Cristina, la reina del suspenso

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Ala presidenta argentina le encanta convertirse, de tanto en tanto, en la reina del suspenso. En los últimos días, mantuvo a su país en vilo por menos de una semana, protagonizando una comedia dramática en dos actos: en el primero, terminó con la incógnita acerca de cuál sería su decisión respecto de la aceptación o el renunciamiento a la reelección en los próximos comicios de octubre, sorprendiendo a varios millones de compatriotas que no creían -malpensados- en su determinación de sacrificarse cuatro años más en nombre de la patria "amada"y a gobernar a los argentinos y argentinas incluidas las Madres de la Plaza de Mayo, que últimamente se han mostrado bastante ingobernables. Así -afirmó, convencida- podrá extenderse por un cuatrienio el "Modelo K" que, aunque nadie sabe de qué se trata, igualmente parecería el preferido por la mayoría de quienes se vuelquen a las urnas.

Después de ese anuncio, Cristina Fernández de Kirchner abrió un intervalo de expectativa popular para animar el segundo acto, manteniendo en secreto por unos días más el nombre de su compañero de fórmula (el vicepresidente, que le dicen) aunque del dicho al hecho hay mucho trecho. (Consúltese: JULIO COBOS. Nacido para la traición a los K. Editorial: Fin del conflicto con el agro).

En instancia tan trascendente, "Cris" -a la manera de la ceremonia de entrega de los "Oscar" de Hollywood- sacó su sobre-sorpresa (que guardaba celosamente el nombre del elegido) y dijo con voz de misterio a punto de revelarse: "El cargo de vicepresidente... es... para... ¡Amado Boudou!"

Un murmullo elocuente que siguió a los aplausos de circunstancia, amasado por los desencantos más hondos y los desconsuelos brutales de que alguna vez informó Discepolín, dominó los ambientes de la Quinta Presidencial de Olivos: y no porque el amado Ministro de Hacienda hubiera sido descartado en el manejo previo de nombres con chance para ocupar el banquito que le tiene reservado "Cris" al vice, detrás del sillón de Rivadavia: sino porque su designación dejó un tendal de frustraciones, donde varios legionarios de la sumisión al poder de los K, deberán abandonar los lugares que venían ocupando a todo confort y partieron hacia la intemperie, iniciando la gélida espera que habrá de culminar en un estival 10 de diciembre, para reiterar la bienvenida a la repetida presidenta, con la esperanza de retomar un huequito en el Departamento de Adulones, que tanto les rindió y donde tanto rindieron a sus patrones.

Se ignora si ese día, los camiones a las órdenes de Moyano se acoplarán al festejo, o si expresarán su descontento a los bocinazos.

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