Una vida lejana y muy poco ordinaria

Generalmente se trata de un tema que apunta deslumbrar. Los lujos que se permiten muchas figuras siempre llama la atención y motiva algunas conversaciones. No hace mucho se habló de todo lo que gastaba Beyoncé para mantener a su hijo recién nacido, una fortuna impensable desde el punto de vista del grueso del público que compra sus discos y la sigue en sus shows.

Ayer leí que la mejicana Jenni Rivera tendrá un avión privado para trasladarse en su país para cuando tenga que trabajar como jurado en el programa de competencias La voz… México. La cantante dijo muy tranquila que el avión le permite organizar sus diversos compromisos laborales y ajustar su agenda. El avión, además, surgió por un pedido de ella a la producción del programa, casi como condición para no faltar a ninguna de las grabaciones.

Unos pocos días atrás surgió la noticia de que Angelina Jolie le había regalado un helicóptero a Brad Pitt. ¿Para qué? Para entrar y salir con más tranquilidad de su mansión en Francia. El helicóptero costó en su lugar de origen un millón de libras, que es más de un millón y medio de dólares. Pero eso no es nada. Pitt antes gastó unos siete millones y medio de euros en arreglos para dicha mansión. Así que el regalo estaba a la altura de las necesidades del nuevo hogar. Y antes de eso él le había regalado un anillo de compromiso que valía ciento noventa y dos mil euros.

Creo que todos estos lujos y su divulgación son lo que suele alimentar el mito de la farándula y convierte a sus protagonistas en leyendas ambulantes, que parecen vivir en un Olimpo muy lejano al mundo cotidiano de su público. Conocer que la mansión de Michael Jackson tenía muchos más baños que habitaciones puede parecer algo tonto, irrelevante, pero es la clase de información que construyó su imagen (y hubo miles de datos como ese mientras Jackson vivió).

La gracia que tiene el mundo de la farándula es su lejanía de la vida cotidiana.

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