ETA esconde arsenal de US$ 6: pese a promesa de dejar armas

España. Guardia Civil y familiares de víctimas desestimaron el anuncio | Padre de un joven asesinado descree de los etarras

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MADRID | EL PAÍS DE MADRID

El comunicado de ETA en el que se anunció la semana pasada el final de la violencia no incluye una sola palabra sobre las armas y explosivos con las que la organización terrorista mató durante 43 años a sus víctimas.

¿Por qué se mantiene oculto un gigantesco arsenal cuando se ha anunciado que se renuncia al coche bomba y al tiro en la nuca? ¿Cómo y cuándo se destruirán y entregarán?

La banda cuenta con miles de kilos de explosivos, bombas lapa, armas pesadas, centenares de pistolas, subfusiles, ametralladoras y revólveres escondidos en una secreta red de zulos repartidos por caseríos, viviendas, garajes y escondrijos en Francia, España y Portugal cuyo valor supera los US$ 6,3 millones, según aseguran informes reservados de las Fuerzas de Seguridad de España.

Nadie conoce la ubicación de este siniestro circuito del terror en el que se ocultan los secretos de decenas de crímenes sin resolver. "Algunos (escondites) tienen más de 30 años y todavía no han sido descubiertos, quiero que se vayan conmigo a la tumba. Comprenderá usted por qué", asegura sin temblarle la voz un exmiembro de ETA político militar, de 69 años, que pide que se omita su nombre.

"Es como buscar el Santo Grial", admite un agente de la Guardia Civil. Algunos escondites aparecen gracias al olfato de los agentes. Como el encontrado en el caserío de los hermanos Aitor e Igor Esnaola, de 40 y 36 años, que hasta hace pocas semanas ocultaban 850 kilos de nitrato amónico, el mayor polvorín hallado en España. Desde el inicio de la tregua permanente, el pasado mes de enero, se han hallado cuatro escondites.

ETA ha escenificado su final en numerosos comunicados en los que asegura que "las armas se enterrarán como garantía del cumplimiento de los acuerdos políticos suscritos con los gobiernos español y francés". La destrucción sólo se llevará a cabo cuando se logre el "acuerdo político amplio" que se citaba en uno de los últimos documentos intervenidos a la banda. Un plan final en el que aspiran a que los presos queden en libertad, los "refugiados" (huidos) vuelvan a sus casas, el Ejército y las Fuerzas de Seguridad del Estado salgan del País Vasco y se celebre un referéndum sobre la integración de Navarra en Euskadi, todas sus viejas reivindicaciones.

Esa es la literatura etarra más reciente antes del histórico anuncio del cese de la lucha armada. Miembros de los servicios de inteligencia aseguran que la destrucción de las armas no será antes de 2013, fecha de las elecciones autonómicas vascas, una cita que puede utilizar la banda para los intereses electorales de su gente. "Hasta ese escenario queda un largo camino que recorrer. No hay ninguna seguridad sobre lo que puede ocurrir", afirma el responsable de uno de ellos. Las asociaciones de víctimas son igual de escépticas y dudan sobre la entrega de las armas.

Patxi Zabaleta, exmiembro de Herri Batasuna (el ahora legal partido político relacionado con la banda terrorista), fue uno de los primeros miembros de la izquierda abertzale que pidió a ETA el abandono de la violencia. Es más optimista que los expertos antiterroristas y se atreve a pronosticar un final rápido. "La entrega de las armas es menos relevante y será más rápida de lo que se cree. Lo importante es el comunicado, el resto es la consecuencia, es secundario y llegará seguro", dijo.

En el despacho de uno de los generales de la Guardia Civil, un hombre dedicado a la lucha antiterrorista que pide omitir su identidad, no piensa igual. "Las armas encima de la mesa. Tenemos que verlas para creer en esto. Mientras ETA no esté desarmada está armada. La Guardia Civil tiene la competencia sobre las armas en todo el territorio y esas armas no las hemos visto todavía. Hay que ser muy prudente, todavía queda mucho por andar. Creo que esto va a ser más político que policial. Nosotros no podemos negociar nada, estamos sometidos al imperio de la ley".

Harol Good, pastor metodista, y Alec Reid, sacerdote católico, fueron los testigos independientes a los que el IRA de Irlanda permitió que presenciaran la destrucción de sus armas. Fue un proceso lento, tortuoso y en algunas etapas dudoso, que provocó la dimisión del dirigente unionista David Trimble, ministro principal del Ulster. Una comisión internacional presidida por John de Chastelain, general retirado canadiense, Tauno Nieminen, general finlandés y el diplomático Andrew Sens verificaron durante varios años la destrucción final de pistolas, subfusiles, revólveres, misiles y una larga colección de armas pesadas. El gobierno británico los aceptó como intermediarios en un papel incómodo que fue cuestionado por casi todas las partes, pero al final aceptado.

¿Será igual de difícil en el caso de ETA? "Ni la séptima parte de lo que le costó al IRA (siete años)", asegura Patxi Zabaleta. "Si España no acepta la certificación de una comisión internacional se destruirán igual. Rápido y fácil, ya lo verá". ¿No es usted demasiado optimista? "No". La mayoría de las víctimas no piensan igual.

"Es una mala noticia, humillante para las víctimas"

Madrid | "Sentí una sensación de estupor, que no sabría expresar muy bien, al conocer el comunicado de ETA. Es una mala noticia, humillante para las víctimas". Lo dice el médico Antonio Salvá, de 59 años, padre de Diego Salvá Lezaún, el guardia civil asesinado junto a su compañero Carlos Sáenz de Tejada, en el último atentado mortal cometido por los etarras en España, el 30 de julio de 2009, en Palmanova, Calvia(Mallorca). Su hijo tenía 27 años; Carlos, su compañero, 28. Fueron los dos últimos asesinados por ETA en suelo español, pero no los últimos muertos de la banda: en Francia, el 16 de marzo de 2010, los terroristas mataron a tiros al gendarme Jean-Serge Nérin, el 16 de marzo de 2010, que es la postrera víctima mortal.

El padre de Diego Salvá dice estar dispuesto "a perdonar a los criminales que mataron" a su hijo. "A título privado, en el plano personal y siempre que antes me pidan perdón. Y han de expresar públicamente esta petición de perdón", añadió. En un cara a cara con los asesinos (no identificados ni detenidos) "les preguntaría quién les ayudó en Mallorca, porque hubo quien colaboró con el comando. Quisiera mirarlos a los ojos. Tengo curiosidad", indica.

El atentado que destrozó a los dos jóvenes ocurrió ante un cuartel provisional, a nueve kilómetros del palacio de Marivent, donde veranea la familia real. ETA enganchó dos bombas lapa debajo de los jeeps aparcados en un viejo cuartel en desuso, con cámaras de seguridad fuera de uso, cerca de donde se construyen unas nuevas dependencias. Los terroristas dejaron en Mallorca otros cuatro artefactos programados en bares del centro de Palma que estallaron diez días después, sin causar víctimas.

Salvá supo del atentado que mató a su hijo en Ibiza. Y en el barco entre Ibiza y Mallorca conoció el jueves pasado el anuncio del abandono de la violencia. Él cree que "es un fruto de la negociación. Yo no quería que el Estado negociara con terroristas". El País de Madrid

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