El "Kanciller" uruguayo

Cuando el ex presidente de la República por dos veces, Dr. Julio María Sanguinetti dijera que Uruguay no tenía por qué mendigar en el Mercosur lo que por derecho le correspondía, hizo la misma reflexión que nos hacemos todos los que nos tomamos el trabajo de leer el texto del Tratado e interpretarlo con objetividad. Éste, en cuanto impone la libre circulación de bienes y servicios en el territorio de los cuatro estados miembros y fundadores, está prohibiendo mucho más que tácitamente, sino en forma rotunda, la ilegalidad de las trabas comerciales con que pueda obstaculizar o dilatar en el tiempo el ingreso a un país de productos provenientes de uno de sus socios.

Pero cuando ese país ilegalmente perjudicado teme represalias -por ponernos en la mejor de las hipótesis o es un aliado ideológico indisimulable de aquel a quien que, de hecho, se las pueda imponer por un simple rapto voluntarista de mal humor de su gobierno- puede optar por no arriesgar y sacrificar el derecho de su población entregándose entonces a una triste subordinación. Aún admitiendo el peso de las asimetrías, el de la regla de derecho es -o debiera ser- prevalente al de la mansedumbre, pero para eso hay que tener gobernantes como lo fueron en su momento Lacalle, y ministros de la jerarquía de Sergio Abreu e Ignacio de Posadas.

Y nosotros tenemos hoy a Mujica, y a Almagro. No es menor la diferencia. El tiempo ha pasado demasiado rápido en detrimento de la categoría de nuestro plantel de representantes del Servicio Exterior, entre otros funcionarios.

A Mujica se le conoce por su autodefinición. Pasará a la historia de las franquezas que una persona puede permitirse consigo mismo, el reconocimiento que como un día dice una cosa, al otro día dice -o hace- la otra. Defecto por imprevisibilidad de sus conductas o acierto para generar una preocupante transparencia en sus gobernados; si hay algo que es verdad es que como va viene, y como viene va. Por ejemplo, en materia de comercio internacional, ahora tomó la ruta de regreso a su embaladísima posición inicial de "más y mejor Mercosur", no enojar a los argentinos, proteger el turismo, mantener el coloquio con su gobierno. Vio que se le terminaba la pista, clavó los frenos, giró ciento ochenta grados y empezó a carretear hacia el lado opuesto. Ahora vamos hacia la apertura, la integración, al comercio con quienes nos convenga, a proteger el interés nacional, y hasta a buscar Tratados de Libre Comercio. No le va a ser fácil, porque cuando la blandura de Tabaré Vázquez, a quienes muchos confunden con un gobernante enérgico y que sabía en dónde estaba parado, dejó pasar el tranvía del TLC que Estados Unidos le ponía de babero -que fuera entre otros factores la clave del crecimiento económico peruano- si bien Mujica no tenía el protagonismo que adquirió después, tuvo la indeclinable oposición de los comunistas, que se supone, habrá de mantenerse en su línea, dominando bases y sindicatos.

No le va a resultar fácil a Mujica dar este viraje tan radical, teniendo como tiene la oposición de la izquierda dura, y un apoyo más que dudoso en el MPP. Pero se dice que calentó a fuerza los motores.

Ahora bien: ese cambio de actitud y de política ¿lo va a llevar adelante con este canciller, que se jacta -las cosas que se ven y se oyen dejan estupefacta a la gente- de haber conducido la mejor política exterior del país, sin luces propias, cumpliendo órdenes, quedando en blanco y permanentemente desautorizado?

Mujica necesita urgentemente en muchas áreas, pero en ninguna como ésta, un ministro con solvencia y presencia en un mundo que nunca nos quedó tan grande como hoy. Desde un Villademoros a un Opertti, pasando por Guani, Rodríguez Larreta, Rompani, Iglesias, y tantos otros que con su prestigio personal se lo transmitieron al país, y a los que da vergüenza sentirlos objeto de una comparación consigo mismo por parte de un personaje que, tapado de errores, desespera por hacerse oír. Circula por Internet un pps reflejo de su verdadera condición.

A un jugador de la selección argentina de fútbol, equipado elegantemente con camisa y colores de AFA, se le muestra con la cabeza de Almagro tomada de frente y trucada con el título de "el Kanciller uruguayo". Bastante lamentable por cierto, que los humoristas así lo pinten al Ministro uruguayo.

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