RUBEN LOZA AGUERREBERE
Colmar los apetitos espirituales desde las atalayas del conocimiento y la divulgación del saber, fue lo suyo. Lúcido, liberal y acérrimo defensor del modelo democrático, estudió en Lyon y, en 1943, ingresó en la Escuela Normal Superior. Como otros ilustres hombres de la cultura francesa, fue un "normalien". Hablo de Jean Francois Revel, pensador, complejo y apasionado, de quien se cumplieron el lunes seis años de su adiós a todos. Había nacido en 1924. Revel fue un pensador profundo y comprometido con la realidad de su tiempo. Un hombre enciclopédico.
Inconformista, polémico, aleccionador, tomó posición ante la cultura y la política con una obra muy vasta, realizada a través de la prensa (fue director de "Le Figaró" y columnista de "Le Point") y en sus numerosos libros de ensayos. A Revel debemos obras clásicas como "La tentación totalitaria", "El Estado megalómano" y "El conocimiento inútil". Su último libro es el de sus caudalosas memorias, titulado "El ladrón en la casa vacía", y que con generosa dedicatoria donde me llamaba "hermano literario" me hiciera llegar.
Le conocí en España, nos vimos en la asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (realizada en Punta del Este) y lo reencontraba en las jornadas liberales de Albarracín (Teruel), en las que participara también Mario Vargas Llosa. Estos encuentros anuales me depararon muchas oportunidades para interrogarle sobre los pensadores de nuestro tiempo, entre ellos, Malraux, Sartre y Camus.
Pero volvamos al periodismo, que era su esencia. Hablamos del corsé ideológico (sobre todo en países del llamado Tercer Mundo) que oprime las posibilidades del libre acceso y el disfrute de la información en la "aldea global" que habitamos. En aquellas conversaciones no llegamos a hablar, es verdad, de las llamadas redes sociales, que son un fenómeno muy nuevo y que afecta tanto a los países más desarrollados como a los del tercer mundo y sobre los que acaba de escribir su reciente libro Vargas Llosa.
A Revel le gustaba extenderse sobre la libertad de información, esencial para todos. Sostenía que la ideología marxista buscaba cambiar la realidad (recordaba el libro de su amigo Francois Furet titulado "El pasado de una ilusión", que hemos comentado aquí), porque de esa forma, decía, quienes no quieren la libre información, pueden trazar una franja entre lo real y lo fantástico. Y asimismo, decía que buscando acercar esas dos franjas fue que Mijaíl Gorbachov comenzó a trabajar, durante la "perestroika", y que cuando lo logró, la ex URSS cayó sola. Por ello reiteraba la importancia de la prensa y los medios de comunicación, libres y responsables, como soportes civilizadores de las sociedades modernas.
Hablando de literatura, Revel se confesaba admirador de Borges, sobre quien escribió ensayos. Con los escritores Ángelo Rinaldi, Raymond Aron y el académico Héctor Bianciotti (escritor de cuentos y novelista) fundaron en 1977 la "Asociación francesa de amigos de Borges". Como resultado de ello, lo invitaron a París a dar conferencias. Revel definía a Borges, diciendo: "Era un hombre universal. Uno de los grandes genios".
Vargas Llosa, que en rueda de amigos lo llamaba "nuestro tronante filósofo", lo recordó en su discurso de aceptación del Nobel de Literatura, hace dos años. Lo hizo con razón, porque a los libros de Revel debemos su higiene civilizadora.