Precipitado

Es raro. Hace apenas un par de semanas pregunté, en esta misma columna, por las encuestas de intención de voto. Me parecía extraño que en un momento político como el que el país vive desde febrero pasado todas las empresas de opinión pública -esas que se encargan de contarnos quién será el campeón de un torneo sin saber incluso qué equipos participarán del mismo y quiénes serán sus jugadores- hubieran perdido, súbitamente, las ganas de contarnos "quién ganaría si las elecciones de 2014 fueran hoy" (¿verdad que sueña extraño? Bueno, de eso se trata).

Parece que bastó con preguntar una vez para que se destapara el tarro y saliera una primera encuesta de intención de voto que mostró al Frente Amplio a la cabeza, con un 40% de las simpatías, seguido del Partido Nacional con un 19% y el Partido Colorado con un 17%.

Estos números admitían diversas lecturas. Los frenteamplistas pueden afirmar que, en el peor momento de la coalición y del gobierno, su partido mantiene "un piso" de 40% para una primera vuelta, lo que no es poco. La oposición puede sostener que, sumada, está a la par del Frente Amplio si se considera el error de la muestra, y que el oficialismo parece lejos de una mayoría absoluta. El Partido Nacional puede afirmar que es la principal fuerza de oposición. Y el Partido Colorado que está cerca de serlo.

Hasta allí todos contentos. Pero la encuesta venía con un agregado. Más de siete de cada diez consultados afirmaba estar convencido de que el próximo presidente de la República será el doctor Tabaré Vázquez. Y fue precisamente este elemento uno de los más divulgados de ese estudio de opinión pública.

La encuesta refleja una realidad. Una parte muy alta de los uruguayos -incluyendo al mismísimo involucrado y a quienes le rodean- parece convencida de que si el doctor Tabaré Vázquez comparece en 2014 como candidato del Frente Amplio las elecciones están decididas de antemano. ¿Para qué deberíamos gastar dinero en votar si las tres cuartas partes ya sabemos quién ganará?

Pero hay una distancia muy grande entre lo que la mayoría piensa y lo que la mayoría votaría. ¿O no se advierte que, con la promesa de un Vázquez candidato, el Frente Amplio ha perdido hoy en los sondeos aquella mayoría absoluta y aplastante que solía mostrar hace no tanto tiempo?

Nadie muere en las vísperas. Y nadie es presidente antes de ganar una elección. En 1985, al salir de la cárcel, era imposible pensar que Wilson Ferreira no sería presidente en 1989. En mayo de 1989, cuando Jorge Batlle y Enrique Tarigo disputaron la interna colorada, era difícil creer que aquella división terminaría con la derrota del Partido Colorado a manos de Luis Alberto Lacalle, a quien en 1984 habían bajado del ómnibus de la Caravana de la Victoria. Y en 1994 parecía increíble que Jorge Batlle, que reunió 100 mil votos para dar la segunda Presidencia a Julio María Sanguinetti fuera el presidente cinco años más tarde.

Esto es política. Y en política, como decía José Bat-lle y Ordóñez, el que se precipita, se precipita.

elpepepregunton@gmail.com

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