La idea de fondo es sencilla: un treintañero intenta adaptarse a su vida de soltero y dejar atrás una relación intensa, pero no lo logra. La forma en que está presentada, a pesar de calificar como comedia romántica, no es exactamente compleja, pero sí bastante pretenciosa. El director y colibretista Jonás Trueba (hijo de Fernando Trueba, el director de Belle Epoque y muchas otras) combina recursos como dividir su película en capítulos, hacer que sus personajes hablen a cámara y apelar a la voz en off y los flashbacks para armar su historia.
Todo lo que tiene que ver con lo anecdótico funciona medianamente bien, aunque no se puede decir que deslumbre. Trueba logra que sus actores se expresen con naturalidad, que den con el tono adecuado a cada escena y que se muevan en situaciones creíbles y más o menos graciosas. El problema aparece cuando a esto le suma la narración en off, tomas descolgadas de libros que deben de aportar alguna clave existencial, escenas de personajes que hablan a cámara sobre cosas supuestamente profundas (pero que no dicen gran cosa) o cuando se entusiasma con canciones horrendas como la de la escena en la que el protagonista queda de espaldas a la cámara inclinado sobre un tocadiscos. Y de la manera en que estos elementos se suman a lo largo de la película no hay un problema suelto sino una forma de concebir la película con la que se intenta decir más de lo que realmente se logra en pantalla.
Todas las canciones hablan de mí
ficha
España, 2010. Director: Jonás Trueba. Guión: Jonás Trueba y Daniel Gascón. Fotografía: Santiago Racaj. Montaje: Marta Velasco. Elenco: Oriol Vila, Bárbara Lennie, Ramón Fontserè, Bruno Bergonzini, Valeria Alonso, Ángela Cremonte.
atención a...
La escena de la discoteca, en la que con torpeza el protagonista intenta volver a "ligar chicas". Con todo es de lo más gracioso de la película.