El buque insignia que hizo agua

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Fue el final de una era. La decisión del presidente Mujica de remover a Ana Vignoli del Ministerio de Desarrollo Social tiene implicancias que van más allá de un simple cambio ministerial. Representa el fin del monopolio del Partido Comunista en el manejo de las políticas sociales, un "ajuste de cuentas" en la interna del Frente Amplio, y el primer reconocimiento público de que detrás de lo que fue conocido como el "buque insignia" de la administración Vázquez, había severos problemas de gestión.

El detonante es conocido. Las cinco muertes tras la primera ola de frío invernal, el fallecimiento de un niño en Artigas por desnutrición, y la falta de respuesta a los reclamos del Presidente de una mayor ejecutividad, terminaron sentenciando la caída de Vignoli. Pero la decisión de Mujica estuvo enmarcada por un proceso de críticas internas al Mides como pocas veces se ha visto en el oficialismo.

Por ejemplo, días antes de la destitución de Vignoli, el coordinador del Sistema Nacional de Emergencia, Gustavo Leal, decía que "acá no hay un tema de recursos, sino del enfoque que tienen esos recursos". Esto, sumado a su afirmación de que su oficina estaba en condiciones de responder a la crisis "diez minutos después de que el Ejecutivo tome la decisión", dejaba en claro que había discrepancias con el trabajo del Mides. Aunque lo de Leal es poco al lado de las críticas surgidas desde un medio propiedad de Esteban Valenti, operador del expresidente Tabaré Vázquez.

"El Mides muestra una bajísima capacidad de gestión", "hay falta de capacidad", fueron algunas de las frases allí expresadas. Pero lo más esclarecedor fue el final: "¿Hasta cuándo los cargos ocupados por diversos sectores son una protección contra la ineficiencia, la falta de liderazgo e incluso la sensibilidad más elemental?"

Para entender el origen del problema es necesario remontarse al 2005. Allí, el recién electo Vázquez tomó la decisión de crear un ministerio que centralizara las políticas sociales, entre ellas el Plan de Emergencia. Desde un principio la decisión generó críticas, ya que muchos creían que no era necesario un nuevo ministerio, con toda su carga burocrática. Sin embargo Vázquez insistió, ya que había visto que países exitosos en la materia como Chile o Brasil se habían organizado de esa manera. Además, la creación de la cartera le permitía cumplir con el Partido Comunista, que había quedado sin cuota en el gabinete.

Los principios del Mides fueron complejos. Todo, desde la asignación de los recursos, el trato con otras oficinas públicas, hasta la llegada de funcionarios, fue un dolor de cabeza para la ministra Arismendi. Esto sumado a que el PCU hizo de la cartera un coto cerrado donde se ubicaron los principales dirigentes del partido. Y con episodios polémicos como la contratación de varios familiares de Arismendi. Ya entonces hubo roces con el MPP, cuando tuvo un entredicho con el director del INDA, el extupamaro Uberfil Monzón, saldado con el recordado "al INDA pasámelo, al cura quedátelo vos".

Pero los problemas fueron más allá de eso. La instrumentación del Plan de Emergencia tuvo severos cuestionamientos, como la falta de monitoreo de las contrapartidas exigidas a cambio del Panes, los problemas logísticos con el Plan Alimentario, y la escasa respuesta a programas como el plan Trabajo Por Uruguay, pensado como forma de reencauzar al mercado laboral a muchos beneficiarios. Sin embargo, el ministerio siguió su marcha. Y sus resultados, entre ellos la atención directa a más de 90 mil hogares carenciados, fueron presentados como un logro en la siguiente campaña.

Para Mujica el Mides también fue un dolor de cabeza. El quiebre en la interna comunista, la caída en desgracia de Arismendi y el ascenso del senador Lorier, lo obligó a cambiar gran parte de la cúpula de la cartera. Y la llegada de Vignoli mostró que la nueva dirigencia tenía un perfil aún más ideológico que el anterior. Por ejemplo, el Mides cortó programas auspiciados por República AFAP, por estar la ministra en contra de esas entidades. Además, Vignoli se plegó a las fuertes críticas que desde el Partido Comunista se hicieron a la política económica. Todo lo cual abonó el terreno para su salida.

A seis años de su creación, el Mides tiene hoy más de mil funcionarios, un presupuesto de US$ 110 millones anuales, sumados a otros programas de asistencia. En su haber cuenta con una importante reducción de las cifras de indigencia, y la caída de las cifras de mortalidad infantil en zonas muy deprimidas. Además se debe reconocer que desde su creación, su simple puesta en marcha fue una tarea ardua, que se benefició de la estructura que aportaron los comunistas. En el debe están la falta de información clara e independiente sobre la forma y la efectividad con la que gasta esos recursos, y el sectarismo político que marcó su funcionamiento.

Pasada la etapa de emergencia, y mientras el nuevo ministro Olesker anuncia ambiciosos proyectos para la cartera, a la que llegó a considerar "un ministerio de gobierno" de la izquierda, cabe preguntarse si el mismo logrará superar su estigma de ser una oficina con marcados fines electoralistas.

Y, sobre todo, si tamaño esfuerzo económico por parte de la sociedad se verá compensado con una gestión más eficaz.

Por Martín Aguirre

La frase.

"Creo que las políticas sociales siempre deben estar acompañadas de compromisos de las personas, en salud y educación". (Daniel Olesker)

El dato.

Las contraprestaciones de los programas de asistencia han sido un punto flaco del Mides. Se entregaron cientos de millones sin exigir nada a cambio.

La cifra.

El Presupuesto Nacional estableció para el Mides una partida de US$ 106 millones por año, reajustable.

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