EE.UU. y Europa atrapados por la crisis

Debacle financiera. Bancos Centrales actuaron de urgencia para frenar la caída La perspectiva del mundo rico es de crecimiento lento por mucho tiempo Desempleo alto seguirá afectando a EE.UU.

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LONDRES | THE ECONOMIST

Llegó la hora y los bancos centrales actuaron en Europa y EE.UU. Pero no pueden resolver los problemas de fondo de las economías ni generar crecimiento. La perspectiva es de inestabilidad y bajo crecimiento.

El Banco Central Europeo (BCE) comenzó a comprar bonos de Italia y España en un esfuerzo para impedir que la crisis de la deuda soberana paralizara a dos de las más grandes economías del continente. Un día después, la Reserva Federal de Estados Unidos hizo el compromiso sin precedentes de continuar con las tasas de interés a más o menos cero por dos años más, para mantener fuera de la recesión a una economía que se atasca. En ambos casos, los pasos dramáticos se dieron ante el fracaso político para llegar al centro de los problemas. El hecho de que llevaran a los dos bancos bien lejos de sus zonas normales de operación fue subrayado por las divergencias internas que enfrentaron las dos acciones, discrepancias rara vez vistas en el mundo de los bancos centrales impulsados por el consenso.

La reacción inicial de los mercados fue positiva, por lo menos del lado europeo. En Estados Unidos hubo una mejora de los rendimientos de los Bonos del Tesoro y subieron las acciones, pero por poco tiempo.

El anuncio de la calificadora Standard & Poor`s de reducir la nota de los bonos estadounidenses, tuvo escasa significación económica, debido a que no agregó nueva información sobre la credibilidad crediticia de Estados Unidos, sino que, pese a ello, asustó a los mercados, suscitó nuevos insultos entre políticos, fue recibida por el Partido Republicano como una reivindicación de su insistencia en profundos recortes de gastos y planteó dudas sobre la capacidad del Departamento del Tesoro de respaldar al sistema financiero. Como consecuencia, las acciones de los bancos fueron duramente golpeadas.

Por mala que sea la situación, Estados Unidos no cayó de nuevo en recesión. El gobierno informó que el desempleo bajó apenas del 9,2% al 9,1%, las ventas de vehículos cero kilómetro aumentaron en julio y las solicitudes iniciales de seguro de desempleo siguieron la tendencia en descenso. En el mejor de los casos, la economía podría estar creciendo 2,5%, que es casi su tasa potencial de crecimiento de largo plazo. Es demasiado baja para causar una significativa reducción del desempleo. Eso es inaceptable, según la señal que dio la Fed con sus acciones.

Además de mantener baja la tasa de interés, la Fed indicó que está preparada para probar otras herramientas, que podrían conllevar el recorte del interés que paga a los bancos por las reservas que mantienen en depósito en la Fed, que ahora es del 0,25%, alterar la combinación de bonos que tiene en favor de otros papeles de mayor plazo y apuntar a los rendimientos de los bonos, no sólo a las tasas de interés de corto plazo.

Esas intervenciones parecen relativamente menores en comparación con la posibilidad de un tercer "relajamiento cuantitativo" (QE como se lo conoce por su abreviatura en inglés): volcarían una nueva emisión al mercado con la que comprarían bonos. Si bien es una herramienta poderosa, la Fed se muestra renuente a volver a usarla. La última vez, la completó en junio, y provocó un incendio político, debido a que los republicanos acusaron a la Fed de dar sustento monetario al dispendio fiscal. Las autoridades en el exterior dijeron que se estaba corrompiendo al dólar a expensas de los socios comerciales de Estados Unidos.

Las economías en vías de desarrollo temen que una tercera QE en Estados Unidos generará aumentos de precios y burbujas especulativas en sus propios países. En la actualidad, los responsables de las políticas en las emergentes Asia y América Latina, intentan refrenar sus economías y no acicatearlas. Los chinos luchan con una tasa de inflación que subió al 6,5% anual en julio, la más alta en tres años. En Brasil, aumentó al 6,9%, la más alta en seis años. El mes pasado, el Banco Central de India subió las tasas de interés por onceava vez desde marzo de 2010.

RIESGOS. Sin embargo, un dólar más débil no debería necesariamente empujar los precios en otros lugares, en la medida en que los responsables de las políticas fuera de Estados Unidos no traten de seguir al dólar en descenso. Al permitir que sus monedas se muevan con más libertad contra el billete verde, las economías emergentes pueden protegerse a sí mimas de las decisiones de la Fed. El único peligro es que esas apreciaciones de las monedas comienzan a alimentarse en sí mismas, tentando a quienes hacen operaciones denominadas de "carry trade" (un inversor pide prestado a tasas bajas, por ejemplo en dólares en Estados Unidos, y luego lo coloca en instrumentos financieros de países con tasas más altas) a seguir ganando dinero, azuzando el proceso por cuanto tiempo puedan. Controles modestos de ingreso de capitales son una manera de mantener a esos especuladores a raya.

Durante el último año, la mayoría de los países emergentes de Asia (con excepción de Vietnam) han permitido que sus monedas se fortalecieran un poco contra el yuan, aun cuando China ha permitido que el yuan crezca contra el billete verde. El ascenso de los tipos de cambio en América Latina ha sido más dramático y en efecto, excesivo. El real, la moneda de Brasil, se apreció 6% contra el dólar en los primeros siete meses de 2011, antes de caer un poco este mes. En principio, estas monedas más fuertes pueden ayudar a las economías emergentes a luchar contra la inflación y también a contribuir a la recuperación del resto del mundo. Monedas más caras actúan como un freno a las exportaciones. Eso las hace impopulares, pero también ayuda a contener las presiones salariales, al moderar la inflación. Monedas más costosas también alientan a la gente a cambiar su gasto en productos locales a extranjeros. Eso también podría revitalizar la demanda en el mundo, sin contribuir al recalentamiento interno.

Este nuevo equilibrio ayudará a la economía global en cierto grado. Pero, pocos de los que hacen pronósticos económicos ven que vaya a agregar más de US$ 100.000 millones a la demanda en el resto del mundo este año, si no que será una modesta contribución en comparación con el gasto requerido para restablecer el pleno empleo en la economía mundial. Estados Unidos sufre de una falta de demanda de US$ 880.000 millones al año, de acuerdo con la Oficina de Presupuesto del Congreso.

Las flaquezas políticas que llevaron a la intervención del BCE en los mercados de bonos son aún más preocupantes que las que motivaron las acciones de la Fed. El problema de la deuda que provoca nudos políticos en Estados Unidos reside en los costos futuros de las jubilaciones y del sistema de salud.

DESISTEN. El problema de la deuda de Europa es claro y actual. No puede resolverse sin superar la profunda renuencia de los líderes de las principales naciones acreedoras en la eurozona de 17 países -por sobre todo, la canciller de Alemania, Angela Merkel- para que fortalezcan la desvencijada moneda única sin mayor integración fiscal. La creación original de la unión monetaria europea no vio necesidad de esa integración. El Tratado de Maastricht, de 1992, proscribió los rescates de países miembros imprevisores, lo que tuvo por finalidad evitar que surgieran esos temas. La tensión entre esa norma y la admisión de países con finanzas públicas débiles, como son los casos de Italia y Grecia con fuerte endeudamiento, fue ignorada. Se suponía que la disciplina fiscal provendría de los límites al déficit presupuestal establecidos en el pacto de estabilidad y crecimiento, pero eso cedió temprano cuando Alemania y Francia violaron los límites, pero se libraron de las sanciones.

Una vez que Europa decidió desprenderse de la norma que impedía los rescates, en mayo de 2010, cuando rescató a Grecia, claramente se necesitaba un nuevo mecanismo de apuntalamiento fiscal. Debería haber restricciones mucho más fuertes para prevenir que los países generaran finanzas públicas insostenibles en el futuro. Necesitaría crear una capacidad fiscal compartida para apoyar a países en problemas.

Pero, de manera consistente, los líderes europeos se han quedado cortos ante lo que se requería. El lastimoso esquema ha sido el de hacer lo menos posible y lo más tarde posible después de extensas discusiones y muchas veces acalorada diplomacia que sale a la luz pública con desorden, alimentando la confusión en lugar de entregar seguridad. Las reformas aprobadas en marzo fueron solo fuegos de artificio. Se enfocaron en prevenir futuros rescates que resultaran de deslices fiscales y vulnerabilidad económica, con los países de la eurozona (y otros en la más amplia Unión Europea) firmando los compromisos, que rigen bajo las leyes nacionales, y asegurarían finanzas públicas sólidas, así como medidas para mejorar la competitividad.

Crearon el Fondo Europeo de Estabilización Financiera, pero tampoco se hizo mucho en ese frente. Los líderes europeos se comprometieron a incrementar la capacidad de créditos del fondo a US$ 625.000 millones. Las reservas necesarias para la calificación máxima AAA de los bonos significaba que el compromiso inicial solo le permitía prestar por US$ 358.000 millones. Pero la oposición de Alemania derribó las esperanzas de que se haría más grande y flexible. Quedó confinado a su papel original de dar financiamiento solo a países que fueron rescatados formalmente.

Las cifras

66 Países usan el dólar como moneda propia, o ligan o vinculan su moneda con el dólar.

9 Billones de dólares es el PIB conjunto de los 66 países del bloque del dólar.

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