Grandes dibujantes en una muestra sobre los 80 y 90

Perspectiva. Una exposición que permite mirar hacia atrás

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Anoche quedó habilitada en la sala del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (Rincón 575, casi Juan Carlos Gómez) una muestra colectiva de dibujantes nacionales surgidos en los años 80 y 90.

Estas recopilaciones, donde suelen figurar agrupados los nombres destacados de un período del arte uruguayo, tienen el valor de ordenar y despertar la memoria, ilustrar a los jóvenes sobre tendencias y sellos de una etapa del pasado y rescatar del olvido a ciertos talentos cuyo recuerdo ha tenido menos duración que la merecida por una obra perdurable. Hace poco se realizó otro repaso similar sobre una generación previa de plásticos nacionales, y lo que se traza en este caso es un friso de dibujantes valiosos, en una disciplina que ha conocido dentro del medio local unos cuantos esplendores. El dibujo como género artístico es muy admirado por un sector del público, aunque los escépticos lo consideren una suerte de esqueleto de la pintura y los extravagantes como el querido Espínola Gómez digan que no existe como lenguaje autónomo, limitándose según ellos a ser una de las variantes posibles de la expresión pictórica.

Lo que se rescata en la sala del MTOP, con curaduría de la infatigable María E. Yuguero, no incluye algunos nombres de singular interés (Satut, Restuccia, Fornasari, Sclavo, Arotxa, el melense José Mujica) quizá porque surgieron con anterioridad, pero reúne a treinta firmas entre las cuales figuran algunas luminarias en la materia y unos cuantos nombres cuya trayectoria y prestigio se han mantenido vivos hasta hoy. Allí puede echarse una ojeada a los monstruos baconianos de Walter Aiello, los escenarios misteriosos de Álvaro Amengual, la caligrafía y manchas coloreadas de Enrique Badaró, el hiperrealismo de Eduardo Balbi, los vigorosos grafismos de Álvaro Cármenes, el paisajismo académico de Gustavo Fernández, el lirismo de los trazos de Luis Ferrer, la sombreada humanidad de Rodrigo Fló, las inquietantes viñetas de Claudia Ganzo, las ciudades imaginarias de Alfredo Ghierra, el poderoso surrealismo de Javier Gil, la fascinación noctámbula de Pilar González, el caricaturismo magistral de Horacio Guerriero, las preciosas ilustraciones de Fermín Hontou, los turbadores engendros de Virginia Jones, las maravillas minúsculas de Ricardo Lanzarini.

La lista prosigue con la habilidad suprema de Oscar Larroca, las tinieblas envolventes de Marcelo Legrand, las formas sinuosas de Gerardo Mantero, las estampas en papel de Cecilia Mattos, el turbulento universo de Inés Olmedo, las figuras en remolino de Rogelio Osorio, las mujeres voladoras de Virginia Patrone, la elegancia "liberty" de Alvaro Pemper, las anatomías explosivas de Gerardo Ruiz, el jardín miró-iano de Felipe Secco, la raya delicada de Alejandro Turell, las tintas corpóreas de Renzo Vayra, la destreza renacentista de Martín Vergés y las figuras de historieta de Gustavo Wojciechowski. Además de permitir un repaso a parte de la hueste de dibujantes que se volcaron al conocimiento público durantre dos décadas, esta selección facilita también la confrontación de líneas y modalidades personales, sin dejar de lado el placer visual que deparan unos cuantos de los trabajos incluidos. Además de haber sido históricamente un país de pintores, el Uruguay demuestra ser además una cantera de dibujantes.

Historia: La muestra certifica además que Uruguay es un país de dibujantes.

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