HUGO GARCÍA ROBLES
La Orquesta Sinfónica del Sodre iniciará en este mes de febrero su temporada veraniega, con conciertos que comienzan a las 20 horas. El primero de la serie será el próximo sábado 11 de febrero, en el Auditorio Nacional Adela Reta. El director al frente de la orquesta, el maestro Stefan Lano, quien, como se sabe, es su director principal. El programa es diverso e interesante. Comienza con obras de compositores norteamericanos: Appalachian Spring de Aaron Copland, West Side Story, Sinfonic Dance de Leonard Bernstein y continúa con la Obertura Cubana de George Gershwin. Finalmente, los Valses nobles y sentimentales de Ravel cerrarán el concierto,
Copland tiene una relación profunda con su país natal. Compuso muchas veces para el cine norteamericano y para famosos bailarines y coreógrafos como Graham. Tampoco eludió obras que reflejan el paisaje y entre ellas Appalachian Spring, con su orquestación colmada de recursos y hallazgos.
Bernstein es muy conocido como director pero al margen de su relación con la batuta, es un creador que en general se ha apoyado en el cine, tal como lo demuestra la obra incluida en el programa.
El nombre de George Gershwin es de un genio que dejó la marca de su talento en todos los géneros que abordó. Fecundo creador de melodías, sus canciones que provienen del "music hall" y de la esfera del jazz justificarían, por sí solas, tu fama. Canciones que como Señora, sea buena, Tengo ritmo o El hombre que amo lo convierten en un Schubert neoyorkino. Otras obras suyas como Un americano en París o la famosa Rapsodia en blue han tenido fortuna y resonancia. La Obertura Cubana, del año 1932, revela la influencia que entonces desplegaban los ritmos caribeños en el mundo entero. En esta obertura la rumba se hace presente.
Ravel es uno de los músicos capitales del siglo XX. Finísimo orquestador, sus obras instrumentales responden con una paleta inédita a este don que el músico poseyó como pocos. La danza, en múltiples expresiones, le interesó y bastaría citar su Bolero para demostrarlo, pero compuso mucho más. Como un homenaje a Schubert, los Valses nobles y sentimentales, nacido para piano y luego orquestados como ballet.