que puede decirse acerca de la eficacia del libro es que logra que esta contradicción, que la Historia impone cada tanto, entre el patriotismo y las convicciones personales, entre la admiración por el heroísmo y las ideas, entre el corazón y la cabeza, también se convierta en un dilema para el lector.

UN DÍA DE CÓLERA, de Arturo Pérez-Reverte. Alfaguara, Buenos Aires, 2007. Distribuye Santillana. 401 págs.



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