SANÁ | Tanques del ejército rodearon el palacio presidencial de la capital de Yemen ayer, donde un general, oficiales y el gobernador de Adén, la segunda ciudad del país, se unieron a la revuelta contra el régimen del presidente Alí Abdalá Saleh, que a pesar de perder apoyo se sigue aferrando al poder.
Los tanques tomaron posiciones en lugares estratégicos de la capital, incluidos el palacio presidencial, el banco central y el ministerio de Defensa, pero se ignoraba a quién obedecían estas fuerzas militares.
Al mismo tiempo, una muchedumbre fue al centro de la capital, desafiando la prohibición de manifestarse, para exigir la salida del presidente.
"Resisto", dijo Saleh, citado por el canal Al Arabiya, y afirmó que "la mayoría" del pueblo lo apoya. Agregó que "aquellos que auspician el caos, la violencia, el odio, el sabotaje, son sólo una ínfima minoría".
La ola de renuncias fue imparable ayer: uno de los principales oficiales de las Fuerzas Armadas, el general Alí Mohsen al Ahmar, indicó que se unía a las protestas. Decenas de oficiales del Ejército también se unieron a quienes se manifiestan contra el régimen.
Ahmad Qaatabi, el gobernador de Adén, la segunda ciudad del país, también presentó su renuncia; y el jefe tribal más importante de Yemen, jeque Sadek al Ahmar, pidió la renuncia del presidente.
Por su parte, cinco embajadores de ese país en Europa pidieron la caída de Saleh, y al menos 20 embajadores, entre los que están aquellos que representan al país ante Líbano, Siria, Arabia Saudita y Japón, ya renunciaron o dijeron apoyar la protesta. Lo mismo hicieron el embajador ante la Liga Árabe y el representante diplomático en Egipto. AFP Y ANSA