RÍO DE JANEIRO | AP
Mortales tormentas tropicales se suceden todos los veranos en Brasil, generando inundaciones y deslaves que pueden enterrar comunidades enteras. En enero pasado, casi mil personas fallecieron durante una tormenta.
Se suponía que esta vez las cosas cambiarían, pues el gobierno prometió dinero para prevenir estas catástrofes. Pero comenzaron las lluvias y en los primeros días de enero murieron al menos 35 personas. Un análisis de la situación indica que los fondos del gobierno federal no van a donde se debe.
Los esfuerzos para prevenir más tragedias como las del año pasado parecían prometedores al comienzo. El Congreso asignó el equivalente a 282 millones de dólares en el presupuesto del 2011 para un programa de "Prevención y Preparación para Desastres Naturales" dirigido por el Ministerio de Integración Nacional, lo que representó un aumento respetable en relación con los 236 millones del año previo.
Esto fue en respuesta a torrenciales lluvias que generaron montañas de barro en las faldas y convirtieron arroyos en caudalosos ríos en las montañas que rodean a Río de Janeiro, enterrando barrios enteros. En total fallecieron 918 personas y siguen desaparecidas 215.
La presidenta Dilma Rousseff prometió a principios del 2011 que su gobierno estudiaría las tierras con más posibilidades de sufrir deslaves y geólogos elaboraron una lista de las zonas de mayor riesgo.
Estas medidas, sin embargo, difícilmente hagan algo para prevenir más muertes. Las razones son complejas.
Las pequeñas municipalidades más afectadas por los aguaceros no tienen recursos para llevar adelante proyectos ambiciosos ni para solicitar fondos del gobierno nacional, al tiempo que la burocracia brasileña demora la implementación de programas ya aprobados por el Congreso, según Gil Castello Branco, fundador de la organización sin fines de lucro "Contas Abertas", que promueve la transparencia del gobierno.
De acuerdo con Contas Abertas, entre el 2004 y el 2011 se usó apenas una cuarta parte del dinero asignado por el Congreso a este programa.
El dinero, por otra parte, generalmente va a parar a regiones con buenas conexiones políticas con quienes asignan las partidas, no a las áreas más necesitadas, dijo Castello Branco.
"Lo más triste de todo es ver que la historia se repite año tras año: los desastres, el mal uso de recursos públicos destinados a prevenirlos", expresó.
De los 282 millones de dólares asignados a programas de prevención en el 2011, solo el 30% fue entregado, según cifras de portales del gobierno analizadas por Contas Abertas. Y muy poco llegó a las áreas que corren mayor peligro.
El Servicio Geológico de Brasil elaboró un estudio que causa alarma. Casi 180.000 personas viven en zonas de riesgo, casi todos ellos en Río.