Federico Castillo
La mayoría de los uruguayos desaprueba la forma en que se están desempeñando los sindicatos, y algunos conflictos no les ayudan a revertir esta situación. En el Pit-Cnt ya se escuchan voces autocríticas.
Es que en el último año hubo conflictos con alto impacto en la sociedad, en los cuales las medidas tomadas por los sindicatos eran desproporcionadas con el reclamo.
En octubre los funcionarios del CTI del Hospital Pasteur bloquearon camas y restringieron el ingreso a nuevos pacientes, todos ellos evidentemente graves, para reclamar la reincorporación en su cargo del jefe supervisor de enfermería. Un mes antes el sindicato del frigorífico PUL, en Cerro Largo, ocupó la planta y trancó durante días la salida de mercadería denunciando el despido de uno de sus compañeros por supuesta persecución sindical. Y entre mayo y junio de 2010, el sindicato de Conaprole obligó a tirar cientos de litros de leche por un conflicto en defensa de un funcionario al que la empresa le había perdido la confianza.
Tres ejemplos de conflictos duros, con consecuencias para el usuario, que iniciaron los sindicatos priorizando la reivindicación individual sobre la colectiva.
La exministra de Trabajo y diputada nacionalista Ana Lía Piñeyrúa, dijo a El País que de un tiempo a esta parte "la gran mayoría de los conflictos han sido irracionales".
"No hay proporción entre lo que pasó y las medidas que se toman", dijo y agregó que así se hace daño a la empresa y a los propios trabajadores. "Hay salarios perdidos por los días de las medidas, que después no se recuperan". Sostuvo que esto es aún más grave cuando "se defiende lo indefendible".
El también exministro de Trabajo y el abogado laboralista Santiago Pérez del Castillo, acotó que existe un "problema" cuando en un conflicto priman los intereses individuales sobre los colectivos. Además, si como ha ocurrido, la causa de la medida fue injustificada, el sindicato "corre el riesgo" de que la empresa le inicie un juicio por daños y perjuicios ocasionados.
"Todavía no hay jurisprudencia al respecto, pero tarde o temprano la habrá", advirtió Pérez del Castillo.
Para el abogado laboralista Nelson Larrañaga Zeni es "muy habitual" que los sindicatos se embarquen en un conflicto a sabiendas que no se tiene la razón. "Tal vez porque el involucrado tiene ciertos vínculos personales con la dirigencia sindical", razonó. "Eso sí daña la imagen del gremio y lo desprestigia y lleva a perder credibilidad incluso entre sus propios afiliados, que son los que pierden horas de trabajo, salario y ven que la causa por la que se está luchando no es valedera", sostuvo el especialista.
Larrañaga Zeni coincidió con Pérez Del Castillo que esto abre la puerta a reclamos judiciales. Incluso contra la propia empresa o institución. Por ejemplo en el caso del Hospital Pasteur, "cualquier usuario afectado por esa medida sindical, en la medida que el responsable del servicio no haya hecho nada por poner coto a ese acto de indisciplina laboral, está incurriendo en una irresponsabilidad civil por omisión. Eso está amparado en la Constitución. Los usuarios también pueden accionar contra el sindicato con una demanda civil. No hay antecedentes, pero se van a generar", pronosticó.
Pit-Cnt. El coordinador del Pit-Cnt, Juan Castillo, se mostró autocrítico en este tema. "Siempre que un sindicato tiene que salir en defensa de alguna causa debe tener la mayor de las certezas en cuanto a la justeza del reclamo", dijo Castillo.
"Los dirigentes sindicales no tenemos impunidad para nuestros actos", admitió.
Aunque evitó referirse a un conflicto puntual y aclaró que no profundizaría sobre las acciones sindicales mencionadas antes, dijo que se debe tener "mucho cuidado" antes de embarcarse en una lucha gremial. "El instrumento sindicato y la herramienta conflicto no pueden caer en el mal uso, así quedamos expuestos a que pierda seriedad", enfatizó Castillo.
También coincidió en que no es lo mismo embarcarse en una reivindicación colectiva que una personal. "No se puede usar la misma firmeza de acción si es para pelear para el conjunto que por un solo caso, aunque este caso merezca la mayor de los atenciones posibles, y por más injusta que sea su situación. Siempre voy a privilegiar la herramienta".
Castillo concluyó que "hay veces que incurrimos en un error involuntario, donde se generan algunas situaciones de correlaciones de fuerza internas que nos hacen meternos en un conflicto que tal vez uno después lo razona y reconoce que se podría haber evitado". También dijo que se llega a esa instancia porque fracasaron los intentos previos de negociación con la empresa.
Imagen pública en baja
Según una encuesta de Cifra de principios de octubre, la mayoría de los uruguayos (46%) desaprueba la forma en que se están desempeñando los sindicatos. La situación es muy similar a la que se observaba hace un año, en noviembre de 2010. La mayoría de los uruguayos opina que muchas de las huelgas de los últimos meses no son justificadas. Apenas el 17% piensa que la mayoría de las huelgas son justificadas, el 43% dice que algunas lo son pero otras no, y el 33% considera que la mayoría no son justificadas.
Ni siquiera los frentistas piensan que la mayoría de las huelgas se justifican: menos de uno de cada cinco frentistas cree que la mayoría de los paros son justificados. En resumen, el mayor protagonismo de los sindicatos en estos últimos años no ha redundado en una mejora de su imagen. No logran transmitir a la mayoría de la población razones convincentes que justifiquen las medidas de protesta que implementan, dice el informe de Cifra.