CARLOS REYES
El Solís cerró mayo y abrió junio a sala llena, con dos espectáculos españoles que todavía están siendo muy comentados. José Sacristán se presentó el martes pasado con gran éxito, y al día siguiente la cantante Martirio dio un show memorable.
Pese a que nada tienen en común uno y otro espectáculo, ambos trajeron al mayor escenario del país dos miradas distintas sobre España, una apoyada en la palabra, la otra en el canto. Sacristán, acompañado por el pianista Facundo Ramírez, dio un espectáculo intencionalmente austero, recorriendo muchas de las obras maestras escritas por Antonio Machado.
El actor español salió a escena ataviado como uno de esos "hombres grises" que tan bien describe Machado en su obra. Con una gestualidad medida, sin grandes sobresaltos, fue recorriendo la obra (y en consecuencia la vida) del poeta español, trazando un itinerario que parte con la muerte del escritor, y retrocede cronológicamente hasta el "patio de Sevilla" y el "huerto claro donde madura un limonero".
En realidad el show empezó antes de alzarse el telón, cuando desde el palco donde estaba ubicado el novelista Tomás de Mattos -no faltaron personalidades de la cultura en esa velada literaria- alguien pidió un aplauso para el presidente Mujica, que ocupaba el palco oficial. En la tertulia alta (desde un lugar que la propia sala califica como de "visibilidad muy restringida") alguien comentó que estaba todo bien con el presidente, pero que no nos venda el Polonio. Y pasando del dicho a la acción, una persona corrió la cortina que lo separaba del palco oficial, y empezó a hablar con el primer mandatario. Luego de un rato de charla, y entre los comentarios de toda la gente, Sacristán empezó a recorrer la obra de Machado. Un público que parecía conquistado de antemano, acompañó con aplausos los emotivos versos del poeta, prodigando más de una ovación cerrada.
El show de Martirio tuvo, lógicamente, un público distinto, con más gente joven, y con más espectadores vestidos con "mayor producción". La cantante confesó a la platea sus nervios ante un auditorio nuevo, haciendo alusión a la proverbial calidez del público uruguayo. Luego ofreció un programa variado, en el que hizo tango, boleros, coplas y otros géneros, tamizados por la gracia y la fuerza de un flamenco que unas veces era más tradicional, y otras más actual e innovador.
La artista contó que en la España de la apertura política había en muchos ámbitos un prejuicio hacia la copla, que era asociada al régimen franquista, y cómo ella y otros de sus compañeros de ruta trabajaron para darle a ese género el lugar que merecía. Desde esa lúcida posición a la vez tradicional y contemporánea, interpretó clásicos que hicieron delirar al público, entre ellos La bien pagá, con la que llegó a uno de los puntos más altos del espectáculo.
Canaro, Gardel, Le Pera, Julio Sosa: los grandes nombres del tango cobraron nueva vida en la voz de la cantante, que les infundió una impronta diferente sin quitarles el encanto original.
Así como Sacristán salió a escena vestido de gabán y sombrero, Martirio lució dos espléndidos vestidos, el primero negro, como de gala, y el segundo netamente español, muy colorido. La artista, en un tono distendido pero con gran sentido del espectáculo, contó anécdotas de sus amistades, habló sobre la mujer y sus conquistas sociales, y reflexionó sobre algunas viejas canciones y el lugar de la mujer que ellas reflejaban.
Luego de despedirse del público, una larga ovación la trajo de nuevo a escena. Y con acierto, el primer bis fue una canción de Zitarrosa que impresionó enormemente y caló hondo. Otro momento intenso fue cuando había hecho Canción de las pequeñas cosas, en un estilo muy personal y sentido.
Así, con estas dos actuaciones, el Teatro Solís ofreció dos shows que seguramente quedarán para el recuerdo por mucho tiempo. Como manifestó Sacristán, él se siente muy castellano, y asume tener algo de esa Castilla campesina ("con lo bueno y lo malo", aclara), aspecto que también se refleja en la obra poética de Machado. Martirio, por su parte, trajo al público uruguayo lo mejor de la esencia andaluza, a través de un modo interpretativo que trazó un nexo con América Latina y su música popular. Y ambos espectáculos ofrecieron dos miradas complementarias sobre la España de ayer y de hoy.