Martín Bossi pasó por Uruguay y dejó sus huellas en El Galpón

El actor argentino llenó la sala e hizo delirar al público.

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CARLOS REYES

Al principio, cuando se empezó a planificar traer a Montevideo el espectáculo El impostor apasionado, de Martín Bossi, hubo dudas en algún ámbito sobre si iba a haber público suficiente para él. Pero el viernes algo antes de las 21 horas, frente al Teatro El Galpón, el gentío que se había acumulado indicaba a las claras que hay y sobra público en Montevideo para ver a un ex Tinelli que decidió abrirse por cuenta propia para montar un show a su imagen y semejanza. Fue por eso que el domingo último se agregó una segunda función, y según se dijo, si hubiera seguido una semana más, también habría podido agotar.

Son muchos los puntos de apoyo que tiene el espectáculo para tamaña convocatoria, además de un nombre popular gracias a la fama televisiva. Para empezar, una buena banda en vivo con todo: teclados, cuerdas y percusión, con músicos dúctiles que además se suman a un sketch cuando la ocasión lo requiere.

Luces, música y tres pantallas gigantes estimularon visual y auditivamente al público, que por momentos recibía más estímulos de los que podía procesar. En ese sentido, el show de Bossi fue colorido, rico en imágenes, en variaciones y en sorpresas. A su vez, un telón dividió varias veces el escenario para crear un espacio menor, donde el espectáculo tomaba una cosa íntima, en un registro completamente diferente.

Pero todo eso no se podría sostener a lo largo de dos horas sin un intérprete carismático, y Bossi lo es. Con algo de Fernando Peña, otro poco de Favio Posca, y mucho de sí mismo, Bossi mostró todo lo que puede dar su talento, tanto en la concepción general del espectáculo como en su desempeño sobre el escenario. Es que Bossi es de esos actores salvajes, aguerridos, que en escena se convierten en verdaderos animales de teatro.

En ese aspecto, su presencia quizá empiece a suplir en algo a la de Peña, el fallecido actor uruguayo que, radicado en Buenos Aires, trajo durante varias temporadas un poco de locura a las salas de esta capital.

Uno de los secretos de su éxito tiene que ver con que ni reniega de lo que hizo en televisión (porque la gente va a ver eso) y a su vez agrega otras cosas, y sobre todo, parodia y critica aspectos de lo que Tinelli ofrece desde hace tanto tiempo.

Y además, el público recibe sus imitaciones con un delirio, como si tuviese a Sandro, a Luis Miguel o a Cacho Castaña frente a sus ojos. Junto a eso, Bossi realiza monólogos en los que hace humor desde los personajes que imita. Además, la pantalla gigante le permite dialogar con su propia imagen, y hasta cruzar un diálogo entre dos de sus imitaciones.

Desaforado (aunque, paradójicamente, con gran control de todo lo que sucede en su espectáculo), el energético artista hace de todo, desde bajar en la platea y hablar con el público, hasta despacharse contra muchos mediáticos. El show llega a cobrar algo de espectáculo roquero, mientras la gente aplaude a rabiar. El público vivió una verdadera catarsis, y el actor también. Seguramente quedó establecido un lazo que tendrá continuidad.

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