ROMA | ANSA
Las miradas de la clase política italiana están concentradas en Milán, donde comenzó la votación para elegir alcalde de esa capital económica. Los comicios sirven para medir el impacto de la ruptura de Silvio Berlusconi con su exaliado Gianfranco Fini.
Las elecciones locales son de dos jornadas y ayer hubo una tasa de participación del 53% en Milán, poco más de 3 puntos menos que en las anteriores elecciones comparables y mucho menos de lo que los especialistas esperaban fueran a las urnas. Hoy éstas abren nuevamente, entre las 7 y las 13 locales. Se vota en esa ciudad, Turín, Bolonia y Nápoles.
Los líderes de los dos principales partidos de la mayoría oficialista -el primer ministro Silvio Berlusconi y el secretario de la Liga Norte, Umberto Bossi- expresaron optimismo en cuanto al resultado de los comicios, después de emitir su voto en Milán.
"No es pensable que una ciudad como Milán no sea gobernada por nosotros, es una ciudad que debe mirar hacia adelante, no hacia el pasado", dijo Berlusconi mientras conversaba con un grupo de alcaldes de centro-derecha después de sufragar. Milán es un bastión de la centro-derecha desde hace 15 años -cuando Berlusconi inauguró su carrera política- y su actual alcaldesa Letizia Moratti, que es una exempresaria, ministra de Educación y presidenta del ente radiotelevisivo RAI, es ahora candidata a la reelección.
Los sondeos dan a Moratti en ventaja sobre su competidor de centro-izquierda, el abogado Giuliano Pisapia, atribuyéndole entre el 44 y el 48% de las intenciones de voto contra el 40-42% para su rival. Pero el oficialismo apunta a arrancar una victoria en primera vuelta y ahorrarse el balotaje, así como la centro-izquierda se ha fijado como objetivo lograr por lo menos imponer el balotaje en esa ciudad.
En Turín la centro-derecha apunta a llegar a la segunda vuelta. La ciudad es un tradicional bastión "rojo". Allí el candidato del Partido Democrático (PD) es Piero Fassino, el más importante de los dirigentes poscomunistas piamonteses.
Las otras dos ciudades en las que se jugará el resultado político, Bolonia y Nápoles, tienen administraciones salientes de centro-izquierda que enfrentan problemas.
En Bolonia el gobierno fue disuelto luego de que el alcalde Flavio Delbono (PD) renunciara tras ser puesto bajo investigación por malversación de fondos. En Nápoles, ni el gobierno de centro-izquierda de la ciudad ni las autoridades regionales de centro-derecha ni el mismo Berlusconi, a pesar de sus promesas, resolvieron la emergencia de la basura o frenaron el avance de la mafia local.
Pero más allá de las situaciones locales, estas elecciones marcan una prueba de fuego a nivel nacional para el premier Berlusconi, luego de un año marcado por su ruptura con su exaliado, Gianfranco Fini, y su procesamiento por instigación a la prostitución de menores.
Del mismo modo, la oposición, y ante todo el PD, necesitan que las urnas le den alguna suerte de mensaje alentador, luego de que los sondeos mostraran que la pérdida de confianza en el Ejecutivo no conlleva necesariamente un aumento de votos para sus adversarios.
Berlusconi: "No es pensable que Milán no sea gobernada por nosotros".