A un año del fallecimiento, hoy trasladan los restos de Kirchner

Argentina. La muerte consolidó el "cristinismo" y desarmó a la oposición

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BUENOS AIRES

Un vitral de dos metros de diámetro con el ícono del Bicentenario corona la bóveda del mausoleo en Río Gallegos, detrás, una potente lámpara de leds lo ilumina y la imagen se proyecta sobre el lugar donde estará el féretro de Néstor Kirchner.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner -reelecta en las elecciones del domingo-, sus hijos, familiares y solo un selecto puñado de personas participarán hoy temprano de la ceremonia en la que los restos de Kirchner -que estuvieron el último año en el panteón de su tío Carlos Arturo Kirch-ner- serán trasladados allí.

El empresario Lázaro Báez fue ideólogo del mausoleo y quien corrió con el costo de la construcción como una ofrenda para Kirchner -muchos periodistas apuntan a él como presunto testaferro del ex presidente fallecido.

La idea, los planos y los materiales son santacruceños. Por eso eligieron al artista plástico Andrés Camaño para crear la roseta en vitrofusión con el ícono del Bicentenario. Es una construcción única formada por 57 piezas y montada sobre una vitrea doble laminada. La obra fue elaborada con un proceso que impide que se le adhiera el polvo. Una maqueta y varias pruebas de color se hicieron hasta llegar a los celestes del ícono. El montaje de la obra a 11 metros de altura fue uno de los momentos más difíciles, ya que la pieza pesa 150 kilos.

En la planta baja estará el féretro del expresidente y será de acceso exclusivo para los familiares. Los visitantes deberán ascender por una enorme escalera caracol hasta el piso superior. Desde allí, a través de un vidrio, se podrá contemplar el féretro. Un collar de pequeñas lucecitas celestes cierra el cilindro de vidrio facetado que encierra el recinto central. Ayer los restos del padre de Kirchner ya fueron trasladados al lugar.

Un año después. Cambió la vida de la presidenta en su faceta más íntima. También su forma de estar en el poder. Y de ejercerlo. Cambió la vida interna del gobierno y su manera de vincularse con los principales factores de poder. Cambió el discurso oficial, aunque más en la forma que en el fondo. Cambió el mapa de la oposición: el posicionamiento de sus protagonistas y la relación de fuerzas a su interior.

¿Quién se ocuparía de las múltiples tareas del día a día de la gestión que Kirchner manejaba hasta el último detalle? ¿Quién heredaría el monitoreo permanente y obsesivo de los números de la economía? ¿Quién hablaría con los intendentes y los empresarios? ¿Quién se ocuparía del diálogo con los sindicatos?

Hay un punto en el que, quienes estuvieron cerca de Kirchner, coinciden sin dudar: su capacidad de trabajo y de acumular información eran inagotables. Nadie pudo absorber todas las variables de las que se ocupaba el expresidente y muchas sus áreas de influencia quedaron vacantes.

El reparto de fuerzas hacia dentro del sistema político se modificó sustancialmente. A fines de 2010 se hablaba del kirchnerismo como una fuerza en retirada y la grilla de precandidatos opositores estaba superpoblada. En el peronismo disidente se especulaba con las postulaciones de Mauricio Macri, Eduardo Duhalde, Alberto Rodríguez Saá, Mario Das Neves, Felipe Solá, Carlos Reutemann. En el radicalismo, Ricardo Alfonsín, Julio Cobos y Ernesto Sanz ya sonaban para la pelea por la presidencia. Desde el centroizquierda se sumaban Hermes Binner y Pino Solanas. En la larga lista también estaba Elisa Carrió.

Aunque la grilla fue depurándose, hasta ese momento se pensaba en un escenario repartido en tercios de cara a 2011. Se vislumbraba que el electorado se repartiría entre un candidato oficialista, uno peronista no kirchnerista y uno surgido de un acuerdo entre socialistas y radicales. Pero la muerte de Kirchner demolió aquel esquema tripartito y dejó a la oposición sin su antagonista por excelencia. El paso de los meses dejó claro que buena parte del discurso opositor se había articulado, sobre todo desde 2009, en función del enfrentamiento con Kirchner, mucho más que a partir de la propia propuesta. Un exceso del necesario ingrediente confrontativo de cualquier discurso político que, ante la ausencia del adversario, se vació de contenido.

Como suele ocurrir, la fal- ta de amenaza "externa" potenció las internas en el seno del gobierno. Con la muerte de Kirchner, nació y se consolidó el "cristinismo", los nuevos "halcones" de la presidenta. Los exponentes de esa nueva vertiente kirchnerista (el vicepresidente electo Amado Boudou, por ejemplo) y no tardaron en enfrentarse con la "vieja guardia", más identificada con el legado, los modos y las prioridades del santacruceño.

Estas son las huellas hondas de una ausencia que monopolizó la política en el último año. Y que la cambió para siempre. Que sembró las bases del triunfo, con 53,8% de los votos en primera vuelta, de Cristina Fernández el pasado domingo. Que hace que muchos piensen en la re-reelección. Y que muestra una oposición débil y fracturada. En base a la nación/GDA

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