ANTONIO GONÇALVES FILHO (desde Wellington)
A LOS 52 años, el escritor Lloyd Jones amenaza con transformarse en el escritor más conocido de su país. Es un hombre politizado. Al contrario de otros escritores de Nueva Zelandia, que prefieren ambientar sus historias en la tierra de los maoríes y de los kiwis, Jones es cosmopolita. Su Biografi (1993), por ejemplo, sucede en Albania luego de la caída del comunismo y es casi tan polifónico como The Book of Fame (2000), su libro más exitoso, cuya originalidad reside en la identidad oculta del narrador que, en verdad, son muchas personas (la historia está escrita como el diario colectivo de un equipo de rugby).
Primer autor neozelandés en firmar un contrato de un millón de dólares con un editor extranjero, Jones no siempre vivió de los derechos de autor. Fue su experiencia como periodista lo que le permitió escribir Mister Pip (2006), su último libro. Ambientado en Nueva Guinea, en los años 90, cuando las autoridades del gobierno, apoyadas por los australianos, embistieron contra los propietarios de tierras de Bougainville, el libro tiene como protagonista a Mr. Watts, el último blanco de la zona. Este personaje se propone enseñar a los niños del poblado leyendo Grandes Esperanzas de Dickens, y despertando en ellos la creencia en una nueva vida, distante de la dura realidad que enfrentan, la del cerco de las tropas gubernamentales.
CONFLICTO ENTRE CULTURAS.
-¿Cómo surgió Mister Pip?
-Mi formación es periodística. Entonces, mi primer impulso fue siempre investigativo. Saber quién es ese hombre o qué hace, de dónde vino, quién lo observa y qué pretende, son preguntas que me obligo a responder. Al principio, pensé en ambientar la historia en suelo europeo, antes de decidirme por Nueva Guinea. En síntesis, se trata de una obra sobre la sobrevivencia. Si uno tiene imaginación, tiene todo lo que se precisa para vivir. La génesis del libro es el encuentro de dos personas de diferentes culturas en un cuarto vacío, y ese cuarto es el propio Pacífico.
-Me parece que se trata de una metáfora de la incomunicabilidad, el encuentro entre antípodas, condenadas a hacerse entender una a la otra de cualquier manera.
-No diría que existen barreras de comunicación entre ellos. Hay una cierta incomprensión, pero no barreras. La importación de la cultura europea por Nueva Zelandia es un hecho, incluso muy parecido a lo que sucede en el Brasil, según creo. Quería explorar un tema como el de Grandes Esperanzas, de Dickens, en un contexto distinto. La gran metáfora del libro es, para mí, el conflicto entre dos culturas diferentes y cuál será la dominante al fin de cuentas.
-¿Eso no se aplica al conflicto entre los neozelandeses de origen europeo y los maoríes?
-No. Hubo de cualquier modo una integración entre las dos culturas. Hoy, los maoríes hablan inglés y la lengua maorí se enseña en las escuelas, más allá de que ese discurso sobre el biculturalismo pueda parecer un tanto artificial.
-Muchos de sus libros, incluyendo el más conocido, The Book of Fame, están ambientados fuera de Nueva Zelandia. ¿Hay alguna razón especial para evitar su tierra natal?
-Bien, yo diría que el lugar no importa mucho. Las buenas historias pueden pasar en cualquier lugar. De todas maneras, no hay ninguna razón especial para haber elegido otros lugares. The Book of Fame trata un tema universal, aunque de un modo peculiar. Cuenta el viaje europeo del equipo All Blacks en 1905, que acabó en cierta forma modelando la identidad neozelandesa con la elevación de los jugadores al status de celebridades mundiales. Es, como mínimo, raro ese fenómeno de volverse famoso de la noche a la mañana, como sucede con los jugadores de rugby en el libro. Salieron anónimos de Nueva Zelandia y volvieron a su país súbitamente famosos. Tuvieron, al fin y al cabo, que partir de Nueva Zelandia para volver transformados.
-Biografi tiene esa búsqueda de la verosimilitud periodística. ¿Por qué decidió escribir sobre Albania?
-Yo estaba en Francia cuando las protestas anticomunistas de 1990, que terminaron con las elecciones democráticas y el establecimiento de un gobierno de coalición en 1992 (el libro es de 1993). Es, esencialmente, la búsqueda de un hombre común por el reconocimiento de la alteridad. Cuando cayó el comunismo, no lo podía creer y viajé al país en compañía de un fotógrafo para registrar los cambios políticos que serían impensables en un país como Albania.
-Como Albania, también Nueva Zelandia es un caldero multiétnico. ¿Cómo enfrentan los neozelandeses los problemas de la identidad cultural? ¿Usted cree que hay una manera neozelandesa de ser?
-La mayor parte de la población vive en la costa. Las personas, especialmente los jóvenes, sienten la falta de horizonte, de contacto con otras culturas, en fin, se sienten aislados del resto del mundo. O sea, no tienen un espejo donde mirarse. Pero el mundo se está volviendo pequeño y creo que la situación cambia gradualmente. En mi juventud, en los años 70, era más raro que un joven pudiera viajar como hacen los adolescentes neozelandeses hoy en día. No lo piensan dos veces. Suben a un avión y se embarcan.
JÓVENES SUICIDAS.
-Escuché decir que el número de suicidios entre los jóvenes en Nueva Zelandia es muy grande. ¿Cómo analiza este fenómeno?
-Me gustaría saber la razón. No lo entiendo.
-¿No será por el aislamiento del país?
-No creo que la situación geográfica sea el mayor problema, sino los cambios en el país. Cayeron las viejas estructuras, pero no se colocó nada en su lugar. Antes había, en cierto modo, más garantías para el joven. Desde los años 80, con la evolución de la economía de mercado, se sienten más inseguros con relación al futuro. La población del país prácticamente se duplicó en mi tiempo de vida y los padres parecen no tener más tiempo para educar o cuidar a sus hijos. Saben menos sobre ellos que los vecinos. Junto con eso, el problema del consumo de alcohol y drogas creció en forma considerable. Realmente, no puedo explicar la alta tasa de suicidio entre los jóvenes, pero creo que esos son datos a tener en cuenta.
-¿Usted atribuiría ese desinterés por la vida a la falta de fe en una dimensión espiritual? ¿Hay religiosidad entre ellos o apenas una espiritualidad infantil del tipo que se encuentra en los films de Peter Jackson?
-Me gusta esa alusión a Peter Jackson, pero no tengo respuesta para su pregunta.
-¿Usted es religioso?
-No. Me casé con una norteamericana judía y tengo una hija en Israel, pero no soy creyente. Somos una familia multiétnica.
-Típica de Nueva Zelandia.
-Bien, lo que pasa aquí es que un día somos biculturales y en otro dicen que somos multiculturales, y al final, nos quedamos sin saber quién deberíamos ser, de hecho. No me gustan mucho esas definiciones que vienen de arriba y obligan a todas las organizaciones, de la noche a la mañana, a tener todo escrito en dos lenguas. Prefiero descubrir por mí mismo quien soy.
-¿Qué autores de ficción de Nueva Zelandia considera importantes?
-No me haga esa pregunta. Usted sabe que vivimos en una pequeña sociedad y no se puede citar el nombre de uno y olvidar a otro (se ríe). Pero, hablando de manera general, la literatura neozelandesa tiene autores muy buenos como Vincent Sullivan, ex-profesor y ensayista, ahora retirado, uno de los grandes especialistas en Katherine Mansfield.
-Cite más nombres.
-Bill Manhire, un gran poeta, es otro. Podría citar también a Maurice See, Margaret Mahy, Elizabeth Knox y Keri Hulme, ganador del Booker Prize con The Bone People (una saga sobre dos enamorados, uno de sangre maorí y otro de ascendencia europea). Esa es una gran novela sobre el biculturalismo, pues Keri, además de todo, es fruto de un cruzamiento de maoríes con escoceses.
-¿Habría una escuela neozelandesa del tipo del realismo mágico latinoamericano?
-No. La literatura neozelandesa es fruto de diferentes voces y culturas, maoríes, ingleses, escoceses, polinesios, que crean conexiones entre sí, pero no creo que se pueda decir que hay algo que los caracterice como un grupo o una escuela.
-De todos sus libros, The Book of Fame parece haber sido el de mayor impacto popular. ¿Ya tuvo alguna propuesta para adaptarlo al cine?
-Coincidentemente, está en etapa de pre-producción y será dirigido por un australiano, Mark Joffe. El film tendrá otro título. El provisorio es The Originals y comenzará a rodarse en enero de 2008.
-¿Y qué está escribiendo ahora?
-Un libro titulado Notes from the Edge of the Empire.