CENTRO NUEVA MAYORÍA
En 2007 Cristina planteaba como objetivo prioritario el perfeccionamiento institucional. Existía la idea de que Kirchner había logrado reconstruir el poder presidencial, pero a costa de generar un hiperpresidencialismo. En los hechos, Cristina no cumplió dicho objetivo. El presupuesto está prorrogado por decreto y esto es una evidencia al respecto.
Ahora, en 2011 plantea como prioridad la profundización del modelo, objetivo que en mi opinión ahora va a intentar cumplir. Cuatro años atrás Néstor Kichner era el líder del oficialismo y articulaba su coalición con gobernadores, intendentes, sindicalistas y piqueteros. Ahora Cristina prefiere elegir candidatos y colaboradores con los criterios de lealtad, juventud y compromiso para enfrentar a las corporaciones. Para Kirchner -de acuerdo a la cultura pragmática del peronismo- la ideología era un instrumento de la política; para Cristina, en cambio, la política es un instrumento de la ideología.
En 2007 la imagen positiva de Néstor Kirchner era superior a la de Cristina y su rol electoral fue importante en el triunfo de su esposa, que se había limitado a mantener en los cuatro años precedentes su rol como senadora en el Congreso. En cambio en 2010, al fallecer Néstor Kirchner, su imagen positiva era más baja que la de su esposa. Esto se acentuó desde entonces y la imagen de Cristina mejoró 13 puntos en forma casi automática con el fallecimiento del expresidente. Kirchner arrastraba siete años y medio de desgaste por el ejercicio del poder en forma directa e indirecta. Cristina surgió un año atrás con una imagen renovada, aunque ya llevaba casi tres años en la Presidencia. Esto marcó una diferencia. Ella recurre a la imagen de Kirchner en repetidas oportunidades, pero electoralmente ella tiene más votos que él.
En mi opinión la alta aprobación de Cristina, corroborada con el 50% obtenido en la preelección del 14 de agosto, es consecuencia de tres factores. El primero y obvio es el crecimiento de la economía, que este año llegaría al 8%, y el récord de consumo que se vive. El segundo es la división de la oposición y la falta de candidatos atractivos que se opongan al oficialismo. El tercero es que ella ha sabido hacer una campaña inteligente, incorporando los factores afectivos y sentimentales que cada vez son más importantes al momento de votar. Cuando Cristina dice `yo también viví una historia de amor como Perón y Evita` da un mensaje que no es económico ni político, pero que tiene mucha fuerza.
Pero la realidad es que el kirchnerismo está derivando en cristinismo. Ella está gestando un estilo propio que marca diferencias. Para tomar uno de los ejemplos más evidentes, para Kirchner Hugo Moyano, el líder sindical más poderoso del país, era su aliado sindical y su socio político para controlar el peronismo, que es la fuerza que está en el gobierno. En cambio para Cristina es un adversario político, que incluso puede ser enemigo de acuerdo a las circunstancias. El rol que Cristina da a los jóvenes es más relevante que el adjudicado por Kirchner. Hay figuras que han crecido con ella, como el ministro de Economía y candidato a vicepresidente Amado Boudou, al igual que agrupaciones juveniles como La Cámpora.
Las diferencias entre peronismo, kirchnerismo y cristinismo no son menores. El peronismo se ha transformado en una cultura política que ocupa el espacio del oficialismo y gran parte del espacio opositor al mismo tiempo. Sus exponentes más importantes son los gobernadores, los intendentes del Gran Buenos Aires y los sindicalistas: es el populismo tradicional de la Argentina. El kirchnerismo incorpora al peronismo un componente de centro-izquierda en la versión de los años setenta, añadiendo a las organizaciones de derechos humanos a la coalición oficialista. Con el cristinismo, el peronismo tradicional pierde poder, influencia y visibilidad; se mantiene la alianza con las organizaciones de derechos humanos, pero se incorpora a la juventud como un protagonista activo de la política.
Ella, desde la muerte de Kirchner un año atrás, no ha tenido ninguna derrota política relevante. El fracaso electoral en algunos distritos no la dañó en el ámbito nacional, como lo demostró la preelección del 14 de agosto.