Frente al gran desafío

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Leonardo Carreño

JORGE ABBONDANZA

AFORTUNADAMENTE, María Julia Caamaño está de vuelta en Montevideo. Esa uruguaya dedicada a la música había vivido unos cuantos años en Nueva York, donde no sólo obtuvo su master de canto en la Manhattan School of Music y ejerció el periodismo (colaborando como corresponsal en la sección Espectáculos de El País, entre otras publicaciones) sino que estableció contactos invalorables con el gran mundo sinfónico, lírico y coreográfico además de coordinar recientemente las transmisiones radiales en directo desde la Metropolitan Opera House, mientras entrevistaba a celebridades como Pavarotti, Domingo, Kanawa, Freni o Carreras y se encargaba de proyectos, producción de espectáculos y gestión publicitaria con cantantes de ópera. Es una mujer que no descansa en medio del torrente de sus compromisos, pero lo notable es que tampoco pierde por el camino un entusiasmo muy visible y además contagioso.

Con ese impulso mantuvo su charla frente al cronista, enterándolo de infinidad de pormenores sobre su actual desafío, la Dirección Artística del Sodre, cargo que ocupa desde el 15 de enero y que convierte su regreso al país en un hecho doblemente auspicioso. La palabra desafío no está usada al pasar, porque el Sodre en verdad plantea riesgos múltiples a quien ingresa en su estructura. El primer peligro es su complejidad como instituto que abarca los campos sinfónicos, líricos, camerísticos, corales y coreográficos, al margen del terreno cinematográfico en el Archivo Nacional de la Imagen. El segundo riesgo es la costosa financiación que exigen todos esos campos, el tercero es la intrincada programación que debe dedicarse a tantas actividades simultáneas a lo largo de la temporada y el cuarto es el azaroso itinerario que ha tenido el organismo, que sufrió pérdidas y decaimientos muy variados luego de su período de auge de las décadas del 40, 50 y 60.

En efecto: el viejo Estudio Auditorio se incendió en setiembre de 1971 y durante los 35 años y medio que siguieron no ha podido completar las obras de la nueva sala de Andes y Mercedes, un proyecto eternamente interrumpido, desestimado o postergado. Esa incapacidad no es una culpa propia sino ajena, porque en ella incurrieron los sucesivos gobiernos militares y civiles que han pasado por el país y que no quisieron o no supieron dedicar a su reconstrucción el empeño presupuestal o la voluntad política que pudieran sacar la gran sala adelante. En esa espera se sigue hoy, mientras circulan informes sobre un respaldo económico que vendría de España y permitiría culminar por lo menos el futuro Estudio Auditorio, ya que no todo el complejo proyectado en torno del recinto. Dicho panorama, sumado a las densidades burocráticas propias de cualquier repartición pública, permiten tener una idea del desafío que asumen quienes se incorporan a la plana mayor del instituto.

ANUNCIOS. Como María Julia señaló en sus palabras de apertura durante la reunión de prensa celebrada el 20 de marzo, a los problemas enumerados se agrega actualmente la falta de la Sala Brunet, ese espacio alternativo que el Sodre ha utilizado en los últimos tiempos para sus actividades sinfónicas y que se encuentra desde hace un año en refacciones, lo cual obliga a los cuerpos estables a montar sus espectáculos en otras salas que el organismo debe alquilar, como ocurrirá en meses próximos con el Stella o El Galpón. Esa dificultad adicional indica a qué punto hay que sortear problemas antes de permitirse el lujo de establecer una programación, pero un panorama que podría resultar abrumador no desanima ni distrae a la directora artística, que apenas dos meses después de instalarse en su cargo ya estuvo en condiciones de convocar a conferencia de prensa para anunciar (casi milagrosamente) el variado calendario de actividades que ocupará gran parte de este año. Allí figura el Ciclo Sinfónico Internacional junto a un Festival Beethoven, el ciclo de ópera y ballet de cámara, un Festival Brahms y varios conciertos extraordinarios, entre otras actividades.

"No hay que ponerse a medir desde ya los resultados ni proponerse transformar todo lo que necesita un cambio. Hay que ir trabajando día a día, construyendo el presente, tendiendo los contactos, planificando paso a paso y creando así los mecanismos que sostendrán gradualmente el futuro", dice María Julia con un ánimo por lo menos envidiable. No se le escapa ninguna de las dificultades que debe enfrentar, incluyendo la contratación de figuras extranjeras que pudieran tener fechas vacantes en el futuro inmediato, lo cual obliga a tender laboriosas redes de consulta, pero como además de ser una mujer sagaz y dueña de copiosos contactos en el exterior es una funcionaria ordenada, ya ha hecho las llamadas, ha mandado los e-mails, ha obtenido respuestas, ha confirmado fechas y ha estimulado a la gente que la rodea para que las etapas se cumplan en tiempo y forma, de manera tal que lo anunciado en la rueda de prensa se cumpla luego como corresponde en los meses que vendrán.

Inicialmente el vínculo entre ella y el Sodre se tendió gracias a Nelly Goitiño, pero esa ejemplar presidenta del Consejo Directivo murió a los pocos meses y María Julia confirmó su relación laboral a través de los otros dos miembros del consejo, Fernando Condon y Cristina Fernández. Desde mediados de enero sabe que "debemos hacer frente no sólo a la historia, no sólo al potencial del Sodre y a los promedios de calidad que tuvo en el pasado remoto, sino también a la agonía que el instituto vivió en un pasado cercano" y que ha condicionado de tantas maneras su funcionamiento actual. Por encima de eso, sin embargo, el cargo es según ella "la oportunidad de toda una vida para quien ama la música" y con semejante certeza se ha propuesto cumplir con la memoria de Goitiño, homenajeándola a través de un compromiso: el de "morir con las botas de la cultura puestas", como Nelly había dicho en los últimos meses de su vida. "Nosotros no podemos menos que honrar ese espíritu", afirma ahora María Julia.

CONCLUSIONES. Con su tenaz dedicación se propone acelerar los ritmos de trabajo para que la Sala Brunet esté lista en junio (porque ya ha programado actividades allí para el mes siguiente), y aspira a lograr no solamente un régimen de jubilación apropiado para los miembros del coro y el cuerpo de baile sino además "una remuneración adecuada" para que los instrumentistas de la orquesta sinfónica no deban repartir su tiempo con la Filarmónica de Montevideo, doble papel que afecta a una mitad de los integrantes, condicionando su rendimiento y el de todo el cuerpo en momentos en que se produce la renovación de buena parte de sus miembros "porque hay profesores que se retiran y jóvenes que llegan a ocupar esas filas, con lo cual se está formando la orquesta de los próximos treinta años y por ello se vive un momento histórico en la materia". Pero lo que María Julia llama "este tiempo de esperanza" requiere según ella "de todos nosotros como país un compromiso mayor. Necesitamos un Sodre eficiente, de gestión moderna, que esté de acuerdo con el arte y no con la burocracia. Un Sodre en función de sus cuerpos estables y de la música, no de mecanismos internos obsoletos que parecen ser un fin en sí mismos en lugar de ser el medio que pueda llevarnos a concretar grandes proyectos".

Esos proyectos dependen ahora en buena medida de su vitalidad, su capacidad planificadora y su disciplina, como fórmula de una victoriosa gestión.

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