Por celos mató a su expareja de un tiro mientras dormía

El alcohol fue el detonante de este brutal homicidio

ROCHA | EDUARDO FERNÁNDEZ

Los celos y el alcohol fueron el detonante para que un hombre sin antecedentes penales terminara con la vida de su expareja, Valeria Molina Tabárez de 32 años.

El hecho ocurrió sobre la una y cuarto de la madrugada, cuando Molina dormía en su casa de la localidad de Cebollatí. El hombre le disparó en el tórax.

La joven rochense se había radicado en Villa de Cebollatí, a 160 kilómetros al norte de la capital rochense. En ese pueblo conoció al hombre, que en la madrugada de ayer acabó con su vida.

El hombre había estado bebiendo cerveza, en un boliche de esa localidad. Los rumores que su expareja estaba manteniendo una relación con un hombre de 76 años, habrían llevado a este individuo a acabar con la vida de Molina.

Según dijeron vecinos de la zona, la joven mujer vivía desde hacía un tiempo con un hombre de 76 años, apodado "El Cholo", quien tiempo atrás había sufrido un accidente vascular, lo que derivo en una enfermedad motriz.

J.C.H., de 49 años, expareja de Molina, decidió ingresar a la vivienda de la mujer, mientras esta dormía, armado con una escopeta calibre 20.

Ya en la habitación de la mujer, le disparó a quemarropa en el tórax. Molina falleció en el acto.

Según fuentes consultadas por El País, la pareja había tenido frecuentes discusiones y problemas y por ese motivo, la Justicia dispuso la prohibición de que J.C.H. se acercara a la mujer. "Cada vez que tomaba había un problema y anoche bebió cerveza", indicó uno de los consultados.

El matador fue calificado por los propios vecinos como un hombre trabajador. "Nunca le faltó trabajo", indicaron fuentes consultadas. Años atrás se había desempeñado en un importante establecimiento de campo, aprendiendo diversos oficios entre ellos el de monteador, carbonero y hasta albañil.

PADRE VIUDO. Del pasado de este individuo se sabe que su primera esposa fue encontrada muerta en su propia casa, en la ciudad de Rocha. Las fuentes consultadas expresaron que la mujer era epiléptica y que el hombre la encontró sin vida al llegar a su casa luego de trabajar.

Tras este trágico hecho, J.C.H., se trasladó a Cebollatí, junto con sus tres hijos, dos niñas y un varón, quienes en la actualidad son grandes y residen en la fronteriza ciudad de Chuy. "Ahora ellos como adolescentes están sin consuelo frente a la acción de su padre", comentó un allegado.

Por su parte, Valeria Molina, víctima en este hecho, llegó a Cebollatí desde Rocha, donde por años estuvo internada debido a una grave esquizofrenia. Una amiga que conoció en la capital del departamento la llevó a vivir a Cebollatí.

En esa localidad conoció al hombre que, en la víspera, acabaría con su vida.

Al tiempo de conocerse, se fueron a vivir a una humilde casa, de donde fueron trasladados a otro núcleo de viviendas por INVE, ya que se encontraban en una zona de riesgo de inundaciones.

Al tiempo, debido a diversos problemas, entre ellos el alcoholismo del hombre, la pareja se separó.

Debido a varios episodios de violencia protagonizados por este hombre, la Justicia le había aplicado medidas restrictivas.

El hombre reconoció a la Policía la autoría del homicidio de Valeria Molina. En las próximas horas será llevado ante la Justicia.

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