MINAS | FERNANDO BONHOMME
Apenas alumbró el día, como cada año desde 1901, multitudes de devotos de la Virgen del Verdún comenzaron a arribar al santuario nacional enclavado en uno de los cerros que rodea la ciudad de Minas.
Miles de uruguayos -40.000 según algunas estimaciones- participaron ayer del ritual religioso de mayor convocatoria en nuestro país y que cumplió 111 años de historia.
Algunos fieles tomados de la mano, otros apoyados con bastones o muletas, jovencitas con sus trajes de quinceañeras, personas descalzas, mujeres con bebés en brazos, hacían de esta peregrinación religiosa una celebración particular y popular.
En el correr de la jornada arribaron hasta la falda del cerro 90 ómnibus y más de 2.500 vehículos. Las líneas de transporte urbano de Minas realizaron más de 80 viajes durante el día llevando y trayendo gente.
Monseñor Jaime Fuentes, Obispo de Minas, expresó en su mensaje a los fieles que la multitudinaria convocatoria del Verdún, durante más de 100 años, reafirma el concepto de que Uruguay "ha sido y es un país católico".
En este sitio no hubo ninguna aparición, ningún hecho milagroso, sino que fue idea de un sacerdote colocar una imagen de María que pudiera ser venerada por la población.
Este año hay un tema de fondo que preocupa a los obispos, según quedó de manifiesto en la celebración, y es el tema de la familia; "la familia como patrimonio de la humanidad", dijo Fuentes.
"Hay un gran trabajo que hacer en la educación. El gobierno tiene una serie de medidas que son restrictivas para el ámbito privado", dijo. "Cuando se anuncia el boleto gratuito, se hace exclusivo para los institutos estatales, aunque la educación es pública porque va dirigida a todos los uruguayos. Los colegios privados, incluyendo los católicos, no tiene ningún beneficio", sentenció.
Agregó que a la iglesia le cuesta enormemente mantener los colegios porque "no recibe ninguna ayuda" del Estado, a diferencia de lo que ocurre en otros países".
La misa, que tuvo lugar en la capilla de la falda del cerro a las 15 horas, fue concelebrada con los obispos de Maldonado, Melo y Florida.