Espías y algo más

Álvaro Casal

Rupert Murdoch ¿sabía o no sabía que periodistas de sus diarios practicaban el espionaje telefónico para captar noticias que luego saldrían en las ediciones escandalosas conocidas como "tabloides"?

Quizás esto nunca se pueda desentrañar con total certeza pero sí se advierte el afán por captar lectores con historias sensacionales, aunque ellas hayan sido obtenidas por medios no legítimos. En otros casos publicando relatos de dudosa veracidad. También se transparenta el afán por influir a cualquier costo. Algo que en Murdoch tiene su más reciente exponente, pero que cuenta con antecedentes. Veamos.

William Randolph Hearst, magnate de la prensa estadounidense fue el arquetipo. Originador de un tipo de periodismo escandaloso, que tuvo su auge a fines del siglo XIX y fue descripto como "amarillo" por un diario rival.

Cuando la guerra de independencia de Cuba, en la que Estados Unidos se involucró decididamente, Hearst decidió dar noticias de primera mano. Aunque hubiera que crearlas. Para ello se trasladó hasta la zona de las hostilidades en su elegante yate y decidió tomar españoles prisioneros. Para ello atrapó unos desventurados náufragos y se los entregó a un muy disgustado comandante de la flota norteamericana. Éste le advirtió firmemente que si insistían en estas acciones, serían severamente sancionados. Hearst no insistió pero sus diarios dieron la noticia de que ellos habían capturado españoles.

En tiempos de paz, uno de sus editores dio la noticia de que sus periodistas habían hallado una familia de niños que vivían al margen de la sociedad estadounidense. Esta versión sirvió para una serie de artículos que apasionaron a los lectores. Hasta que un día la serie se cortó abruptamente: resulta que la señora de Hearst se había presentado, emocionada, en la redacción para hacer una donación importante para los huerfanitos imaginarios. Se le avisó a Hearst y éste, considerando que el asunto había ido demasiado lejos, ordenó que se pusiera punto final a los relatos.

En el Río de la Plata, un escandalizador fue el uruguayo Natalio Botana, quien con sólo 25 años, en 1913 fundó en Buenos Aires el diario "Crítica". Innovó periodísticamente al dejar de lado la solemnidad y optar por un lenguaje popular mezclado con sensacionalismo, denuncia y artículos de escritores prestigiosos como Roberto Arlt, Jorge Luis Borges o Bernard Shaw. Según indicó Leopoldo Marechal, en su novela "Adán Buenosayres", Botana, estando en una aburrida partida de póker nocturna, se puso a contar los fósforos que había en una cajilla. Advirtió que contenía 44 y no los 45 prometidos. Con esto, habría logrado que la empresa fabricante pagara fortunas con tal de que la noticia no llegara a la primera plana de "Crítica".

Ahora vivimos en tiempos de Murdoch. Según observadores ingleses, otros han aplicado prácticas ilegales en sus diarios, pero han tenido la suerte de no ser atrapados. ¿Luego vendrán nuevos émulos? Probablemente, ¿no?

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar