Alfredo Fressia
Eclipse
Sabías que esa noche llegaría, la del sistro de caliza
yaciendo en la caverna, en silencio los lobos
y los hombres de manos artífices, tan diestros
en el arte de morirse.
¿Y tú, ahí afuera, te sorprendiste herido por los astros?
Ya no palpitan, no son almas donde huía fugaz una pasión, esta vez
nacieron opalinos huevos del eclipse, esperando por abrirse
en el derrumbe. Caerán sobre la tierra que pisaste, planetas huecos
de la primera cuadratura, piedras rotas sobre el cristal que habías historiado
con tus viejas escenas de caza en Nínive.
La hora llegó, ya viste demasiado el pergamino de tu cielo.
Ya sabes que tu pecho en negativo no acusa corazón ni familia ni nada
de sagrado, Fressia irremediable, sólo esa ostra celeste hecha de tiempo,
madreperla menguante (no repitas la mala suerte en el eclipse)
donde volvía a nacer siempre tu padre, indagando inútilmente
por un hijo, su mensaje en el tiempo, huellas digitales contra el vidrio
empañado de futuro y a ti, botella al mar, te tragaba el torbellino,
dorsal, desde los Apeninos a la pampa.
No nos fijemos en detalles, eso
era el futuro, ya lo sabías refugiado en el vientre del bisonte:
eras hombre y mujer, y el cielo fue un desierto
donde ardió media hora la fogata fría de tus huesos,
y estaba escrito que no hubiera bordes ni destino
ni esperanza de morir cercado de tus hijos, el semicírculo acosado
desde antes de nacer. No te veo acariciando sus blandos esqueletos,
tus niños muertos (de joven llorabas), canciones para danzar
entre los dientes de papel del dragón chino, tan manso,
como las lunas rupestres de cada aniversario, recién nacían,
eran las últimas sombras del eclipse, mientras el sistro, Fressia,
te seguirá esperando rajado entre tus manos. l
Anochecer en la torre
"Ursula punza la boyuna yunta"
Julio Herrera y Reissig
¿Ves? Siempre retumba antes de la huida, brusca
la tarde se derrumba. Úrsula ya no punza
la boyuna yunta y aún no duerme la penumbra
en la espesura. ¿Una tundra? La instantánea oculta:
"Une station balnéaire sur le Rio de la Plata, 1900"
o antes, cuando sucumban los montes en fuga
al túmulo del mar. ¿Ves sobre la playa una medusa
gigante como la congoja? ¿Úrsula no pregunta?
¿Qué lengua muerta el alma pronuncia? Punza
la noche, la cena, la persiana abrupta.
Una mosca perturba la órbita nocturna,
está extraviada, zumba. l
Higiene
olho muito tempo o corpo de un poema
até perder de vista o que nao seja corpo
Ana Cristina Cesar
Apagón y lluvia
la noche del eclipse,
no se pudo ver nada.
En casa me sequé, tomé café oscuro
y con la manga me limpiaba la sangre
en las comisuras de un verso de Ana C. l
El vergel y la laguna
Yo también fui a verme en la laguna, junto al vergel inmóvil,
el de las bayas solemnes como hostias. Era yo y era el pasado, la resaca,
mala espina el primer día de un destierro, mi vez
de besar el abandono mientras yacía la espada de Lisandro,
ganador de batallas, en la orilla. Vi las frutas del tiempo
en la naturaleza muerta, mi sazón
de viejas ordalías, las dos manos y un círculo de lunas
negras latiéndome en el pecho. Si giro a la derecha
los dedos empuñan el cuchillo, arden heridos por la espina
y se crispan como un Peloponeso.
Con la izquierda hundo las uñas en la pulpa, momia sin color
mordida por un Dios y cuatro hombres,
dos soldados, dos ladrones bellos como el crimen.
Un moscardón y un ángel vuelan sobre la laguna, yo me ahogo
en el reverso del mundo tenuemente iluminado
tras la piel del fruto.
El autor
ALFREDO FRESSIA nació en Montevideo en 1948 y desde 1976 reside en Brasil. Es profesor de Lengua y Literatura francesa, poeta, crítico y ensayista. Su obra poética incluye Un esqueleto azul y otra agonía (1973), Clave final (1982), Noticias extranjeras (1984), Destino: Rua Aurora (1986), Cuarenta poemas (1989), Frontera móvil (1997, Premio del MEC), El futuro/ O futuro (Lisboa, 1998), Veloz eternidad (1999, Premio del MEC). Es habitual colaborador de este suplemento en temas de crítica literaria.