Prohibición

Las redes sociales están de moda. Tan de moda que los políticos las usan para dar cuenta de sus pasos y emitir de continuo sus opiniones, lo que puede llegar hasta el exceso. Un caso notorio lo conforman los presidentes de la región como Cristina Kirchner y Dilma Rousseff que "cuelgan" sus discursos o formulan anuncios sobre medidas de gobierno, lo que motiva comentarios adversos dada la informalidad del medio empleado.

A diferencia de sus colegas de Argentina y Brasil no lo hace así José Mujica, quien prefiere apelar a medios de comunicación convencionales, en particular la radio.

El tema en cuestión es que el presidente uruguayo no sólo rehúye el uso personal de las modernas redes sociales sino que acaba de prohibirlas a los funcionarios de la Presidencia en su horario laboral para evitar que se distraigan.

La veda alcanza no sólo a las redes sociales sino también al servicio de "chat" de Hotmail, Messenger y Skype.

Se argumenta que es común que los funcionarios usen sus ordenadores para acceder a esas redes sociales o navegar por internet en detrimento del cumplimiento puntual de sus obligaciones. El fundamento puede ser correcto aunque cabe preguntarse si el gobierno seguirá esta política prohibicionista con todos los elementos que puedan distraer la atención de su personal.

El buen administrador antes que dedicarse a prohibir conductas debe recurrir a métodos tales como la asignación de responsabilidades, control de los resultados y un régimen de disciplina compartido por todos.

Una política general de esta naturaleza parece más lógica que andar prohibiendo una por una todas las conductas capaces de distraer a los funcionarios públicos.

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