Nuevo actor que desafía al poder

| El fenómeno de las redes sociales pone a la defensiva a la policía y a los gobiernos que no terminan de definir cómo abordar sus efectos

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POR MARTÍN AGUIRRE

El asesinato de un adolescente en el Buceo días atrás volvió a plantear el problema que representan las redes sociales para las autoridades. El trasfondo del crimen, en el que foros y espacios virtuales en Internet son utilizados por "barras" de jóvenes para amenazas, desafíos y ajustes de cuentas, no es nuevo para la Policía local. Es que el mundillo de las redes sociales, con su aparente anonimato y ausencia de autoridad, parece ideal para canalizar los desahogos y frustraciones de muchas personas. Un fenómeno que excede estos episodios locales y que está sacudiendo las estructuras sociales y políticas a nivel mundial, como quedó en claro recientemente con la ola de violencia desatada en Gran Bretaña. Y que plantea serios desafíos acerca de los mecanismos de control social en esta nueva era de hiperconexión global.

La Real Academia no incluye aún una definición canónica de "red social". Sin embargo, términos como Twitter, Facebook, o MySpace son cosa de todos los días en los medios de comunicación. Es que uno de los aspectos más llamativos del fenómeno es su aparición explosiva. El primer ejemplo reconocido a nivel académico fue una empresa llamada "sixdegrees" creada en 1997. A partir de allí el fenómeno no dejó de crecer, y tuvo especial empuje con el surgimiento de Facebook en 2004 y Twitter en 2006. Hoy, sólo estas dos empresas cuentan con 900 millones de "clientes", lo que implica que casi 50% de los usuarios mundiales de Internet tienen cuenta en uno de ellos. Esto los convierte en lo que los expertos llaman un "monopolio perfecto", disparando su valor de mercado, que sumaría hoy US$ 15 mil millones.

La idea original detrás de estos servicios ha sido la de facilitar la interconexión entre personas de todo el mundo. Pero detrás de estas loables intenciones, también han aparecido los problemas. El caso más paradigmático ocurrió días atrás en Gran Bretaña, donde a raíz de un episodio puntual, se desató una ola de violencia en la que por varias noches, hordas de jóvenes tomaron las calles para dar rienda suelta a un frenesí de saqueos y destrucción. Y allí cobró renovado protagonismo el mundo de las redes sociales, utilizado por los agitadores para coordinar ataques y burlar a la policía.

A tal punto llegó este protagonismo que las autoridades se plantearon cortar los servicios de Internet. El primer ministro Cameron afirmó que "la libre circulación de la información puede ser usada para bien, pero también para mal" y, con fuerte apoyo popular, lanzó a la policía a investigar en las redes sociales para ubicar y detener a los responsables de la agitación. Esto generó revuelo a nivel mundial, sobre todo cuando fue elogiado por el órgano oficial de China comunista, cuyo régimen es conocido por su férreo control sobre la red. El gobierno de ese país posee una "Policía de Internet" con más de 30 mil personas trabajando para censurar todo intento de crítica o revuelta virtual, y en 2010 Beijing clausuró casi un millón y medio de sitios web.

Pero ni aún en sistemas cerrados se logra un control total sobre Internet, algo que quedó en claro cuando las redes sociales tuvieron un rol protagónico en las revueltas que vienen convulsionando a varias naciones musulmanas, y que terminaron con regímenes que parecían inamovibles como el de Hosni Mubarak en Egipto, o el de Muhammar Gadafi en Libia. Incluso el operativo que acabó con la vida del terrorista más buscado del mundo, Osama bin Laden, fue reportado por un usuario de Twitter desde el remoto pueblo en las montañas de Pakistán, antes que ningún medio tuviera idea de lo que pasaba.

A tal punto llega la influencia de estas redes, que algunos expertos se plantean que representan un desafío serio a los sistemas de democracia representativa tal como los conocemos, debido a las posibilidades que ofrecen para informarse y participar de hechos políticos de manera casi instantánea. Algo que estuvo muy presente en las protestas que paralizaron a España durante este invierno, y que ha impactado incluso en la escena política local, donde varios dirigentes discuten y dirimen diferencias a través de sus cuentas en redes sociales.

Pero más allá del encandilamiento que produce una herramienta tan nueva y revolucionaria, parece lógico hacerse algunas preguntas acerca de su impacto en la vida actual. ¿Se puede tener un debate de ideas profundo en los 140 caracteres de una red social? ¿Corresponde otorgar a los usuarios de las mismas un grado de impunidad y libertad que no existe en otros ámbitos sociales? ¿Cuál debe ser el límite a los derechos de los usuarios y quién se encargará de controlar cuando las libertades de unos comienzan a afectar derechos de otros?

Como era de esperar, el fenómeno desata amores y odios en dosis semejantes. Pero al escuchar a algunas voces que demonizan y centran en las redes sociales la responsabilidad por todos los males de violencia que azotan a la sociedad actual, es difícil no ver allí una exageración muy semejante a la que sufren quienes creen que por la simple aparición de esa herramienta, el mundo debe cambiar su manera de girar.

La frase.

"Cuando hay gente que utiliza las redes sociales para incitar a la violencia, tenemos que detenerlos". (Primer ministro británico, David Cameron)

La cifra.

Casi el 50% de los usuarios mundiales de Internet tienen una cuenta en una red social.

El dato.

Un grupo de hackers conocido como Anonymus, encabezado por un líder llamado Comandante X amenaza con "matar" a Facebook el 5 de noviembre de este año.

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