Mujica clama por no gastar, pero siembra incertidumbre

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DANIEL HERRERA LUSSICH

En forma constante el presidente José Mujica pregona sobre la necesidad de ahorrar: reducir los gastos públicos, también "machaca" sobre excesos que se cometen en la órbita del propio gobierno y, a veces, hasta incursiona en los sectores privados. Hasta ahora, en principio, no surge una evidencia clara de que esas frases repetidas del mandatario tengan suficiente eco en sus colegas del Ejecutivo y el Poder Legislativo. Y tampoco si responden a esos llamados los entes estatales (el solo diseño del logotipo de Antel se menciona que superó los 2 millones de pesos de costo más IVA). Y lo mismo ocurre con las intendencias, incluidas las operadas por jerarcas del frenteamplismo.

Sin duda ese "ajuste del cinturón" que exige Mujica merece aplausos, aunque debe aparecer la acción y no solo las frases de buenas intenciones, tomando en cuenta el déficit público, la balanza comercial deficitaria y la desaceleración de la economía en el último trimestre, aunque sin el mismo ritmo se mantienen los precios altos de los "commodities".

A la salida de la Rural del Prado, en su estilo, marcó su posición ante interrogantes de la prensa: "Trato de no gastar plata, quiero la guita para hacer obras", dijo Mujica.

Sin embargo, muchas veces queda "flotando en el aire" si los dichos no buscan distraer la atención de problemas que cargan el peso gubernamental, y en la realidad son verdaderos misiles teledirigidos a contrincantes políticos.

Con "bombos y platillos" reclamó a sus ministros que controlaran y redujeran la cantidad de misiones al exterior del país. Sus allegados dieron cuenta, con énfasis, que en solo 8 días había firmado 59 resoluciones para viajes por una cifra en el entorno de los US$ 130.000, entre el 1° y 8 de septiembre. Solo para viáticos y pasajes. Un alza en el gasto en relación con el año 2010 del 20%.

Hace escasas horas el exministro blanco Antonio Mercader reveló en la "La Tertulia" de El Espectador, que un subsecretario "había viajado a Washington, por dos días, y el gasto que sumó fue de 8 mil dólares, entre ellos 5 mil de pasaje. Excesos que justifican plenamente la medida. Pero surge el interrogante: ¿cómo se autorizó ese gasto?".

LA OTRA CARA. Y 24 horas después del razonable tirón de orejas presidencial al gabinete fue firmado un decreto, por el mismo Mujica, que autoriza a los ministros a contratar personal, por el término de un año, sin ingresar como funcionario público, bajo el régimen de derecho privado. Según explicó la subdirectora de la Oficina Nacional de Servicio Civil, Ana María Ferraris, esta medida permitirá a los ministros, por sí solos, contratar servicios personales para el Estado en caso de estricta necesidad. Antes no lo podían llevar a cabo sin contar con la firma del presidente, hecho que consume tiempo, dijo la jerarca.

Se buscaría por este novedoso procedimiento flexibilizar trámites y poner tope a los contratos.

Sin embargo, muchos recuerdan que el gran paquete de funcionarios que ingresó en las dos últimas administraciones fue producto de miles de regularizaciones, como presupuestados, de gente en usufructo de becas o pasantías que solo podía permanecer en los cargos durante 18 meses. Esas pasantías y becas fueron provistas con nuevo personal, practicando una verdadera calesita que siempre terminó en más funcionarios públicos. ¿Ha sido necesario ese alto número de nuevos cargos en estos dos períodos de gobierno? La respuesta indicaría que no. Se afirma que sobra personal en numerosas oficinas y faltan en otras, como en la Policía o en educación.

Las cifras de la Oficina Nacional del Servicio Civil revelan que en estos años ingresaron 70 mil nuevos empleados en la Administración.

El total rondaría los 270 mil, algo más del 7% en el total de la población y el 17% si únicamente se cuenta el sector activo. ¿Cómo se dividen? Alrededor de 40 mil municipales, otros 40 mil de servicios descentralizados y el resto en la Administración Central.

ERROR O UN MISIL. Un razonamiento simple llevaría a darle la razón a la prédica de Mujica, ahorrar, achicar gastos y reducir funcionarios. Pero las contradicciones de las variopintas declaraciones del presidente afloran. Su secretario, el Dr. Alberto Breccia, en su nombre anunció con bastante ruido que enviaría un proyecto de ley determinando que los expresidentes, el actual y los vices, deberían pagar aportes jubilatorios por los sueldos que cobran, ya que se estaría aplicando un decreto de la época de la dictadura que fija solo la retribución líquida y elimina la nominal, con la obligatoria contribución al BPS. La sorpresa nació de inmediato: su compañero de fórmula y actual vicepresidente, Cr. Danilo Astori, salió al cruce para desmentir esa afirmación y señalar que su recibo estaba a disposición para confirmar que se le descontaba puntualmente algo más de 40 mil pesos mensuales para seguridad social, tal como se establecía por ley. Además, Astori agitó bastante las aguas al enfatizar que reiteradamente había avisado de ese tremendo error al presidente y a Breccia. Pero a pesar de ello, se resolvió enviar el proyecto al Parlamento.

¿Malentendido presidencial? ¿Uno de los reiterados misiles que salen de la Torre Ejecutiva para distraer la atención de la opinión pública o golpear a alguien que molesta? Mujica en sus "sonsonetes" de gastar menos y destinar más a obras imprescindibles, como las de infraestructura, no deja de tener absoluta razón. La gente en ese terreno lo reconoce. Pero también queda atónita cuando a las pocas horas surge de sus labios una nueva idea que distrae la atención de todos y despierta reacciones duras de la opinión pública, de la oposición y de sus propios sectores partidarios. ¿Dónde se encuentra la realidad?

Unos ven a Mujica materializando cosas que parecían trabadas de por vida. Hacía más de 20 años que el Uruguay vivía a los saltos por la llamada "guerra de las patentes", donde cada Intendencia le quería "mejicanear" el registro de un auto que circulaba en otro departamento. Hubo mil polémicas y proyectos. Todos quedaron en nada. Ahora el presidente logró el "milagro" y todo se unificará. El "humo blanco" se eleva a todo el territorio.

Otros, y que no son pocos, según las encuestas de popularidad (cayó al 41%), temen que no se detengan las marchas y contramarchas y el lanzamientos de ideas que se diluyen a las pocas horas de pronunciado el discurso o la charla informal del presidente y se pierdan en el vacío o en agrandar una peligrosa burocracia en medio de la aún floreciente economía. Fundamentalmente la sociedad teme que no se encaren las prioridades que unánimemente se exige, como el combate frontal a la inseguridad ciudadana, y se encuentre el camino para superar la grave crisis que afecta en todos los terrenos a la educación.

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