El cine se celebra a sí mismo

A dos días. Once candidaturas para "Hugo", diez para "The Artist", y ambas películas tienen que ver justamente con la creación cinematográfica, un dato que lleva a hacerse algunas preguntas

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La cinefilia en primer lugar, y la nostalgia en segundo (aunque en un par de casos entremezclada con la primera) parecen los rasgos predominantes en la competencia por el Oscar a mejor película de este año.

A lo mejor se trata simplemente de una cuestión "epocal", como gustan decir los intelectuales y los pedantes cuando quieren señalar que algo está fuertemente marcado por las circunstancias de su tiempo. ¿El cine ya fue, para emplear una expresión juvenil? No necesariamente, pero es cierto que una manera de ver cine se evaporó con el siglo XX (la experiencia compartida por miles de espectadores en grandes salas) reemplazado por lo genéricamente llamado "audiovisual", que incluye todo lo electrónico, desde la televisión al DVD, el Blue Ray, Internet y lo que se invente la semana que viene.

De ahí que no debería llamar demasiado la atención que dos de las películas favoritas para ganar el premio mayor de este año (o si se quiere, más estrictamente, la favorita y su principal rival) lidien con el pasado del cine y lo celebren. Y si bien es cierto que ninguna de las dos (The Artist de Michel Hazanavicius, La invención de Hugo Cabret de Martin Scorsese) han sido mundialmente grandes éxitos de público, ambas parecen haber tocado el corazón de los votantes de la Academia, que son, al fin y al cabo, gente de cine.

DIFERENCIAS. Y sin embargo, a primera vista no podría uno pensar en dos películas más diferentes. The Artist evoca los tiempos del cine mudo mimetizándose con sus procedimientos: blanco y negro, ausencia de sonido, apelación a recursos expresivos que estaban de moda hace ochenta años, más o menos cuando el Oscar fue inventado.

En Hugo, Martin Scorsese vuelve a las fuentes a través de un camino más laberíntico. Porque el formato es la tecnología de punta: 3D, pantalla ancha, todas las pistas de sonido imaginables.

Pero la sustancia no está tan alejada de The Artist. Porque aquí están también (y a cargo del realizador en actividad que es posiblemente el que mejor conoce la historia del cine), las referencias a los comienzos del medio, la presencia como personaje de uno de sus pioneros (el creador del cine fantástico Georges Mélies, encarnado por el gran Ben Kingsley) y hasta las guiñadas cinéfilas que acaso solamente sean captadas por una minoría de espectadores. Un ejemplo arquetípico: la historia (o la leyenda del cine) afirma que el público de los hermanos Lumiére se impresionaba con una película como La llegada de un tren a la estación de La Ciotat, temiendo inconscientemente que el ferrocarril en cuestión se saliera de la pantalla y les pasara por arriba. Scorsese se divierte reconstruyendo una escena idéntica... en la que el tren se "sale" de la pantalla mediante el 3D.

No falta quien se haya sorprendido. Para Jason Squire, profesor de la escuela de cine de la Universidad del Sur de California, "la industria por lo general rehúye a hacer películas sobre hacer películas", si bien destaca excepciones como El aviador, Chaplin, La rosa púrpura de El Cairo, Ocho y medio y Ed Wood (en realidad pudo agregar un par de obras maestras de Joseph L. Mankiewicz como La malvada y La condesa descalza, la primera de las cuales también ganó el Oscar, o El ocaso de una vida de Billy Wilder, Cautivos del mal y Dos semanas en otra ciudad de Minnelli o Intimidad de una estrella de Robert Aldrich, pero es cierto que sigue siendo un listado minoritario).

Brent Simon, presidente de la asociación de críticos de cine de Los Ángeles, tiene su propia explicación para el fenómeno: "Significa que, estando todas las partes en igualdad de condiciones, las que proveen un mayor sentimiento de estímulo, que le recuerden a los críticos/espectadores/votantes la majestuosidad, la historia y la importancia de su arte preferido, tendrán para ellos una dosis extra de seducción".

De todos modos, la cinefilia no es el único factor que parece estar pesando en el ánimo de los votantes. Una ampliación de ángulo de toma que se permita captar otras maneras de la nostalgia debe observar que entre las listas de candidatos hay también una evocación fantasiosa del mundo literario de la "generación perdida" de los años veinte (Medianoche en París de Woody Allen), una película sobre la Primera Guerra Mundial (Caballo de guerra) en la que Steven Spielberg pulsa varias cuerdas típicas del Hollywood clásico (la amistad entre un niño y un caballo, algunos toques de sentimentalismo familiar a la John Ford), y un drama racial ambientado en los años sesenta (Historias cruzadas) cuya "corrección política" acerca de los derechos civiles también puede generar ciertas nostalgias.

DIFICULTADES. Puede resultar llamativo en cambio que cuando se trata de lidiar con el estricto presente Hollywood luzca más inseguro. Un film como Los descendientes de Alexander Payne se refugia en realidad tras los mecanismos del melodrama para narrar una historia más bien intemporal. El árbol de la vida de Terrence Malick no tiene tampoco que ver, exactamente, con nuestro tiempo sino con todos los tiempos: no en vano comienza con imágenes de la creación del Universo. E incluso cuando el tema es (como en Extremely Loud & Incredibly Close de Stephen Daldry la historia tiene un ancla en un episodio trágico del tercer milenio (los atentados del 11 de septiembre), su tema no es el terrorismo sino las emociones humanas universales. Es posible que la nostalgia sea más segura que el presente.

Lo que dicen los números

Ya se sabe que el número de candidaturas no garantiza un triunfo masivo, pero el dato de que el Hugo de Scorsese figure en once categorías y The Artist lo siga con diez significa sin duda algo. El domingo se sabrá oficialmente, pero el film de Hazanavicius se perfila por el momento como el más seguro ganador. De todos modos, cuidado con Scorsese, y es seguro además que su película va a triunfar, como mínimo, en varios rubros técnicos. Y hasta podría dar alguna otra sorpresa.

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