MARCADOS PARA SIEMPRE, de Roberto Cyjon. Banda Oriental, Montevideo, 2006. 176 págs.
TESTIMONIAR sobre todo acto de barbarie, sobre violaciones a los derechos humanos, es una necesidad imprescindible. Testimoniar la Shoá, el genocidio de seis millones de judíos a manos del nazismo, sigue y seguirá siendo vital para el futuro de la humanidad. Una "sensación confusa de impotencia, dolor e indignación", la conciencia de estar ante lo inexplicable, ante lo "inabordable desde un solo ángulo del conocimiento", son algunas de las razones que impulsaron al autor a plasmar esta novela cuyo único y gran tema es la obligación y la importancia de testimoniar. Bernardo, un ex soldado del Ejército Rojo que conoció de cerca lo campos de concentración, es capaz de hacerlo toda vez que se lo piden. Tiene muy claro que la memoria es una construcción permanente y que nunca será suficiente todo lo que se diga o escriba sobre la Shoá. Por sobre todo sabe que "si no contamos, ellos ganan". Junto a él, Mauricio, sobreviviente de Auschwitz, continúa viviendo dentro suyo el horror "como un volcán, con todos los dolores para explotar de alguna manera". Para él, contar lo vivido es lo más difícil. Su drama se asemeja al de Primo Levi, vive "atrapado en la doble angustia de no rendirse al olvido y de no poder soportar el recuerdo". El centro de atención de la obra es la existencia de ambos, simples seres comunes desbordados por su pasado y comprometidos con el presente. El cuadro se completa con Carolina, nieta de Mauricio, y su amiga Matilde, representantes de las nuevas generaciones que luchan por captar toda la dimensión de aquel horror y se preguntan cómo transmitirlo a los jóvenes de hoy.
Confiesa Roberto Cyjon en su epílogo que pensó en escribir un ensayo "pero finalmente decidí vivenciar emociones y opté por el género novela." Esta postura se subraya en el relato con testimonios recogidos en bruto, sin adaptación a la escritura, pero también está presente en los largos diálogos entre las dos jóvenes y entre los dos viejos judíos en su encuentro semanal en un bar. Será la peripecia anímica de Mauricio la que dinamizará la narración en una serie de episodios que lo llevarán a profundizar los avatares de su lucha interior, sus instancias de superación, sus pesadillas, sus abismos. La voluntad didáctica del texto se complementa con un extenso número de notas, en su mayoría tomadas de la Enciclopedia del Holocausto, que ilustran el tema con precisión.
No es válido observar el valor literario de esta obra. Solo importa afirmar que esta novela, como los dos libros de Ana Vinocur, Un grito por la vida, de Chil Rajchman, y La flor que no coloqué, de Johanna Spinak, merece un lugar destacado entre las memorias de judíos sobrevivientes de la Shoá residentes en Uruguay.
A. A.