FUKUSHIMA | AP Y AFP
Japón estudia todas las opciones para reducir las emisiones radiactivas y evacuar toneladas de agua contaminada de la central nuclear de Fukushima, tales como cubrir los reactores con una lona especial o utilizar los depósitos de un barco-cisterna.
El presidente honorario del grupo operador de la instalación, Tokyo Electric Power Co. (Tepco), Tsunehisa Katsumata, juzgó inevitable el desmantelamiento de los reactores 1 a 4 de la central de Fukushima Daiichi (Nº1), construida hace más de 40 años en la costa del Pacífico.
Por su parte, la Agencia de Seguridad Nuclear japonesa señaló que ha llegado el momento de buscar soluciones nuevas.
El diario Asahi Shimbun indicó que Tepco podría utilizar un barco-cisterna atracado frente a la central para evacuar el líquido altamente radiactivo, lo que permitiría que los obreros trabajasen nuevamente.
El medio mencionó también la posibilidad de cubrir los edificios dañados de tres de los seis reactores con una tela fabricada con un material especial que podría limitar las emisiones de vapores radiactivos.
Y el portavoz gubernamental Yukio Edano declaró que los expertos nucleares están examinando "todas las soluciones, incluyendo las que fueron mencionadas en la prensa".
Lo que desató la mayor alarma ante las autoridades fue el descubrimiento de plutonio en cinco muestras extraídas de la central, además de la acumulación de yodo radiactivo y de cesio en el agua de mar.
Es que los técnicos que llevan casi 20 días luchando contra las consecuencias de la falta de suministro eléctrico en la planta nuclear de Fukushima enfrentan un círculo vicioso: enfriar los reactores es crucial, pero cuanta más agua utilizan, más aumentan las capas radiactivas.
A causa de las miles de toneladas de agua que ya se volcaron sobre los reactores es que se filtró líquido contaminado en las salas de máquinas y en las galerías técnicas subterráneas de la planta llegando al Océano Pacífico, donde la tasa de yodo radiactivo supera en más de 3.300 veces lo permitido en el agua marina.
Además, la radiación filtrada se ha introducido en verduras, leche no pasteurizada e incluso en el agua corriente hasta en Tokio, 220 kilómetros al sur.
El gobierno japonés ordenó controlar todos los reactores nucleares del país para asegurarse de que no van a tener los mismos problemas que los de la central de Fukushima. Japón tiene más de 50 reactores, todos ubicados en las zonas costeras.
El operador de la instalación, Tepco, aceptó la ayuda del grupo nuclear francés Areva, cuya presidenta Anne Lauvergeon ya está en Tokio, para el tratamiento de las aguas contaminadas con radiación.
Por su parte, el Departamento estadounidense de Energía también puso a disposición de Japón unos robots que resisten a las radiaciones, capaces de reunir datos sobre los reactores en lugares donde la radiactividad es demasiado elevada como para que ingresen las personas.
A pesar del temor que obliga a la búsqueda de soluciones, el proceso que podría desembocar en un accidente mayor parece estar controlado. "Las informaciones de las cuales disponemos actualmente nos hacen pensar que la central registra un lento restablecimiento después del accidente", indicó Peter Lyons, de la Oficina de Energía Nuclear de EE.UU.
En tanto, el presidente de Tepco, Masataka Shimizu, de 66 años, fue hospitalizado con hipertensión arterial. El vacío de dirección en la firma, cuyas acciones ya cayeron casi 80%, hizo que el presidente del directorio, Tsunehisa Katsumata, anunciara que se haría cargo de la situación y ofreciera disculpas por el desastre.
Por otra parte, el emperador Akihito y la emperatriz Michiko visitaron ayer a un grupo de evacuados en Tokio, por el terremoto y el tsunami del 11 de marzo. El desastre dejó 11.000 muertos y 17.000 desaparecidos, según el último balance. Y hay 650.000 evacuados.
Vecinos a otra planta piensan en huir
ONAGAWA | A 120 kilómetros al norte de las instalaciones nucleares de Fukushima, la central atómica de Onagawa, también afectada por el sismo y el tsunami del 11 de marzo, preocupa a los vecinos, algunos de los cuales estudian la posibilidad de partir definitivamente de la zona.
La central dejó de funcionar después de la doble catástrofe, a la cual sobrevivió con daños limitados y con un comienzo de incendio que rápidamente fue extinguido.
La empresa que la explota sostiene que sus tres reactores no representan peligros. La temperatura del combustible está "bajo control", afirma, y el nivel de las radiaciones es "relativamente bajo".
Sin embargo, estas declaraciones no bastan para calmar a los habitantes, que temen "otro Fukushima". La preocupación de los vecinos se debe también a la falta de vigilancia independiente de la tasa de radiactividad en el ambiente.
Las autoridades locales disponían de siete instrumentos de medición: cuatro sufrieron averías debido al maremoto y los tres restantes están perturbados debido a los reiterados cortes de energía eléctrica que hubo desde entonces.
Los responsables municipales de Onagawa pidieron a la central que refuerce sus diques antimaremoto y que exprese la mayor transparencia en sus comunicaciones.
"Por el momento concentramos nuestros esfuerzos en la búsqueda de las personas desaparecidas y en el apoyo a los supervivientes", explicó Toshiaki Yaniguma, portavoz de la ciudad. "Cuando hayamos terminado con esa labor hablaremos sobre las medidas de seguridad", añadió. AFP
La cifra
3.300 Es la cantidad de veces que la tasa de yodo radiactivo hallado en el mar cerca de la central supera lo permitido en aguas marinas.
Juegos y teléfonos más caros
Los expertos coinciden en que los teléfonos inteligentes, las tabletas, las filmadoras o los videojuegos -todos muy dependientes de la producción japonesa- subirán de precio o se venderán con retraso a causa del terremoto y tsunami. El 30% de los videojuegos, el 40% de las videocámaras y cámaras fotográficas y el 15% de los televisores vendidos en el mundo se fabrican en Japón. De las 140 usinas de chips electrónicos que hay en el país, entre 40 y 50 frenaron su producción, por ejemplo. Esto impacta en los teléfonos inteligentes, las tabletas y los decodificadores para la televisión, que requieren de estos componentes. En un mes, "habrá rupturas de abastecimiento en el conjunto de las cadenas de producción, con aumentos en los precios de los semiconductores y los chips, lo que forzosamente encarecerá los precios de los productos finales para los consumidores", estimó el analista Jean-Philippe Dauvin. (AFP)