Mirta Roses Periago (*)
La epidemia silenciosa de las enfermedades no transmisibles agobia a las Américas, causando cuatro millones de muertes anuales y afectando en forma creciente a la población más joven.
Las enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes y enfermedad respiratoria crónica afectan enormemente la economía, al impactar en la productividad personal y los sistemas de salud, porque son incapacitantes y de tratamiento muy costoso y prolongado.
Además, estas enfermedades afectan en forma desproporcionada a los más pobres y con menor educación. Casi el 30% de las muertes por enfermedades cardiovasculares se producen entre el 20% más pobre de la población, mientras que el 20% más rico solo representa el 13% de las muertes por estas causas. Padecer estas enfermedades empobrece a las familias, pues causan gastos muy altos, producen discapacidad y afectan el potencial de generar ingresos.
Las causas profundas de esta epidemia silenciosa no se pueden modificar con la acción aislada del sector salud. Este problema es resultado de muchos factores demográficos, sociales y del entorno específico, como el crecimiento poblacional, el envejecimiento, la urbanización acelera- da, el sedentarismo por cambios en los modos de vida, y una alimentación basada en comidas muy procesadas, de altas calorías y de baja calidad nutritiva.
En consecuencia, es crucial hacer énfasis en la prevención de estas enfermedades a través de cambios sistemáticos en los entornos físicos y sociales, y haciendo realidad el acceso al diagnóstico y tratamiento oportuno en las personas de alto riesgo. La prevención incluye cambios en diversos sectores, como educación, comercio, planeamiento urbano y agricultura, que determinan lo que comemos, cómo trabajamos y cómo vivimos.
Por eso impulsamos el desarrollo de un movimiento social para construir entornos saludables para una vida saludable. La motivación y participación masiva busca generar mayor conciencia entre las personas, las comunidades y entre quienes toman decisiones públicas sobre la necesidad de incorporar la prevención como parte esencial.
En esa línea, por primera vez se realizó este año la Semana del Bienestar, para convocar a la modificación de los factores de riesgo de las enfermedades no transmisibles y la creación de ambientes que propicien una vida mejor. Progresivamente irá creciendo, aprovechando las redes de comunidades saludables, los alcaldes adheridos a la iniciativa Rostros, Voces y Lugares y otros movimientos, asociaciones profesionales y de consumidores, de pacientes y familiares, y entidades religiosas, hasta abarcar el hemisferio y extenderse a otros continentes.
Los jefes de Estado demostraron en la reciente Reunión de Alto Nivel de la ONU sobre el tema, su voluntad para promover los cambios necesarios, aplicando a gran escala intervenciones de éxito probado. Ante el desafío para enfrentar las enfermedades no transmisibles, el sector privado y la sociedad deben trabajar junto a los gobiernos para traducir los acuerdos en mejores niveles de salud y de bienestar de toda la población.
(*) Directora de la OPS