El legendario actor Frank Langella, cuya carrera se ha extendido por cuarenta y cinco años, acaba de debutar como escritor con su libro de memorias "Dropped Names: Famous Men and Women as I Knew Them".
El título significa en español Nombres al azar: hombres y mujeres famosos, tal como los conocí. Este libro, que salió a la venta la semana pasada, es una colección de sesenta y seis historias basadas en sus impresiones sobre estrellas de cine, celebridades, íconos de Broadway, políticos y escritores, incluyendo a John F. Kennedy, George C. Scott, Tip O`Neill, Bette Davis, Jill Clayburgh y Charlton Heston. Todos muertos menos uno.
Incluye historias de citas con Elizabeth Taylor, de cuando pasó como un rayo frente a Sir Laurence Olivier, jugar Scrabble con el filántro Paul Mellon y ser cortejado por los actores Noel Coward y Roddy McDowall (aunque aclara que ninguno de los dos tuvo éxito). Langella y Marilyn Monroe platicaron sólo una vez, pero eso le cambió la vida.
El actor dilucida sobre una larga trayectoria que lo ha puesto a centímetros de muchos famosos. Ha pasado de ser un Drácula sensual (1979), Cyrano y Sherlock Holmes (1981) a un Richard Nixon maduro en Frost/Nixon (2009), en el escenario y la pantalla, Sir Thomas More en Un hombre de dos reinos y Perry White en Superman regresa (2006).
No todos los famosos le cayeron bien, incluyendo a Richard Burton ("¿Me preguntaba si alguien podría no darse cuenta de lo horriblemente aburrido que se había vuelto él?"), Anthony Quinn ("Un gran bravucón") y Paul Newman ("Emocionalmente vacío").
Langella tampoco se salva de sí mismo. Reconoce que fue aburridísimo con Deborah Kerr y Dinah Shore, que le hizo algo "imperdonable" a Jackie Kennedy y que siente nostalgia por ser el amante de una Rita Hayworth marchita, diciendo que ella fue "el ejemplo particular y más trágico de lo lejana que puede estar una imagen de la persona real".
Dice que Cutthroat Island (La isla de las cabezas cortadas) es una de sus peores películas y "el ejemplo particular más grande del exceso que he presenciado en el mundo del cine".
"Estaba seguro de que no iba a escribir un libro dulce, halagador y bonito", expresó Langella a la agencia AP en una entrevista reciente. "La mayoría de las biografías de celebridades que leo no las puedo terminar, son inmensamente egoístas y absolutamente alcahuetas". Langella dijo que pidió permiso a los familiares y amigos cercanos de los personajes que retrata antes de publicar su libro. "Escribí mis memorias como las recuerdo, tan honestamente como pude", afirmó.
Según esa misma entrevista, el proyecto de escritura estuvo en su mente durante muchos años. "He tenido mucha suerte y he conocido a la gente más extraordinaria por ser actor. Pero comencé de verdad cuando Jill Clayburgh murió. No pasé mucho tiempo con ella en sus últimos años, así que me arrepentí porque extrañaba eso. Un amigo me preguntó cómo era ella, él era mucho más joven. Así que me senté y tomé una libreta amarilla y escribí por tres horas sobre Jill. Después decidí escribir sobre alguien más y al poco tiempo seguía agregando gente.
El proceso de revisión fue arduo, para evitar incluir cosas que no quería, de modo que descartó muchas cosas. De hecho, recortó dos veces su texto: "Al principio escribí sin censura, escribí con libertad y escribí exactamente lo que sentía y exactamente lo que ocurrió con muchos detalles, lo cual fue muy catártico".