Pablo Antúnez
Las empresas semilleristas uruguayas continúan los contactos con sus pares de Estados Unidos y apuntan a incrementar el área de eventos de soja transgénica a reproducir, para exportar la semilla en régimen de contra estación.
El año pasado tres empresas semilleristas uruguayas firmaron contrato con sus pares de Estados Unidos para multiplicar, en régimen de contra estación, tres eventos de soja transgénica no aprobados en Uruguay para uso comercial, cuya semilla, luego de ser certificada, se exportó a América del Norte.
La operativa, controlada a cada paso, mostró que Uruguay podía transitar un camino novedoso, mostrando toda su seriedad y el potencial de un organismo como el Instituto Nacional de Semillas (Inase), que además de controlar el proceso productivo, certificó la semilla.
Las tres variedades de sojas transgénicas, con amplio arraigo en la agricultura granelera estadounidense, ocuparon una superficie de 2.200 hectáreas y este año, las empresas uruguayas apuestan a incrementar la superficie y la cantidad de eventos a multiplicar.
Hasta ahora se multiplicó la soja RR2Y que resiste al glifosato de amonio (el herbicida más usado en la siembra directa), la RR2Y BT que además de a ese herbicida también resiste a insectos y el otro evento es una soja resistente al glufosinato de amonio (otro herbicida muy usado).
"Las empresas uruguayas están en contacto con las empresas de Estados Unidos y todavía no hay nuevos contratos, pero seguramente los habrá", aseguró a El País el gerente de la Cámara Uruguaya de Semillas, Daniel Bayce.
Para poder volver a plantar, las firmas deben presentar las solicitudes a la Comisión de Bioseguridad y ésta las debe autorizar. "Están en la etapa de redacción de las solicitudes para que autoricen los permisos", estimó Bayce.
Por su parte, el presidente del Instituto Nacional de Semillas (Inase), Pedro Quejheile, dijo a El País que la operativa funcionó muy bien y "se cumplieron absolutamente todas las normas de bioseguridad. Eso hace pensar que se pueden plantar este año más de las 2.200 hectáreas que se destinaron al cultivo antes".
Inase hace todo un seguimiento de la semilla desde que sale del barco o avión cuando llega al Uruguay y en adelante. "Se controla la descarga, el transporte hasta la chacra, se inspecciona la semilla, se controlan las sembradoras y la plantación en sí", explicó el titular del organismo.
Durante todo el ciclo de cultivo se hacen inspecciones para controlar que se están cumpliendo con las normas de bioseguridad y otras vinculadas con la certificación.
Las revisiones se extienden a cada camión que saca la semilla de la chacra y la lleva a una planta de procesamiento donde es envasada para ser enviada a los Estados Unidos.
Según Quejheile una vez cargada en contenedores en las que irán al destino final, estos son precintados para brindar las máximas garantías a la operativa. Lo que llega a multiplicarse es semilla de la mejor calidad que se produce y una vez que llega a destino es usada en la campaña agrícola estadounidense. Así las empresas logran dos producciones en una.