El sistema amable

De todas las máquinas conocidas, la más compleja y admirable es el cerebro humano; pero por desgracia, o por suerte, su producción no depende de la tecnología, sino de un amable sistema de composición celular que corresponde a la vida y no a la física inerte.

El punto no es estrafalario: el hombre tampoco puede fabricar zapallos. Pero en el caso de las cucurbitáceas, hasta los países subdesarrollados mentalmente, como el Uruguay, pueden plantar bien y tienen organizado un mercado agrícola donde cualquier habitante puede conseguir todos los zapallos que quiera. La demanda está satisfecha.

En cambio, entre los 7 mil millones de habitantes que pueblan el mundo, nuestro país no ha conseguido los doscientos buenos cerebros que necesita. Y esta falla en la producción y en la importación, nunca ha sido tan pronunciada, tan brutal como ahora. En este preciso punto la traición a nuestros prohombres más admirables cumple este año 196; un lapso que se puede apuntar con precisión diaria. El 26 de mayo de 1816, Dámaso Antonio Larrañaga, refiriéndose al sol de mayo, intentó este endecasílabo: "Abrió las puertas de la Ilustración"; y el mismo día, Artigas mandó: "Sean los orientales tan ilustrados como valientes".

Pero a los dos les fallamos. En el 2011 se supo que el 42% de los muchachos formados por la enseñanza pública, no entiende lo que lee; sus profesores no les dieron el lustre necesario. Los zapallos del Uruguay son tan buenos como los mejores del mundo, fueron bien cultivados; nuestros jóvenes, no.

Sucede que nadie entre nosotros conoce los cálculos que requiere la mecánica de un automóvil, pero eso no es grave; importamos 50.000 autos por año. Grave es quedarse sin gente que piense; una tragedia progresiva, que no le importa a la gente que no piensa. Por poco que se abunde en evaluaciones de la enseñanza pública, los resultados van a ser (ya fueron)… mortales.

La torre de Pisa hizo trizas la soberbia de las corporaciones y entonces se habló de autonomía por primera vez. Y quedó claro en los acuerdos interpartidarios del 24 de enero, que la soberanía radica en la Nación y que la Nación se expresa a través de sus representantes, electos por el voto de la ciudadanía.

Ese acuerdo político vale dos veces: porque pone las cosas en su lugar y porque cumple en su letra y en su espíritu con la Constitución de la República. A veces, llegar a la interpretación más obvia se hace difícil porque los árboles (los intereses creados) no dejan ver el bosque.

No es casualidad que "gobierno" y "timón" sean sinónimos. No es casualidad que nuestro problema consistiera en leer con naturalidad, sencillamente, la Carta Magna y en consecuencia se diera un golpe de timón. Ahora el Uruguay despejado, enfrenta un gran problema: ¿cómo recuperar el nivel perdido en cuanto a la educación? ¿Cómo se hace y quién hace una reforma sabia y profunda?

Por supuesto, habrá que mejorar la integración de los consejos que rigen la enseñanza; y una vez más pienso en el talento, en el carácter, en la experiencia de Carmen Tornaría. Pero además están faltando grandes profesores en actividad que hagan sentir la grandeza del trabajo docente. Corresponde reconocer que las corporaciones ávidas de ganar con la fórmula "menos esfuerzo y más retribución" llegan a perder sus puntos de referencia al extremo de inferiorizar la función exquisita que cumple un docente.

Perdida la brújula, como está, encontrar el rumbo no es fácil. Séneca escribió:

-Para quien no sabe hacia dónde ir, todos los vientos son contrarios. El Uruguay de la cultura está asediado por sus carencias. Se enciman las faltas. Faltan grandes decisiones en los mandos medios; hay falta de asesoramiento, falta de información, falta de figuras guía, falta del coraje que da "saber".

Sí. Son escasos los mandos que dominen su materia, en este país donde las cosas van bien y la gente, mal.

Podría apurarme y mostrar los vacíos de acierto y de conocimiento contra los cuales lucha el país, pero es más constructivo mostrar primero las realizaciones exitosas. Todas tienen el nombre de quien las logró. El control del tabaquismo, fue protagonizado por un Presidente, Tabaré Vázquez, que sabía de la muerte y el tabaco; y eso transformó al Uruguay en un hecho mundial. El desarrollo notable del puerto de Montevideo, que ya no cabe en la bahía, es el éxito de una buena reforma legal y una excelente administración a cargo de Fernando Puntigliano. Julio Bocca, a quien le tocó bailar con la más fea, impuso el hecho cultural del año.

Bonanza tuvieron todos los países de América Latina, pero Uruguay está 1º en prosperidad; y este campeonar, es fruto de la conducción de un equipo liderado por Danilo Astori.

Quedan fuera de este palmarés nada menos que la educación (que empieza a recuperase y no encontró todavía sus timoneles); la seguridad, que deja a los menores asesinos sin rehabilitación y a la sociedad sin amparo; la energía, que es la madre que acciona las máquinas del planeta; y la salud, que cuanto más reforma el sistema, peor resulta el servicio.

Por pura simetría (como si fuera imparcial entre el bien y el mal) dejo de enumerar otras inoperancias, ahora que el score marca un empate en cuatro y un golazo en la enseñanza. Vale más esperar la esperanza que empecinarse en la crítica.

¿Dónde está la punta del hilo para empezar a rehacer lo que más importa, la educación del pueblo?

Toda sociedad de nuestro tiempo vive y se desarrolla en virtud de los "tragas" que produce; pero en la medida que se enseña mal o no se enseña, menos alumnos brillantes pueden formarse. Repito: nos faltan cerebros para desarrollar cerebros. En el exacto punto que estamos tratando, el "caso Cuba" merece detenerse en él.

Es el país más proteccionista de su intelligentsia; a tal grado, que si abriera sus puertas y cada intelectual pudiera vivir donde quiere, Cuba se quedaría sin cerebros en una semana. El gobierno castrista, que conoce esta situación, alquila sus intelectuales; los coloca en el exterior por un tiempo (reteniendo a su familia) y cobra la exportación de saber y talento, sin perder al hombre que formó; lo usa y lo recupera.

El Uruguay, que desarrolló su cirugía oftálmica mediante un arrendamiento, lo sabe bien. Vinieron médicos cubanos y quebraron un monopolio abusivo. Cobraron bien esos cubanos; y el Estado de su país les decomisó buena parte de lo percibido.

Las ventajas hemisféricas, separaron el destino desde siempre: hubo riqueza en el hemisferio Norte y miseria en el hemisferio Sur. Pero ahora las diferencias hemisféricas refieren además al hemisferio derecho y al hemisferio izquierdo que piensan dentro de la caja craneana: esta es la caja fuerte que guarda la fuente de toda riqueza.

La soja, los eucaliptus, el arroz, la roca rica en hierro, deben financiar la imaginación y sus derivados.

El Uruguay rico, éste de la bonanza, debe invertir para obtener PCI (Producto Culto Interno); ese es el bien de los bienes, y por ser un bien ¡se compra con dinero!

Dime que prevé el Presupuesto General de la Nación y te diré qué porvenir te espera.

Dicho crudamente: ¿cuántos intelectuales de cuantos quilates piensa el gobierno radicar aquí? ¿O alguien supone que basta con una reforma de entrecasa? Cuando somos el país más próspero del continente ¿no será el momento de contratar grandes profesores que nos saquen del pozo en el cual estamos?

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