El arte de aliviar el dolor y sacar sonrisas cuando la vida se acaba

Cuidados Paliativos. Experto mundial recomienda más formación médica

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LETICIA COSTA DELGADO

Ningún enfermo se puede morir con dolor. Esa es la máxima del médico Marcos Gómez Sancho, especialista español que visita Uruguay con motivo de la Segunda Semana de la Medicina Paliativa, área de la que es uno de sus precursores.

"No hablo de medicamentos ni de dosis porque sepan ustedes que eso es lo más fácil. Lo más difícil es que interioricemos otra forma de ejercer la Medicina." Así comenzó el martes 21 Marcos Gómez Sancho la charla "Medicina Paliativa: la atención integral al enfermo en situación terminal y sus familiares", frente a un auditorio repleto en el anfiteatro del Hospital Maciel.

Y no habló prácticamente de medicamentos. Solo lo hizo para decir que es clave complementar los calmantes recomendados por la Organización Mundial de la Salud para tratar distintos grados de dolor -de los analgésicos convencionales a las drogas más duras como la morfina- con otros aspectos como la escucha, la palabra, la compañía y la atención a la familia.

Precisamente, esas son las bases de la Medicina Paliativa, área de la salud que se dedica al cuidado de los enfermos terminales, especialmente de aquellos cuyo estado es tan avanzado que no reaccionan frente a ningún tratamiento. "La meta es la calidad de vida tanto del paciente como de su familia sin intentar alargar la supervivencia sino cubrir las necesidades físicas, psicológicas, sociales y espirituales", explicó Gómez Sancho con base en una definición de la OMS.

El comienzo. Médico anestesista de profesión, Gómez Sancho comenzó a trabajar en Medicina Paliativa a principios del 90, tiempo después de sufrir él mismo el dolor más intenso de su vida. "Tuve una hernia lumbar y me operaron. Era una operación sencilla pero se infectó en el quirófano y estuve a punto de morirme", contó a El País.

Estuvo seis meses en el hospital sin poder moverse, y la recuperación le demandó dos años y medio de internación domiciliaria. "No puedo olvidar lo que sufrí esos tres años. Un dolor intensísimo, incapacitante. Además era soltero y estaba muy solo", rememoró.

Cuando se recuperó viajó a Italia para estudiar lo que sería su nueva especialidad, y creó en España la primera unidad de Medicina Paliativa. Hoy los títulos, libros, conferencias, méritos y asesorías realizadas en Europa y América dentro de este campo ocupan cinco páginas en su currículum. Este fue su viaje número 70 al continente.

"A mí me dicen que soy raro porque se me mueren todos y encima me río", bromeó. "Pero ustedes tendrían que ver qué miradas, qué maneras de darte la mano, qué sonrisas, qué besos. Se están muriendo, y son agradecidos", dijo con emoción a médicos y enfermeros.

CALMAR EL DOLOR. Al haber aumentado la esperanza de vida, expresó Gómez Sancho, crecieron también las enfermedades degenerativas, que hacen que hoy existan "más posibilidades de morir lentamente", presos de enfermedades como el cáncer, principal patología de quienes reciben cuidados paliativos -otras son las deficiencias cardíacas, las enfermedades respiratorias o las arteriopatías-.

Cuando el paciente no responde más a la quimioterapia ni a la radioterapia y su organismo no resiste una nueva operación, comienzan los cuidados paliativos. La clave, según Gómez Sancho, está en comprender que la muerte no es un fracaso, que el dolor se "debe" aliviar, y que sus familiares son los mejores cuidadores que tiene.

"El dolor arruina al ser humano y no lo deja pensar en otras cosas, ni en su vida, ni en su muerte, ni en su familia, todo él es dolor. Por lo tanto lo primero es quitárselo", enfatizó y dijo que ahora hay fármacos para reducir el dolor hasta en 95%, aunque en Uruguay no se encuentran en todos los centros de salud, según especialistas del Hospital Maciel.

La aplicación de fármacos en Medicina Paliativa apunta a calmar el dolor y, si existen síntomas irreversibles como la asfixia, a sedar la conciencia. Nunca a causar la muerte, diferencia básica en relación a la eutanasia, dijeron los especialistas.

NECESIDADES. Una vez que el dolor se calma salen a la luz necesidades que van desde lo económico hasta lo social o lo espiritual, agregó Gómez Sancho. "Imaginen el sufrimiento de una persona al saber que se muere y su familia se queda en precariedad económica" Para atender las distintas necesidades, indicó, es importante el trabajo conjunto entre médicos, enfermeros, psicólogos y asistentes sociales.

"El enfermo no les pide que lo curen. Les pide que no le abandonen, que no le consideren muerto antes de morir y que se preocupen por su bienestar y el de sus familiares". Solo llamarle por su nombre, darle la mano y sentarse en su cama, lo alivia, agregó y dijo que los médicos deberían formarse para atender a este tipo de pacientes.

Y cuando se acerca el momento de morir, es "mucho más digno", que muera en su casa a que lo haga rodeado de tubos y aparatos.

"Porque a la hora de morir nadie necesita un palacio sino un entorno agradable que le brinde seguridad, y sea una cueva o un palacio, es la casa de cada uno."

Uruguay: 8.200 enfermos graves no reciben cuidados paliativos

En Uruguay funciona desde 2004 el Servicio de Medicina Paliativa del Hospital Maciel. Fundado por Gabriela Píriz -quien se formó con Marcos Gómez Sancho- y dirigido por Laura Ramos, cuenta con seis médicos y seis enfermeros, y es una referencia en la materia.

Actualmente el servicio atiende a 100 pacientes. Algunos se encuentran internados en el hospital, otros viven en sus casas y hay quienes siguen tratamientos ambulatorios. También tienen una guardia telefónica de atención las 24 horas.

Los cuidados paliativos fueron incluidos por el MSP dentro del Primer Nivel de Atención, por lo que todos los hospitales y mutualistas cuentan con algún tipo de servicio de cuidados paliativos. Los departamentos de San José, Treinta y Tres, Río Negro, Salto, Paysandú, Durazno, Soriano y Colonia tienen equipos especializados.

Sin embargo, según Píriz, se estima que 8.200 uruguayos no reciben los cuidados que necesitan. Así y todo, según Gómez Sancho, Uruguay es el país de América donde la Medicina Paliativa está más desarrollada.

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