Desde John Travolta y su avión privado hasta Moria Casán y su vida de lujo en Argentina, la opulencia rodea sus vidas y es parte de lo que, al difundirse, construyen sus imágenes casi como mitos. El público siempre ve sus vidas con perspectiva. Es una perspectiva desfigurada, pero es la que ayuda a verlos como gente especial (más allá de que muchas celebridades tengan muchísimo talento en lo que hacen). Esta imagen, a su vez, les da un aire de importancia que convierte su peso en oro. Todo lo que tiene que ver con ellos (al menos con las celebridades más pesadas) vale plata para quienes viven de hablar sobre ellos. Esto, a su vez, tiene como consecuencia una persecución constante hacia ellos de parte de los medios y sus periodistas y fotógrafos, ansiosos por captar cualquier momento de estas vidas privilegiadas y lejanas para cualquiera.
Los fotógrafos son muchas veces los intermediarios entre el público y los famosos. Son intermediaros que normalmente no son invitados, que buscan constantemente imágenes de los famosos. Justamente por eso Halle Berry le pidió hace unos días a Barack Obama que se haga una ley de protección a los niños contra los paparazzi.
El acoso es fuerte en países donde la industria del espectáculo tiene mayor desarrollo y posibilita una industria del chimento poderosa y competitiva. Estados Unidos es el mayor ejemplo pero también se da en España y en Argentina. El público no ve habitualmente esto, sino que sólo recibe las notas y las fotos a través de las revistas, las webs o los programas.
El origen de esta petición de Halle Berry está en un incidente que vivió una semana atrás, en el que perdió el control cuando un grupo de fotógrafos comenzó a acosar a su pequeña hija. "Estoy haciendo algo honorable, no estoy acosando a la gente", les gritó. "No hay leyes que protejan a nuestros niños y, como mamá que va al colegio... no sólo mi hija, sino todos los niños que están allí. Está mal, mal, mal", dijo en una entrevista posterior. Más claro, es imposible.