MATÍAS CASTRO
El paisaje farandulero se ve muy distinto desde Uruguay. Es decir, desde esta perspectiva, los sucesos de la farándula no suelen ser más que comentarios más cortos o más largos (a veces debates interminables) en televisión y en revistas. Me refiero a las noticias de extranjeros, esas que llegan con apariencia de gran importancia pero que no son más que cosas menores que sirven al público en general para hacer algún que otro comentario en momentos aburridos.
Lo que comentaba en las columnas anteriores, sobre las vedettes Jessica Cirio y Adabel Guerrero. Las dos fueron noticia juntas cuando el lunes se divulgó la foto del momento culminante de la obra de teatro que hacen juntas, en el que se besan apasionadamente (según parte de la prensa del chisme argentino). Ambas venían protagonizando durante las semanas previas sendos escándalos familiares que las enfrentaban con su padre (Cirio) y con su hermano (Guerrero). En ambos casos sus controvertidos parientes, padre y hermano, terminaron por sumarse al circo grabando canciones alusivas a ellas con el intento de ganar unos pesos.
Moria Casán también fue noticia durante varios días, con peleas con más de una figura. Y como ellas hubo otras personalidades que protagonizaron historias faranduleras de distinto porte.
Todos estos casos llegan a Uruguay casi como anécdotas (más allá de que aparezcan hasta el hartazgo en televisión) y no mucho más. Para el público son temas de conversaciones al azar. Ante el público argentino, sus apariciones, peleas y escándalos son también promoción de sus producciones teatrales. Hay que tener en cuenta que en la vecina orilla la temporada de teatro veraniego, que afecta sobre todo a villa Carlos Paz y a Mar del Plata, ya arranca y con ella surge una fuerte y tradicional competencia entre obras y divas. El significado de las noticias sobre sus peleas y escándalos cambia según desde donde se mire.