DANIEL HERRERA LUSSICH
"¡Bonomi, Bonomi!"... Cerca de dos mil personas entonaron un estribillo reclamando la renuncia del Ministro del Interior. La gente se agolpó a las puertas de la Torre Ejecutiva con banderas patrias, demostrando toda su indignación y también seria preocupación y dolor. Y apuntaron con el dedo hacia la cabeza principal, encargada de la prevención y represión de la ola delictiva que desde largo tiempo azota el país a lo largo y a lo ancho, sin discriminar clases sociales, barrios, comercios gigantescos o pequeños, residencias o taperas. Todos están siendo implacablemente castigados por delincuentes, desde casi niños a adultos. El revólver asesino o amedrentador para apoyar el robo lo empuñan tanto menores de 14 a 17 años como hombres que promedian los 30, 40, 50 o más años de edad.
Actualmente, el 72% de los que delinquen son reincidentes. Han pasado por las cárceles o las deficientes dependencias del INAU. Allí radica uno de los males. La imposibilidad de la rehabilitación es evidente. Pero el problema es más profundo y sale de familias que viven sumergidas y a las cuales rara vez ingresan las autoridades. Aquel menor infractor que cae es representante de una tercera generación sin educación ni trabajo, que sale todas las mañanas de su casa a delinquir. Y lo peor es que la mayoría de ellos no tiene límite alguno en su carrera de violencia, robos, rapiñas, asaltos, golpizas y uso de armas. Revólveres, pistolas, escopetas con caño recortado, cuchillos, navajas, todo aparece en poder de los rapiñeros como por arte de magia. Nadie acierta a interrumpir la cadena de tráfico de armas y drogas. Hasta ahora se intenta tapar el sol con las manos.
El comentario de la gente señala que el presidente José Mujica y su elenco de gobierno no se exhiben muy activos en este capítulo que tanto machaca a la sociedad. Rara vez sale a luz alguna dura referencia a la inseguridad en el polifacético y vasto diccionario del mandatario. Sorpresivamente, sin embargo, hace pocas horas en un lenguaje que él mismo definió de fuerte, nada extraño para los que lo escuchan con regularidad, calificó de nabos de m…., ratas de cárcel, giles y abombados a los menores delincuentes. No anunció un plan para enfrentar la delincuencia, pasó al terreno de los consejos y alertó a las familias de avivar a los adolescentes infractores y cuidar la vida. Pero el ciudadano, que debe salir a diario de su casa hacia el trabajo, con el temor de que lo asalten en el ómnibus, taxi o automóvil, o cuando camina en plena calle, tampoco deja de recordar con temor que atrás dejó a a la familia, su esposa o los niños en la casa, tan expuestos como él, a la violencia de un copador sin principios, ni límites. Ese hombre es miembro de una sociedad que aspira a ver que se hace algo para que los uruguayos se sientan mínimamente protegidos y tengan la esperanza de una vida de paz. Y como consecuencia razonable, la gente no está conforme con la gestión de Bonomi. Son muchos los que piden que Mujica lo aleje del cargo. Pero se sabe, lo aseguran sus más allegados, que no pasa por la imaginación del presidente sustituir a Bonomi. Es uno de los hombres del gobierno de mayor confianza del mandatario y mantiene con él una amistad y afinidad desde largas décadas.
CARTERA CALIENTE. Si bien el Ministro ha dado más en la herradura que en el clavo se encuentra seguro al frente del cargo más complicado. Se recuerda asimismo a los antecesores titulares de la cartera: José Díaz y la actual diputada Daisy Tourné; a la vez que tampoco se vislumbra en el panorama general de figuras de peso del Frente Amplio un sustituto de Bonomi. Es cierto que hasta ahora sus promesas de efectividad no se materializan y es notorio su malhumor cuando le llegan críticas, aun las razonables y no ofensivas. Pero la realidad lleva a pensar que un cambio en la actualidad, nombrando un sustituto sin experiencia en uno de los peores momentos de la historia del país en materia de inseguridad ciudadana, no es aconsejable. Puede aparejar horas de mayores y más graves problemas.
Bonomi ha iniciado un nuevo proyecto de lucha contra la delincuencia, promete 800 policías más en las calles antes de fin de año, se ha renovado la flota de patrulleros y se han adquirido modernos sistemas de comunicación interna. Pero cuidado… el Ministro debe oír y aceptar las críticas. Ocupa un sillón de confianza política. Los gritos en la plaza, de días pasados, lo molestaron más allá de lo previsible y tildó la manifestación de "politizada". Obviamente sabía que no iba a recibir aplausos. Allí estaban presentes indignados y temerosos, simpatizantes de uno y otro partido, que gritaban a veces con algún término exagerado pero no agraviante. Entre ellos había representantes del propio Frente Amplio. El sentimiento de los manifestantes era de enojo, apabullados por la falta de protección que las fuerzas de seguridad deben dar a los ciudadanos. Se escuchaba una sola voz, de inquietud, dolida y exigiendo actitud firme contra la delincuencia.
DISCURSO DIFUSO. Bonomi había advertido a todos que gran parte de la violencia y los homicidios se originaban debido a la resistencia de dueños de casa o comerciantes ante el rapiñero o asaltante. Pero en casi todos los últimos asesinatos no existió resistencia y los delincuentes dispararon igual a matar con la mayor sangre fría. El Ministro sostiene también reiteradamente sobre la incidencia importante de la pasta base en el resquebrajamiento de los límites morales y de respeto a la vida. Es exacto, pero es otro aspecto a sumar, no todo va por ese condenable camino. Ninguno de los cuatro, apresados con sorprendente rapidez, culpables del terrible crimen del trabajador de "La Pasiva", eran adictos a las drogas.
Desde esta semana habrá chequeos sorpresivos y alternativos en Montevideo; se realizarán revisaciones de porte de armas y se recorrerán los barrios, según lo prometió el Jefe de Policía, quien da la impresión de conocer bien la profesión. Aseguró, sin titubear, que se "aplicará mano dura en la represión y se perseguirá a los vendedores de pasta base".
Simultáneamente se reclama la participación de todos los uruguayos para una lucha difícil y larga. Pero para eso, el ciudadano también debe observar constantemente el ojo vigilante de la Policía, la recorrida del patrullero a la salida de escuelas y liceos, la clausura de las bocas de pasta base, hoy verdaderas fortalezas hasta con cámaras de video para fugar ante la llegada de los efectivos.
Es necesaria una mayor sincronización de los servicios de Inteligencia. ¿Se puede considerar normal que las cárceles y casas de resguardo de menores infractores funcionen como sistemas de puertas abiertas para que ingresen armas de todo calibre, drogas, celulares o guardias que miran hacia otro lado o no se encuentran en sus horarios en sus puestos? Todo eso ocurre.
Mujica no estuvo feliz (aunque estuviera en su agenda del día) correr una carrera de "Fusca" en El Pinar a pocas horas del asesinato del trabajador de La Pasiva, y enviar un representante al sepelio. Es un hombre pragmático y realista pero extrañó su equivocado asesoramiento o sorpresivo error.
Tampoco se puede afirmar, como lo hizo el Ministro y otros representantes del gobierno, que la manifestación del lunes pasado obedeció a motivaciones políticas. Todos los uruguayos estaban consternados e indignados por el trágico suceso. Y si hubo algún grito fuera de tono surgió del dolor, la impotencia y el reclamo de acción que nace de todos.
Se debe reaccionar. Tenemos el deber de luchar contra el flagelo pero fundamentalmente exigir la inquietud, la movilización y la efectividad de José Mujica, Bonomi y el resto del gabinete.
En 2012, los homicidios crecieron un 41% en el primer trimestre en relación con el año anterior, y ahora en abril hubo un asesinato por día. ¡Nadie puede hacer oír sordos ni quedar de brazos cruzados por arcaicos principios ideológicos!