DANIEL HERRERA LUSSICH
El gobierno enfrenta dos desafíos trascendentes, que hasta ahora no ha podido resolver y que representan la mayor preocupación para todos los uruguayos. Y en el día a día se exhibe la faceta más oscura, la del fracaso.
Vivimos en un país de una creciente y dramática inseguridad pública y sumergidos en un sistema de enseñanza en plena crisis.
Se sabe que esta última es una o la principal preocupación de Mujica. Nadie olvida que el 1º de marzo, al asumir la Presidencia, en su discurso, dijo que el primer objetivo del gobierno era la ¡Educación, Educación y Educación!, repitiendo la palabra tres veces con especial énfasis. En la actualidad se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que no se han podido resolver, ni paliar en algo, las graves dificultades que enfrentan el Ciclo Básico y la Universidad.
Se ha convertido en un hábito la falta de respeto del estudiantado a directores y docentes (en estos momentos hay paros de profesores clamando por seguridad externa e interna). A la vez, se constata la deserción y repetición del alumnado (los promedios rondan el 40%) y es un hecho corriente no concurrir a clase. Las ausencias no inciden, aun cuando superen sin límite las 20 faltas tradicionales y reglamentarias, sin perder el año curricular. Asombrosamente se dan numerosísimos casos de aprobación por el llamado pase social, el cual no contempla los conocimientos y los rendimientos, sino las exclusivas condiciones de precariedad del estudiante. Y surgen entonces situaciones de jóvenes, que en esas condiciones aprueban, por motivos ajenos al estudio, y pasan de Primaria a Secundaria y luego a Facultad. Y en esta etapa el resultado es catastrófico, el muchacho o la chica están preparados para "¡nada!" y abandonan sin saber qué rumbo tomar.
La deserción puede ocurrir antes, apenas inician el segundo ciclo, entonces terminan trabajando, sin preparación, en un mal empleo y con baja remuneración o pasan a la lamentable condición de calle.
La estructura de la enseñanza cruje por todos lados. Se ha respetado el organigrama del Consejo Directivo Central (Codicen, órgano rector de enseñanza Primaria y Media) y ANEP, pero la última ley, aprobada durante el período anterior, abrió las puertas al ingreso de delegados de las gremiales en el organismo rector y en los consejos. Y hoy todo se circunscribe a una lucha por parcelas de poder. No hay iniciativa o problema que no colisione con el voto sindical, colocándole el palo a las ruedas y trancando constantemente la marcha de toda la enseñanza. Y la politización se agiganta en las designaciones de los miembros directivos de los organismos y en su voluminoso séquito de secretarios particulares, con salarios que salen de las arcas públicas.
Todo se cumple por cuota contemplando cada fracción del partido gobernante. Basta leer la carta de renuncia a la Secretaría General Administrativa del Codicen (cargo de confianza), de la Dra. Graciela Bianchi, actualmente directora por concurso del Liceo Bauzá, una figura de peso y respetada como profesional y militante activa del Frente Amplio, de más de 30 años. En una de las frases de la nota, elevada por expediente a las autoridades, dice: "El criterio para designar personal de alta responsabilidad radica en el origen político sectorial del involucrado y su incondicionalidad hacia las autoridades de turno". Y agrega que para "acceder a los cargos técnicos se tiene que pertenecer a las agencias de colocaciones del Frente Amplio. Y hay sectores políticos que tienen más cargos que votos", recalca, denunciando la crítica realidad.
En la incuestionable evaluación de Pisa, programa internacional que se realizó entre 470.000 estudiantes de 65 países, Uruguay descendió del puesto 39 en el 2006 al 47 en el 2009, segundo en Latinoamérica, detrás de Chile, número 44.
La prueba se basó en Ciencia, Matemática y Lenguaje y estuvieron por encima de nosotros países asiáticos como China, Corea del Sur, Taiwán, entre otros. Argentina quedó entre los que más retrocedieron. Un experto en enseñanza e historiador recordaba la otra cara de la moneda, cuando llegaban en el siglo pasado los inmigrantes españoles e italianos y lo primero que admiraban era el grado de alfabetismo que encontraban en Buenos Aires y Montevideo, muy superior al de ellos. Hoy, esa comparación sería imposible. Solo un 37% de jóvenes, de ambos sexos, entre 20 y 29 años, concluye la enseñanza media.
Es mucha la gente y los sectores políticos que piden una reforma profunda de la enseñanza en el Uruguay. La oposición en pleno clama por los cambios. El miércoles pasado, el Dr. Daniel Corbo, integrante del Codicen y ex-diputado por el Partido Nacional, dio una conferencia en el Palacio Legislativo, bajo el sugestivo título: "Agotamiento de un modelo centenario y necesidad de una reforma urgente". En el gobierno se han repetido las voces del presidente Mujica y el vicepresidente Cr. Danilo Astori, con críticas severas a los actuales sistemas de enseñanza exigiendo cambios.
MODERNIDAD. No basta solo con palabras. Hay que introducir el bisturí a fondo en todo el proceso educativo uruguayo. En el gobierno se oyen voces que exigen reformas, blancos y colorados también en forma unánime urgen por un nuevo sistema. ¿Pueden sectores políticos del Frente Amplio y los delegados sindicales, que integran los organismos de la educación, trabar aún más la enseñanza, cuando el país vive condiciones económicas especialmente favorables, como nunca en la historia, pero con el gran debe por otro lado que nace de la impotencia para enfrentar la violencia y la inseguridad ciudadana?
¡No! Hay que tomar conciencia de que solo despolitizando la enseñanza, conjugando esfuerzos de todos los partidos y los sectores privados, se logrará modernizar la educación y elevarla a nivel mundial.
Debemos dejar de ser permisivos o mirar hacia otro lado ante el avance de los problemas y aplicar con autoridad los reglamentos de conducta. Y en especial enseñar y enseñar, tecnificar todas las etapas de la ecuación para volver a innovar como ocurrió en sus épocas con la reforma vareliana.
Otros países, con la misma superficie territorial que nosotros y similar número de habitantes, han alcanzado, en períodos entre 10 y 20 años, los primeros lugares en las evaluaciones a nivel mundial. Allí la política e ideologías quedan fuera de la educación.