La novela exhausta

Oscar Brando

UN PUNTO de partida posible para poder decir algo sensato sobre este libro es resucitar otro que el propio Carlos Fuentes publicó hace la escandalosa suma de 48 años: La región más transparente. Fuentes escribió esa novela que, merecidamente, lo instaló en lugar de privilegio, aprovechando la confluencia de un poder de representación intacto con una particular consideración del papel que el artista cumplía en ese mundo, lejano, de fines de los 50. Fuentes encontraba la armonía de una triple novedad: el estallido de una ciudad, México, que ponía en evidencia las dificultades de crecimiento en esa complicadísima trama de historias superpuestas; el dominio de los lenguajes adecuados, que Fuentes, sin dudas, poseía, para poner en escena ese conflicto; y la misión del arte y el artista, que no renegaban de su pretensión totalizadora y deicida. Cada novela reescribía el génesis y cada novelista se creía poseído del poder original.

Como Rulfo pocos años antes, Fuentes resultaba la extraña usina que generaba energía a partir de recursos sociales. A diferencia de Rulfo, que había apretado en síntesis extrema su producción artística, Fuentes había alcanzado altos grados de concentración para luego prodigar y desarrollar las partes de ese conjunto abigarrado. Su obra quiso contener la historia pasada y presente de México, la que se desprendía de la tradición indígena e hispana y la que surgió con la independencia y la proximidad deslumbrante y cegadora de los Estados Unidos. Las sagas populares se continuaron en las formas masivas diseñando un renovado mural que se inscribía en la fuerte tradición artística del siglo XX.

TODO CAMBIA. Pero la precaria coexistencia de los factores que dieron vida a la mejor obra de Fuentes se deshizo. Se fue perdiendo la novedad del México moderno, mezcla de mitos y revoluciones. Los nuevos narradores intentaron una voz menos estridente, más monótona y parecida al indiferenciado murmullo urbano, menos cercana a la del génesis bíblico. La novela ya no intentó restaurar el sentido perdido del mundo. Al mismo tiempo las fuerzas creadoras de Fuentes decayeron: él tampoco fue capaz de continuar el proyecto estético de los 60 (lo intentó hasta Cristóbal Nonato, 1985) y no sintonizó con una narrativa que se había bajado de aquella omnipotencia. Los años con Laura Díaz (1999) mostró las debilidades últimas del escritor: el mural mexicano se iba simplificando, se había contagiado de la frivolidad y las facilidades de una narrativa en expansión.

Todas las familias felices, el nuevo libro de Carlos Fuentes, no pudo evitar estos problemas y agrega algunos otros. Podría insinuarse, en su defensa, que esta que ahora prueba Fuentes es la nueva manera, la que corresponde a nuestros días, de escribir La región más transparente. El nuevo libro vuelve a ser una saga de relatos, sin ilación visible, que recorre el México actual. Lo hace con esfuerzo de imaginación encomiable: Fuentes inventa 16 cuentos (unos pocos tienen continuidad, los otros son independientes entre sí) y con ellos arma un mosaico irregular. El conjunto no es pues una novela en el sentido clásico. No deja una huella memorable como ficción y su competencia como aporte a la historia de la cultura está en desventaja con respecto a los nuevos discursos historiográficos: microhistoria, historias de la vida cotidiana.

EL PRESENTE COMO NOSTALGIA. Es imposible sintetizar los motivos de los relatos o encontrar algún denominador que explique su unidad. Tal vez cierto clima del pasado, un instalarse más en la memoria vivencial que en el presente sea la impronta, y una de la tantas debilidades, de esta obra. El libro de Fuentes no da nunca la idea de presente, de problema actual. Su pátina es de pretérito, de algo que fue y que, si habita la realidad ahora, lo hace mediado por la nostalgia del escritor.

Uno de los relatos, que si no es ejemplar puede ser paradigmático, cuenta que un señor afortunado vive una vida exitosa. A pesar de su viudez, la esposa ausente le ha dejado un recuerdo apacible, una casa ordenada y un servicio doméstico perfectamente aceitado. La fortuna del señor no parece decrecer. Pero llega un hermano mayor díscolo que se propone romper esa rutina. Chantajeando moralmente, con la acusación del éxito y el fracaso, a su hermano menor, el intruso cambia las costumbres de la casa. Cuando parece que todo se va a descuajeringar sin remedio y el lector empieza a inquietarse, el advenedizo desaparece. Deja sin embargo una lección indeleble: "De ahora en adelante, todo me pondrá a prueba". Cada vida es la encrucijada de fuerzas, visibles algunas, ocultas otras, que se confabulan. En algún momento ese nudo revela sus tensiones y cambia la perspectiva del sujeto. Esto, que la película Caché plantea de manera magistral, Fuentes lo maltrata. Los problemas sociales están estereotipados, las historias individuales simplificadas para cumplir con el lector más complaciente.

Otros 16 textos se intercalan entre los cuentos. Se trata de fragmentos escritos en versículos que practican una escritura poética de imprecisa definición. Estos textos dicen ser corales: dan forma a las protestas, las quejas, los sueños o los alaridos de los pobres de esta tierra. Un estertor: "la violencia, la violencia" cierra la novela como un homenaje a El corazón de las tinieblas de Conrad. El proceso de estos textos da fácil cauce a tipificaciones como novela coral o inclusión de las voces calladas, pero no hay intensidad y tampoco ellos se libran de los lugares comunes y las frases previsibles.

Desde hace un tiempo parece inútil el esfuerzo de Fuentes por agregar algo a lo que ya hizo por la literatura de ficción. Sería más productivo concentrar su esfuerzo en un texto autobiográfico. Esas memorias serían la excusa válida para internarse en el pasado y mucho podrían decir para la historia de la cultura latinoamericana del siglo pasado.

TODAS LAS FAMILIAS FELICES, de Carlos Fuentes, Buenos Aires, Alfaguara, 2006. Distribuye Santillana. 422 págs.

La fábrica de fuentes

NACIDO EN Panamá el 11 de noviembre de 1928, en una familia de diplomáticos, el escritor mexicano Carlos Fuentes estudió en Suiza y Estados Unidos y creció en distintas ciudades como Quito, Montevideo, Río de Janeiro, Washington, Santiago y Buenos Aires. Recién se radicó en su país, México, en 1965. Sin embargo, México es el centro de sus preocupaciones. Se graduó en Derecho en la Universidad Autónoma de México y en el Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra (Suiza). Ocupó varios cargos diplomáticos a nombre de su país, entre ellos el de embajador en Francia, y delegado mexicano en la Conferencia sobre Cooperación Económica Internacional.

Su primer libro, Los días enmascarados (cuentos), se publicó en 1954, pero fue a raíz de la publicación de sus primeras novelas La región más transparente (1959) y La muerte de Artemio Cruz (1962) que se convirtió en uno de los nombres mayores del "boom" de la novela latinoamericana, junto a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Alejo Carpentier, Mario Vargas Llosa y José Donoso, entre otros.

Desde entonces ha publicado una veintena de novelas, entre las que se destacan Zona Sagrada (1967), Cambio de piel (1967), Terra Nostra (1975), Una familia lejana (1980), Gringo Viejo (1985), Cristóbal Nonato (1987), Diana o la cazadora solitaria (1996), La silla del Águila (2003). Entre los libros de cuentos están Agua quemada (1981), La frontera de cristal (1995) e Inquieta compañía (2004).

Su ensayo La nueva novela hispanoamericana (1969) es un clásico sobre la generación del boom. En ese género publicó también El mundo de José Luis Cuevas (1969), Cervantes o la crítica de la lectura (1976), Valiente mundo nuevo (1990), El espejo enterrado (1992), Retratos en el tiempo (2000), Contra Bush (2004) y Los 68 (2005), entre varios otros. Es autor de varias obras de teatro.

Fuentes recibió varios premios literarios: el Seix Barral, el Premio Nacional de México, el Rómulo Gallegos, el Alfonso Reyes, el Premio Cervantes, el Menéndez Pelayo, y el Premio Príncipe de Asturias.

Actualmente alterna su residencia entre París, distintas ciudades de Estados Unidos o Inglaterra, donde da clases. En abril visitará la Feria del libro de Buenos Aires.

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