El pasado 12 de mayo hubo elecciones de jóvenes en el Partido Nacional. Participaron 391 listas en todo el país, que fueron votadas por 46.037 personas de entre 14 y 29 años.
Hay una primera forma de ver el resultado. Es pesimista. Surge de la evidencia de las cifras: votaron menos jóvenes en 2012 que en 2007, cuando acudieron a las urnas 53.920 personas. Ese descenso del 14%, y de 50 listas menos presentadas, pueden ser consecuencia de que en estos cinco años el Partido Nacional no fue capaz de contemplar esa gran votación de 2007, ni de otorgar el protagonismo al que aspiraban esas nuevas generaciones.
Seguramente haya algo de cierto en esta forma de ver las cosas. Empero, no tiene en cuenta que fueron decenas los jóvenes que hicieron sus primeras armas electorales en 2007 y que luego, en 2010, ricos de esa experiencia, lograron ocupar lugares preponderantes en la función pública, sobre todo en el escalón departamental-municipal: ediles, directores de Intendencia, concejales, etc.
También es cierto que una mejor explicación de esta baja en el total de la votación se encontrará con provecho al tener en cuenta las coyunturas departamentales. En Tacuarembó o en Flores, por ejemplo, el crecimiento en votos con relación a 2007 fue de más del 40%; inversamente, la merma en Maldonado, Rivera o Colonia, departamentos bien poblados, fue también superior al 40%. No es novedad que el protagonismo de la militancia y el entusiasmo juvenil deben ser respaldados por la tarea de todo un partido y de sus distintos sectores para que se traduzcan con éxito en las urnas. Evidentemente, la organización partidaria respondió de forma dispar en los distintos departamentos.
Hay una segunda forma de ver esta elección. Es optimista. El Partido Nacional tiene una vigorosa inserción en las nuevas generaciones. Con alrededor de 15.000 candidatos que figuraron en sus 391 listas y que se identificaron con sus principios y postulados, impresiona el formidable horizonte de renovación política que se abre a uno de los partidos más viejos del mundo. Además, la repetición de elecciones con tantos miles de postulantes en el espacio de cinco años señala, contundentemente, que ese horizonte no es casualidad.
Los blancos están pues ante un importante desafío. En efecto, la transformación del impulso juvenil en renovación partidaria con sólidos sustentos precisa, invariablemente, de la formación política de las nuevas generaciones. Porque no es novedad que las narraciones de Historia reciente a las cuales ellas pueden acceder en la educación pública y privada, por ejemplo, están completamente sesgada en un sentido que busca generar adhesiones frenteamplistas. Y tampoco es novedad que estas nuevas generaciones conocen poco y mal las modernizadoras gestiones de los gobiernos blancos, tanto en tiempos del colegiado como en el período 1990-1995.
Así, para enfrentar ese desafío, con el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer, el Centro de Estudios del Partido Nacional que coordina el senador Luis Alberto Lacalle llevará en estos meses a todas las capitales departamentales del país cursos de formación política para los jóvenes que acaban de ser electos. Es más, apelando a las nuevas tecnologías de información, ya está en funcionamiento la página web www.en-politica.com, de manera de también multiplicar las posibilidades de formación de los miles de jóvenes nacionalistas que votaron el 12 de mayo.
Esta novedosa tarea del Centro de Estudios del Partido Nacional, claro está, no es suficiente. Además de formación política, los jóvenes precisan foguearse participando en donde se procesan las decisiones partidarias. La iniciativa del presidente del Directorio Luis Alberto Heber de integrar a esa autoridad máxima a las autoridades nacionales jóvenes que surjan de estas elecciones de mayo, también es un signo positivo en este sentido.
El Partido Nacional se está renovando de la mejor forma que puede hacerlo un partido político: con elecciones abiertas que integran a las nuevas generaciones; formándolas políticamente, y abriéndoles la puerta a la participación real en las decisiones partidarias. Llama la atención el vigor de este movimiento, sobre todo cuando se lo compara con los viejos y anquilosados procesos y con las sempiternas y repetidas figuras que animan las elecciones internas frenteamplistas.