El presidente de Alemania, Christian Wulff, renunció tras verse salpicado por varios escándalos, complicando la situación política interna de la jefa de gobierno, Angela Merkel, obligada a lidiar con la grave crisis en la Unión Europea.
Wulff anunció su dimisión al día siguiente de salir a luz el escándalo, cuando la Fiscalía solicitó al Parlamento que le retire la inmunidad de aforado para que pueda ser encausado por su relación con un productor de cine en su trabajo anterior como gobernador de la Baja Sajonia, que al parecer le habría pagado en el año 2007 la estancia en un hotel de lujo.
Desde mediados de diciembre Wulff era blanco de las críticas de los medios y de la oposición, acusado de haberse aprovechado de su posición en la presidencia regional de Baja Sajonia (2003-2010) para obtener, además, ventajas financieras diversas y múltiples, y después de haber tratado de acallar dichos casos presionando a la prensa de su país. Cuando el escándalo se conoció en enero, Wulff rechazó dimitir.
Merkel dijo que buscará un acuerdo con los principales partidos de oposición alemanes para encontrar un nuevo jefe de Estado. La canciller, quien había propuesto a Wulff para la Presidencia en 2010, confesó ayer que "lamentaba profundamente`` la dimisión.
"Con su renuncia colocó en segundo plano su convicción de haberse comportado siempre correctamente en relación al cargo que cumplía y respeto por el servicio al pueblo", agregó Merkel.
"Nuestro Estado de derecho prevé que somos todos iguales ante la ley", dijo la jefa de gobierno alemana.
Merkel, canceló un viaje a Roma para poder encarar la situación desde Berlín.
La mandataria precisó que los partidos en su coalición de centro-derecha consultarán entre ellos e inmediatamente se acercarán a la oposición social-demócrata y del partido verde para elegir al sucesor, algo que debe hacerse antes de los próximos 30 días.
El presidente de la Cámara Alta del Parlamento -el gobernador de Baviera Horst Seehofer, miembro del bloque conservador de Merkel- se hará cargo de las tareas presidenciales provisionalmente, dedicado principalmente a firmar las leyes para su entrada en vigencia.
Una sesión especial del Parlamento formada por legisladores de la Cámara Baja y representantes de los 16 estados de Alemania elegirán al sucesor.
Motivos. Wulff dijo que Alemania necesita "un presidente respaldado por la confianza no solamente de la mayoría de sus ciudadanos sino por una abrumadora mayoría``.
"Los acontecimientos de los últimos días y meses han demostrado que esta confianza, y por lo tanto mi capacidad para actuar, han quedado permanentemente entorpecidas``, añadió el ahora expresidente en una breve declaración en el palacio de Bellevue, acompañado por su esposa, Bettina.
El más joven presidente de la historia de Alemania (52) daba una imagen de conservador moderno hasta que una serie de escándalos lo proyectó hacia los primeros planos de los medios.
Ataques casi cotidianos en la prensa le reprochaban haber ocultado un préstamo, haber gozado de vacaciones gratuitas gracias a ricos empresarios en Italia, Mallorca y Estados Unidos y luego, de haber tratado de presionar a periodistas, en particular los del poderoso Bild, para impedir nuevas revelaciones sobre casos de corrupción que lo involucran.
Un cargo difícil. En junio de 2010, Merkel tuvo grandes dificultades para conseguir la elección de Wulff, después de la sorpresiva dimisión de su predecesor Horst Köhler, que salió del cargo luego de sugerir que las tropas alemanas estaban en Afganistán por motivos comerciales.
Wulff renuncia a menos de dos años de ascender a la Presidencia, un cargo que es mayormente ceremonial; antes fue líder adjunto de su partido.
Carismático líder no quería rescates
El más joven de los presidentes de Alemania, Christian Wulff, proyectaba una imagen de conservador moderno y sin problemas hasta que una serie de escándalos lo llevó al primer plano de los medios. Elegante, sonriente, Wulff, de 52 años, fue elegido presidente el 30 de junio de 2010 con gran dificultad, en la tercera vuelta de una votación donde bastaba la mayoría simple. Fue una humillación para la canciller Angela Merkel, que lo presentaba.
Este carismático presidente que algunos consideraban sin relieve, mantenía excelentes relaciones con los medios de comunicación, prestándose con gusto para las fotos en compañía de su segunda esposa, la rubia y joven Bettina. Apenas unos meses después de llegar a la Presidencia, este católico había provocado un escándalo en las filas conservadoras cuando afirmó que actualmente el islam forma parte de Alemania, al celebrarse el vigésimo aniversario de la Reunificación. A otro nivel, había provocado una sorpresa cuando criticó la compra por el Banco Central Europeo de obligaciones de países en dificultades, en plena crisis del euro. AFP